Hay historias que explican cómo empezó una guerra.
La Guerra de los Mil Tronos comienza cuando casi todo lo que podía ser explicado ya ha ocurrido.
Imperios han nacido y desaparecido.
Civilizaciones enteras han sido borradas.
Religiones que una vez fueron herejías se han convertido en dogmas.
Personas de carne y hueso son ahora santos, demonios, profetas o nombres deformados por miles de años de tradición.
Antiguas tecnologías son reliquias.
Viejos enemigos son mitología.
Y las consecuencias de decisiones tomadas en otras épocas continúan matando a hombres y mujeres cuyos antepasados todavía no habían nacido cuando aquellas decisiones fueron tomadas.
Esta es la octava y última gran serie del Continuus Nexus, concebida por Tolmarher como el ciclo final del universo literario y también como el más extenso de todos.
Pero La Guerra de los Mil Tronos no está terminada.
La serie continúa escribiéndose y ampliándose, mientras nuevas entregas siguen apareciendo periódicamente en Thydom.
No estamos, por tanto, ante una saga cerrada cuyo desenlace pueda contemplarse desde fuera.
Estamos dentro de una guerra que todavía se está escribiendo.
El lugar donde convergen todas las historias del Continuus Nexus
Las siete series anteriores construyen los cimientos.
Crónicas de Aqueron.
Mesías Rojo.
Leyendas del Sol Negro.
La Pureza.
Khaos y Oscuridad.
La Senda de las Estrellas.
Llama y Ceniza.
Cada una desarrolla civilizaciones, personajes, linajes genéticos, religiones, tecnologías, entidades, guerras y líneas espacio-temporales diferentes.
La Guerra de los Mil Tronos parte de todo ese conocimiento como algo ya asumido.
No se detiene constantemente para volver a explicar qué es el Exo.
No necesita descubrir desde cero al Khabal.
No presenta la Conjunción Infernal como si el lector nunca hubiera oído hablar de ella.
No reconstruye lentamente la historia de los Kheb, la Estirpe, los Kurgán, los Neomenoch, los Arcontes, los Exomantes, los Igigi, los Simonitas, los Inquisidores o las Hermanas del Camino.
Todo eso ya ocurrió.
Todo eso tiene historia.
Todo eso tiene muertos.
Y ahora tiene consecuencias.
Ahí reside una parte fundamental de la personalidad de esta serie.
El pasado ya no aparece como pasado.
Aparece convertido en religión, propaganda, genética, superstición, doctrina militar, arqueología, memoria prohibida o mentira institucional.
Miles de años después
La acción principal se desarrolla en el remotísimo Eternum, más de once mil años después de la Conjunción Infernal.
La Conjunción fue el cataclismo que hizo colisionar y superponerse múltiples realidades y líneas espacio-temporales, creando una macrogalaxia donde quedaron atrapadas civilizaciones procedentes de historias diferentes, versiones incompatibles de la humanidad y consecuencias de universos que nunca deberían haber coexistido. Serie8_001_La Guerra de los Mil…
Eso permite comprender una de las claves fundamentales de La Guerra de los Mil Tronos:
el Continuus Nexus ya no posee un único pasado.
Posee muchos.
Existen linajes que proceden de mundos desaparecidos.
Religiones que recuerdan acontecimientos ocurridos en otra realidad.
Civilizaciones que conservan versiones distintas del mismo mito.
Personajes cuyo nombre reaparece después de milenios convertido en título, profecía, pecado o símbolo.
Pueblos que descienden de supervivientes de acontecimientos narrados en otras series.
Y entidades cuya existencia atraviesa el tiempo de una manera que ningún ser humano podría comprender.
La Conjunción Infernal no borró todas aquellas historias.
Las arrojó unas contra otras.
El Eternum es el resultado.
Aquí los conceptos ya no se explican: se viven
Esta diferencia respecto a las series anteriores es deliberada.
