Nimrod 86 y Nimrod 87 representan la continuidad posterior al fracaso de Nimrod 85. Son clones o sucesores administrados por el Hegemón para conservar la apariencia de una dinastía ininterrumpida.
Su existencia confirma que la institución puede reemplazar la carne imperial. Cada nueva copia conserva el nombre, los rituales y parte de la herencia genética, pero la serie establece una decadencia progresiva. El fulgor, la presciencia y la autoridad real se convierten cada vez más en representación sostenida por la Guardia Negra, el Consejo y la Iglesia.
La aparición de Acad amenaza precisamente ese sistema. Un descendiente no clónico, nacido del cruce entre la sangre de Salomé y la semilla de Nimrod 85, puede reclamar una legitimidad biológica que las copias ya solo imitan. Nimrod 86 y 87 deben entenderse como parte de la crisis futura, no como repeticiones idénticas de Nimrod 84.
Apariciones y relaciones canónicas
Apariciones principales: Trasfondo establecido en los seis primeros libros y continuidad futura de la serie.
Relaciones conocidas: Wotan, el Consejo de los Doce, la Iglesia de Nimrod, Acad y la dinastía clónica.
Contexto canónico de Nimrod 86 y Nimrod 87
¿Qué podía ofrecer un vestigio humano, erosionado por el tiempo, a una entidad genética santificada, pura y presciente como lo era Nimrod 84, último eslabón consciente de una larga saga de emperadores genéticos?
El propio Nimrod 84 me había elegido por una razón que entonces empezaba a intuir: yo procedía de un mundo y de un tiempo separados, no contaminados por lecturas nacionalistas, dogmáticas o partidistas del pasado. Con el tiempo, se esperaba de mí que compilara, unificara y fijara un canon único, no solo de su historia, sino del océano inabarcable de relatos que sostenían ideológicamente al Neoimperio.
El silencio que siguió al relato del nacimiento del Primer Nimrod no fue incómodo. Fue pesado. Denso. Como si la propia astronave escuchara y aguardara. Caminamos durante un tiempo que no supe medir, atravesando pasillos cada vez más estrechos, más antiguos, donde el exometal parecía haber sido trabajado a mano, con una intención casi devocional.
Comprendí entonces por qué Nimrod 84 no era presentado como el inicio de nada. Era un eslabón. Poderoso, sí. Central, sin duda. Pero no el origen.
