Nerea aparece en las líneas de Naraka, el Aqueronte o las conspiraciones que rodean a Carmen y su misión. Su presencia forma parte del tejido humano que queda atrapado entre inquisidores, Hermanas del Camino, exomantes y fuerzas arcónticas.
Como otros secundarios de El Tercer Sacrificio, Nerea ayuda a mostrar que una misión secreta arrastra a personas con grados muy distintos de información. Las órdenes de Dante no protegen a todos del conocimiento que transportan.
Su relación con los acontecimientos debe leerse desde el riesgo de la posesión, la lealtad y el sacrificio. En una operación contra el Khabal, la cercanía emocional, el deseo o el miedo pueden convertirse en vías de entrada. Nerea pertenece a ese espacio donde ninguna relación personal queda fuera de la guerra.
Apariciones y relaciones canónicas
Apariciones principales: El Tercer Sacrificio.
Relaciones conocidas: Carmen, Rya, Dante, Teseo, Ragnar y la expedición del Aqueronte.
Contexto canónico de Nerea
Nerea cerró el relicario con brusquedad, como si acabara de encerrar un testigo peligroso.
Nerea lo arrastró hacia la puerta con una facilidad humillante. Dos Neomenoch del corredor entraron para ayudarla. Voss juró que no sabía, que era costumbre médica, que cualquier muestra podía salvar al niño, que los Mordus no regalaban conocimiento al Imperio sin precio justo. Siguió hablando hasta que la puerta se cerró. Después se oyó un golpe. Luego otro. Luego silencio.
Nerea regresó más tarde. Voss seguía vivo, aunque con dos dedos rotos, un implante de rastreo extraído de la base del cuello y una promesa de obediencia forzada por medios que la simonita describió con precisión innecesaria. Había intentado ocultar tres muestras: una de sangre materna, otra de líquido de parto y el microtubo caído de la manga, que no llegó a llenarse. Nerea destruyó dos delante de Salomé. La tercera la entregó intacta.
Se hacía llamar Nerea, aunque nadie sabía qué nombre había llevado la conciencia humana antes de ser copiada en aquel cuerpo artificial de piel oscura y ojos ámbar sin humedad. Sus movimientos eran delicados, casi ceremoniales, y su voz tenía una calma que enfurecía a los vivos cuando el dolor los volvía honestos. Había traído un banco de energía portátil, dos sensores sin conexión externa, agujas, hebras de sutura orgánica y un pequeño fragmento de metal Exo encerrado en un relicario de plomo.