En La Senda de las Estrellas, por ejemplo, el lector podía asistir al descubrimiento del Explorador Oscuro, comprender progresivamente qué era un exomante o seguir la formación de conceptos que después serían fundamentales.
En Llama y Ceniza podía conocer a Clea antes de convertirse en la Segunda Madre.
En Mesías Rojo podía contemplar el origen de conceptos que milenios más tarde sobrevivirían deformados.
En La Pureza y Khaos y Oscuridad podía presenciar transformaciones religiosas, genéticas y políticas cuyas consecuencias acabarían atravesando eras enteras.
En La Guerra de los Mil Tronos todo aquello ya forma parte del mundo.
Un Kurgán no necesita explicar por qué existe.
Un sacerdote no ofrece una clase sobre el origen de Nimrod antes de rezar.
Una Hermana Oscura no detiene la narración para justificar miles de años de historia.
Un Navegante no explica la Red de Anomalías antes de ser encerrado en un sarcófago para atravesarla.
Los personajes viven dentro de un universo viejo.
Muy viejo.
El Eternum lleva tanto tiempo acumulando historia que buena parte de ella se ha convertido en sedimento.
El lector que conoce las series anteriores ve debajo de ese sedimento.
Y reconoce cadáveres.
Cuando todos los mitos fueron alguna vez personas
Esta es quizá una de las ideas más importantes de la serie.
Para los habitantes del duodécimo milenio, Clea ya no es solamente Clea.
Es la Segunda Madre.
Santa Clea.
Una figura religiosa vinculada a la navegación por la Red de Anomalías.
Django ya pertenece a la leyenda de los primeros grandes jinetes de dragones.
Astarté pertenece a una edad mítica en la que los dragones eran monstruos ciclópeos capaces de transportar comunidades sobre sus lomos.
Esquilo de Nod es parte de la genealogía sagrada del primer Nimrod.
Mayra es la Primera Madre.
Dave de Orión pertenece a una antigüedad casi teológica.
El Mesías Rojo ha dejado de ser únicamente una persona para convertirse en arquetipo.
Las guerras de los Kheb y la Estirpe han sobrevivido dentro de nuevas estructuras políticas y genéticas.
Y los antiguos conflictos entre Exo y Khabal ya no pertenecen a una saga concreta.
Son la guerra metafísica sobre la que descansa la realidad.
El primer volumen lo deja claro mediante Jared: para comprender la Guerra de los Mil Tronos no basta con conocer sus batallas; es necesario descender hasta la concepción del propio linaje de Nimrod y hasta acontecimientos separados por milenios de aquello que el cronista está intentando narrar. Serie8_001_La Guerra de los Mil…
¿Qué son los Mil Tronos?
El nombre tampoco es una metáfora vacía.
Los Mil Tronos son la forma en que el Hegemón contempla la fragmentación humana.
Mundos.
Colonias.
Reinos.
Repúblicas.
Sindicatos.
Sultanatos.
Territorios piratas.
Sectas convertidas en Estados.
Pueblos tribales.
Civilizaciones aisladas.
Comunidades descendientes de líneas espacio-temporales distintas.
Allí donde existe humanidad independiente, el Neoimperio ve un trono que todavía no ha reconocido la autoridad del Emperador-Profeta.
El Hegemón reclama soberanía sobre todos ellos.
No porque hayan aceptado formar parte de su Imperio.
Sino porque considera que la propia fragmentación de la humanidad es una herejía.
El primer libro define precisamente los Mil Tronos como los diferentes enclaves, naciones y colonias humanas cuya existencia independiente es reclamada por el Hegemón dentro de su proyecto de unificación. Serie8_001_La Guerra de los Mil…
Por eso la Guerra de los Mil Tronos no es una única batalla.
Ni siquiera una única guerra.
Es una época histórica.
Una cruzada interminable por decidir quién tiene derecho a gobernar a las muchas humanidades del Eternum.
El Neoimperio de Nimrod
En el centro de ese conflicto se encuentra el Neoimperio.
Una civilización gigantesca.
Religiosa.
Militarizada.
Genética.
Teocrática.
Brutalmente eficaz.
El Hegemón no promete libertad.
Promete continuidad.
Frente a un Eternum devorado por el Khabal, las guerras, la corrupción y la fragmentación, el Neoimperio ofrece una respuesta simple y terrible:
orden.
Incluso cuando ese orden exige exterminios.
Incluso cuando exige alterar cuerpos.
Incluso cuando exige convertir hombres en instrumentos.
Incluso cuando exige sacrificar individuos para garantizar la supervivencia de la especie.
En su cúspide se encuentra el Emperador-Profeta Nimrod, heredero de una estirpe genética cuyo origen remoto conduce hasta las Tres Semillas y el niño nacido de Mayra.
Por debajo se extienden el Consejo de los Doce, la Iglesia de Nimrod, los Vhaxar, las Diez Mil Legiones, los Neffut-Kurgán, la Cofradía de Inquisidores, las Hermanas del Camino, los cronistas imperiales y una burocracia capaz de convertir la conquista de mundos en liturgia administrativa.
Y detrás de buena parte de esa maquinaria permanece una figura mucho más antigua:
Wotan Daneron.
Wotan Daneron y la verdad detrás del trono
Wotan constituye una de las grandes sombras de la serie.
Su poder no depende de una corona.
Ni de una elección.
Ni siquiera de la Iglesia.
Está vinculado a la continuidad.
A la Guardia Negra.
A secretos tan antiguos que el propio Neoimperio ha construido religiones encima de ellos.
La serie desarrolla progresivamente una de sus ideas más perversas: el Emperador-Profeta puede ocupar el centro visible de la civilización y, sin embargo, existir estructuras más antiguas cuyo propósito no consiste en proteger al emperador concreto.
Consiste en proteger lo que Nimrod representa.
La Caza lleva esa idea hasta una de sus consecuencias más brutales cuando Nimrod 85 regresa de Mundo Ceniza después del encuentro con Salomé y descubre que ser Emperador-Profeta no significa necesariamente ser indispensable. Serie8_005_La Caza
La frase fundamental podría reducirse a una distinción aterradora:
el emperador es carne.
El Hegemón es continuidad.
Una serie donde la cronología también conspira
La Guerra de los Mil Tronos tampoco se desarrolla como una línea recta.
Los libros avanzan.
Después retroceden.
Después revelan las causas de acontecimientos que el lector ya conocía por sus consecuencias.
El primer volumen sitúa a Jared en torno a los años 11.711-11.713 tras la Conjunción Infernal.
El Cronista alcanza 11.726.
El Tercer Sacrificio y Arconte conducen la narración hasta 11.745.
Y entonces La Caza retrocede más de un siglo, hasta 11.623.
Desde allí comienza otra cadena narrativa:
Salomé.
Nimrod 85.
La Guardia Negra.
La persecución.
El nacimiento de Acad.
Los caminos del Seol.
Hinom.
Tanit.
El fulgor morado.
La Guerra de los Pozos.
De ese modo, la serie puede mostrar primero un Imperio aparentemente consolidado y después regresar al pasado para enseñar las grietas que ya estaban creciendo debajo de sus cimientos.
No es un error cronológico.
Es parte de su arquitectura.
Jared: escribir una guerra que todavía no comprende
El primer libro introduce esta inmensidad a través de Jared, el crosariano.
Un hombre procedente de una realidad antiquísima.
Anterior a la Conjunción.
Rescatado de una barcaza colonial después de un viaje temporal que lo convierte prácticamente en un fósil humano.
Jared despierta en un mundo que ya no reconoce.
Encuentra Kurgán.
Dragones de batalla.
Naves de arquitectura gótica.
Religiones nacidas miles de años después de su época.
Tecnologías que parecen magia.
Y un Emperador-Profeta que ha ordenado encontrarlo.
Nimrod 84 lo convierte finalmente en cronista.
No en un cronista cualquiera.
En uno de los hombres destinados a fijar la memoria de la Guerra de los Mil Tronos.
Jared debe decidir qué hechos sobreviven convertidos en Historia.
Y aprende rápidamente que, dentro del Neoimperio, escribir la verdad puede ser mucho más peligroso que participar en una batalla.
La Orden de Escribas no conserva solamente memoria.
También decide qué memoria puede permitirse conservar el Imperio. Serie8_001_La Guerra de los Mil…
Hastapor: la guerra como presentación del Neoimperio
La Batalla de las Tres Perlas sirve para mostrar qué significa realmente la expansión imperial.
Hastapor no es un enemigo cósmico.
No es el corazón del Khabal.
Es un conjunto de mundos humanos convertidos en territorios piratas.
Precisamente por eso funciona.
Porque permite observar al Neoimperio enfrentándose a humanos.
Bloqueo.
Invasión.
Legiones.
Dragones.
Mecanizados.
Desembarcos.
Aniquilación.
Conversión.
Recolonización.
Purga.
Dos años después de la conquista, Jared contempla un Hastapor reconstruido bajo nuevas reglas, mientras las lunas devastadas permanecen ardiendo como advertencia permanente para quienes contemplen la posibilidad de desafiar al Hegemón. Serie8_001_La Guerra de los Mil…
No es únicamente guerra.
Es pedagogía imperial mediante destrucción.
El Cronista: cuando la historia deja de ser segura
El segundo libro cambia de escala.
Gurney de Japeto tiene veinticinco años.
Procede de un mundo agrícola humilde.
Ha ascendido gracias a sus capacidades dentro de la Orden de Escribas y Cronistas.
Todavía cree, en cierta medida, que su trabajo consiste en observar, registrar y regresar.
El Eternum pronto corrige ese error.
Su viaje comienza desde Nod y lo conduce hasta Hiperión, pasando antes por una travesía a bordo de una astronave de las Hermanas Oscuras.
Allí aparece Calypso.
Y con ella una relación donde la sexualidad, la sangre, el dominio y la transformación espiritual dejan de poder separarse con claridad.
Gurney parte como un joven cronista ingenuo.
El hombre que continúa la historia ya no lo es. Serie8_002_El Cronista Serie8_002_El Cronista
Ese viaje lo arrastra hacia ruinas, herejías, viejas semillas genéticas, Colectivistas, Andalore, Inquisidores y, finalmente, hacia fuerzas Exoditas cuya escala convierte las disputas humanas en algo casi insignificante.
Lo que comienza como una misión arqueológica termina situándolo ante la posibilidad de que nazca otro Mesías Genético y de que una nueva guerra santa incendie regiones enteras del Eternum. Serie8_002_El Cronista(3)
Décadas después, otros personajes ya pronunciarán su nombre de otra manera:
San Gurney de Japeto.
El Tercer Sacrificio: la guerra que no pueden librar las Legiones
Con El Tercer Sacrificio cambia otra vez el tablero.
Año 11.745.
Dante.
Carmen.
Teseo.
Ragnar.
El Aqueronte.
Naraka.
Dante fue cronista.
Sobrevivió a la Luna de Sangre.
Escuchó al Khabal.
Descubrió una afinidad exomántica latente.
Y regresó convertido en algo diferente.
Ya no es el hombre enviado para escribir lo que ocurre.
Es el Maestro Exorcista, encargado precisamente de aquellas amenazas para las que una flota y diez mil soldados pueden resultar inútiles. Serie8_003_El Tercer Sacrificio…
Su equipo reúne personajes que jamás habrían debido trabajar juntos.
Una Hermana del Camino.
Un joven cronista exomante.
Un Maestro Inquisidor.
Un exorcista que conoce demasiado.
Y alrededor de ellos comienza una misión en la que doctrina, posesión, carne, sexo ritual, secretos genéticos, exomancia y guerra contra el Khabal se mezclan hasta hacer imposible distinguir dónde termina una operación imperial y dónde comienza otra cosa.
El propio título anuncia el precio.
Porque en esta serie todo poder exige un sacrificio.
Y a veces el sacrificio funciona.
A veces no.
Carmen-Abaddón y el nacimiento de algo que no debería existir
Arconte empieza después de Naraka.
Y no concede descanso.
El Aqueronte huye gravemente dañado.
Teseo ya no puede entenderse simplemente como el muchacho que fue.
Carmen tampoco puede entenderse solo como Carmen.
Abaddón está dentro.
Rya permanece junto a ella.
Y la nave comienza a comportarse como algo que ya no responde a las categorías ordinarias de máquina, hogar o vehículo.
El resultado es una de las ramas más oscuras de la serie.
Porque Arconte ya no pregunta únicamente quién gobierna una astronave.
Pregunta qué ocurre cuando una nave adquiere voluntad, un navegante se convierte en su conciencia, una mujer comparte la carne con un Arconte y los supervivientes empiezan a organizarse alrededor de ellos.
No nace todavía un gran imperio.
Nace algo mucho más peligroso:
la posibilidad de uno.
El comienzo de Arconte muestra ya la nueva naturaleza del Aqueronte: una nave herida cuyos corredores cambian, cuyo navegante decide sobre la vida de quienes contiene y donde Carmen-Abaddón empieza a transformar supervivencia, miedo y obediencia en estructura política. Serie8_004_Arconte
La Caza: antes de todo eso hubo una mujer huyendo
Entonces la serie hace algo extraordinario.
Retrocede más de un siglo.
El año es 11.623.
Nimrod 85 regresa a Nod.
Salomé ha hecho algo inconcebible.
Ha tomado su semilla genética.
Y puede estar embarazada.
Lo que podría parecer un acontecimiento íntimo se convierte inmediatamente en una crisis de Estado.
Porque Nimrod no es simplemente un hombre.
Su sangre es legitimidad.
Doctrina.
Continuidad.
Religión.
Y Salomé pertenece a una línea genética que el Hegemón no controla completamente.
Wotan comprende el peligro antes que casi nadie.
No lanza ejércitos.
No proclama una cruzada.
Abre las rutas sucias.
Mercenarios.
Traficantes.
Asesinos.
Intermediarios.
Martel.
Neomenoch.
Agentes que no saben para quién trabajan.
Comienza La Caza.
Y en medio de ella nace un niño.
No en un palacio.
No ante sacerdotes.
No bajo las bóvedas de Nod.
En una miserable luna minera.
Su nombre será Acad.
El propio libro insiste en esa verdad fundacional: Acad no nace sobre un trono, sino durante una fuga. Serie8_005_La Caza(2)
Acad: una consecuencia que nadie había previsto
Acad no es otro Nimrod.
Y esa diferencia terminará siendo decisiva.
Es hijo de la unión entre la sangre de Salomé y la semilla de Nimrod 85.
En su genealogía vuelven a encontrarse caminos separados durante eras.
Clea.
Django.
Sael.
Esquilo.
Nimrod.
Mundo Ceniza.
Nod.
Y otras herencias que el Neoimperio había convertido en religión o archivado como pasado.
Pero Acad no llega para restaurar sencillamente aquello que existió.
En La Guerra de los Pozos, el metal Exo responde ante él con un color nuevo.
Morado.
No verde.
No azul.
No rojo.
No blanco.
Morado.
Los textos dejan claro que Clea y Django no eran sensibles al metal Exo, pero su línea genética sobrevivió hasta Salomé; al unirse con la de Nimrod 85, la respuesta no restaura simplemente un linaje anterior, sino que produce algo nuevo. Serie8_007_La Guerra de los Poz…
Por eso Acad resulta tan peligroso.
No porque sea una copia mejor.
Precisamente porque no es una copia.
Hinom: el desierto donde empieza a crecer una alternativa
Salomé lleva a Acad hasta Hinom.
Un mundo marginal del Seol.
Terraformado a medias.
Sediento.
Brutal.
Tribal.
Pobre.
Prácticamente irrelevante para los grandes mapas imperiales.
O eso parece.
Acad llega con siete años.
No es recibido como príncipe.
Ni como Mesías.
Ni como heredero.
Intentan comprarlo.
Probarlo.
Golpearlo.
Matarlo.
Hinom no reconoce títulos que no puedan beber polvo.
Allí Acad aprende algo que ninguna cámara de Nod habría podido enseñarle:
la autoridad no se hereda únicamente mediante sangre.
Debe sobrevivir.
Debe convencer.
Debe sangrar.
Debe conseguir que otros decidan seguirlo.
Salomé comprende precisamente por eso que un mundo destruido y fragmentado puede ofrecer aquello que un mundo rico jamás permitiría:
espacio para construir algo nuevo.
Hinom desarrolla el crecimiento del niño entre 11.632 y los años siguientes, mientras las tribus, los pozos, las religiones Neomenoch y el vínculo con Tanit comienzan a formar el territorio humano, político y espiritual del que surgirá algo mucho mayor. Serie8_006_Hinom
Tanit de la lanza negra
Tanit no aparece para convertirse en adorno de Acad.
Ni en recompensa.
Ni en sacerdotisa dócil de una nueva fe.
Es adversaria.
Guerrera.
Testigo.
Contrapeso.
Sus ojos azul estelar y su lanza negra terminarán unidos a una relación que nace desde la rivalidad y la violencia tribal.
Acad está rodeado de personas que quieren convertirlo en algo.
Salomé quiere darle significado.
Las sacerdotisas quieren interpretar su sangre.
Los enemigos quieren probarla.
Los políticos futuros querrán utilizarla.
Tanit representa una de las pocas relaciones donde puede seguir siendo, al menos durante algunos momentos, simplemente Acad.
No Virya.
No heredero.
No señal.
No Mesías.
No enemigo del Hegemón.
Un muchacho.
Y precisamente por eso su vínculo resulta tan peligroso como cualquier profecía.
La Guerra de los Pozos: cuando el mito empieza a convertirse en política
El séptimo libro conduce esa evolución a una nueva fase.
11.640.
11.641.
11.643.
Acad ya no es el niño que llegó a Hinom.
Bajo las arenas aparece un santuario de metal Exo.
El metal responde.
Surge el fulgor morado.
Nacen nuevas interpretaciones religiosas.
Las tribus comienzan a preguntarse qué significa realmente el hijo de Salomé.
Y finalmente estalla la Guerra de los Pozos.
Una guerra nacida alrededor del recurso más elemental:
agua.
Pozos.
Rutas.
Territorio.
Pero detrás de aquellas disputas tribales empieza a crecer algo mucho mayor.
La última página publicada hasta ahora fija precisamente el cambio: la Guerra de los Pozos termina con cientos de muertos, pero será recordada porque allí Acad deja de ser la presa que Salomé llevó hasta el desierto y comienza a convertirse en el hombre alrededor del cual Hinom tendrá que decidir sus guerras futuras. Serie8_007_La Guerra de los Poz…
Y ahí, por ahora, sigue abierta la historia.
El Continuus Nexus más oscuro
Esta serie lleva también el tono general del Continuus Nexus hasta su extremo.
No porque las anteriores fueran luminosas.
Nunca lo fueron.
Pero La Guerra de los Mil Tronos pertenece a un universo que ya ha perdido buena parte de sus ilusiones.
La violencia es física.
Política.
Religiosa.
Sexual.
Genética.
Psicológica.
La carne tiene significado.
La sangre tiene significado.
El deseo tiene significado.
La reproducción puede convertirse en un arma política.
El sexo puede ser vínculo, manipulación, sometimiento, ritual, placer, poder o vulnerabilidad.
La mutilación no desaparece detrás de una elipsis cuando resulta necesaria para comprender lo ocurrido.
La guerra deja cadáveres.
La posesión destruye identidades.
Los monstruos comen.
Las máquinas utilizan cuerpos.
Los imperios sacrifican individuos.
Y los dioses —cuando existen— rara vez parecen interesados en comportarse como tales.
No se trata solamente de añadir gore o erotismo.
Se trata de un mundo adulto en el que el cuerpo es otro campo de batalla.
Grimdark sin refugios seguros
En muchas historias épicas, el lector acaba descubriendo quién está protegido por la narración.
Aquí esa seguridad desaparece.
Un protagonista puede morir.
Un emperador puede morir.
Un santo puede ser construido después de que un hombre corriente haya sido destruido.
Una persona puede sobrevivir y perder algo peor que la vida.
Una victoria puede provocar una guerra posterior.
Una derrota puede sembrar un imperio.
Una decisión correcta puede matar a miles.
Una decisión monstruosa puede salvar un mundo.
Y alguien que parecía destinado a convertirse en héroe puede acabar convertido en religión, en arma, en monstruo o en simple nota al pie de una crónica escrita siglos después.
Nadie posee inmunidad narrativa.
Eso transforma la lectura.
Cada personaje importa precisamente porque puede perderlo todo.
No existen héroes limpios
Tampoco existe una división infantil entre buenos y malos.
El Khabal representa una amenaza real.
Su corrupción es real.
Sus Arcontes existen.
Sus mundos trampa existen.
La Peste existe.
Las posesiones existen.
Pero que el enemigo sea monstruoso no convierte automáticamente al Neoimperio en virtuoso.
El Hegemón puede enfrentarse a horrores auténticos y, simultáneamente, exterminar poblaciones.
Puede proteger a la humanidad y destruir seres humanos.
Puede considerar necesaria una atrocidad y tener razones para hacerlo.
Ese es uno de los ejes morales más poderosos de La Guerra de los Mil Tronos.
La pregunta no es simplemente:
¿quién tiene razón?
La pregunta es mucho peor:
¿cuánto horror puede justificar la supervivencia?
Todas las series regresan transformadas
El lector de todo el Continuus Nexus encontrará continuamente ecos reconocibles.
Aqueron.
Los Neomenoch.
El Mesías Rojo.
Los Kheb.
La Estirpe.
La Pureza.
Los Inquisidores.
Las Hermanas del Camino.
Las Hermanas Oscuras.
Los Kurgán.
Los Exoditas.
Dave de Orión.
Revar.
La Conjunción Infernal.
Esquilo.
Mayra.
El Explorador Oscuro.
Clea.
Django.
Astarté.
Temis.
Mefisto.
Abaddón.
Pero ya no ocupan el mismo lugar que cuando aparecieron por primera vez.
El tiempo los ha triturado.
La religión los ha reinterpretado.
Los imperios los han utilizado.
Los cronistas los han corregido.
Las guerras han cambiado su significado.
Y la Conjunción ha permitido que realidades y versiones incompatibles compartan un mismo escenario.
Todo vuelve.
Pero nada vuelve intacto.
Los libros publicados hasta ahora
La serie continúa creciendo, pero su primera gran arquitectura ya puede verse a través de las entregas publicadas:
1. La Guerra de los Mil Tronos
Jared, el crosariano, despierta en el lejano Neoimperio de Nimrod 84 y descubre una civilización nacida sobre los restos de innumerables historias anteriores. La campaña de Hastapor y la Batalla de las Tres Perlas presentan la escala militar, religiosa y política del Hegemón. Serie8_001_La Guerra de los Mil…
2. El Cronista
Gurney de Japeto abandona Nod como joven cronista y atraviesa un viaje que destruye progresivamente su ingenuidad. Hermanas Oscuras, Calypso, Hiperión, antiguas herejías, Colectivistas, Inquisidores y Exoditas terminan situándolo ante una crisis capaz de provocar una nueva guerra santa. Serie8_002_El Cronista
3. El Tercer Sacrificio
Dante reúne a Carmen, Teseo y Ragnar para investigar una amenaza que no puede abordarse mediante la fuerza convencional. Naraka, el Aqueronte, el Khabal y un ritual que pretende utilizar el sacrificio como arma alteran el destino de todos ellos. Serie8_003_El Tercer Sacrificio
4. Arconte
Las consecuencias de Naraka ya no pueden contenerse. Carmen-Abaddón, Rya, Teseo y el Aqueronte comienzan una huida en la que una tripulación destruida puede terminar convirtiéndose en el germen de algo mucho más peligroso. Serie8_004_Arconte
5. La Caza
La narración retrocede hasta Nimrod 85 y Salomé. Una semilla genética robada al Hegemón desencadena una persecución clandestina que atraviesa Mundo Ceniza, estaciones fronterizas, una luna minera y las rutas del Seol. En medio de aquella fuga nace Acad. Serie8_005_La Caza
6. Hinom
Salomé y Acad alcanzan el brutal mundo de Hinom. El niño crece entre tribus Neomenoch, guerras por el agua, hambre, rituales y violencia, mientras aparecen Kharod de las Siete Cicatrices y Tanit de la lanza negra. Serie8_006_Hinom
7. La Guerra de los Pozos
Acad descubre que el metal Exo responde ante él mediante un fulgor morado sin precedente. La revelación altera el equilibrio religioso y político de Hinom y desemboca finalmente en la Guerra de los Pozos. Serie8_007_La Guerra de los Poz…
Y no es el final.
Una serie viva y todavía en construcción
Este punto debe quedar especialmente claro.
La Guerra de los Mil Tronos continúa en curso.
Tolmarher sigue escribiendo la serie.
Nuevas entregas aparecen periódicamente en Thydom y amplían una narración cuya estructura está diseñada para crecer durante mucho tiempo.
Los libros publicados no representan el cierre.
Representan el territorio conquistado hasta ahora.
Personajes aparentemente separados siguen avanzando.
Cronologías diferentes continúan aproximándose.
Nuevos poderes están naciendo.
Antiguos mitos están adquiriendo nuevos significados.
Y muchas de las preguntas abiertas todavía no tienen una respuesta publicada.
Esa condición de obra viva forma parte de su identidad.
El lector no llega después de la guerra.
Llega mientras los tronos todavía están cayendo.
La culminación del Continuus Nexus
Las anteriores series preguntaban cómo podía sobrevivir la humanidad a sus propios monstruos.
La Guerra de los Mil Tronos pregunta qué ocurre después de haber sobrevivido demasiadas veces.
Qué queda de una religión después de diez mil años.
Qué queda de un linaje después de ochenta generaciones.
Qué queda de una verdad cuando la Iglesia la convierte en dogma.
Qué queda de un héroe cuando la Historia necesita un santo.
Qué queda de un imperio cuando descubre que su legitimidad puede reproducirse fuera de sus cámaras.
Qué queda de una persona cuando su cuerpo es utilizado como recipiente por fuerzas más antiguas que su civilización.
Y qué ocurre cuando todas las respuestas anteriores empiezan a existir simultáneamente.
Por eso esta no es solamente la última serie del Continuus Nexus.
Es su convergencia final.
El lugar donde las antiguas novelas dejan de ser historias independientes y pasan a convertirse en estratos de una misma realidad.
Todo aquello que alguna vez fue presente es ahora mito.
Todo aquello que alguna vez fue héroe puede ser ahora religión.
Todo aquello que alguna vez fue tecnología puede ser ahora milagro.
Todo aquello que alguna vez fue una pequeña decisión puede haber provocado una guerra miles de años después.
Y sobre todos ellos permanecen los tronos.
Miles.
Esperando a ser conquistados.
Herederos.
Profetas.
Herejes.
Arcontes.
Cronistas.
Madres.
Dragones.
Imperios.
Dioses que quizá nunca fueron dioses.
Y hombres que siguen matándose para decidir qué versión de la Historia sobrevivirá cuando todos ellos hayan muerto.
Eso es La Guerra de los Mil Tronos.
La última gran guerra del Continuus Nexus.
Y todavía acaba de empezar.
