Lore

Narfater, reina dragón de Aqueronte

Narfater es una de las figuras más antiguas, orgullosas y persistentes de la historia de Khaos y Oscuridad. Reina Dragón de Aqueronte, soberana Igigi y superviviente de épocas que para otros pueblos ya pertenecen al terreno del mito, su existencia atraviesa guerras, imperios, cruzadas y cambios de poder sin perder nunca la conciencia de lo que fue ni del linaje al que pertenece.

Antes de convertirse en general, cautiva o favorita de grandes poderes, Narfater ya era una reina.

Aqueronte fue su mundo, y el recuerdo de aquel mundo permanecería unido a ella incluso cuando sus antiguas estructuras de poder hubieran desaparecido. Su orgullo no procede únicamente de su carácter, sino de una civilización antigua vinculada a los Reyes Dragón, a la manipulación genética y a un tiempo en el que muchos de los imperios posteriores ni siquiera existían.

Narfater fue además una de las figuras relacionadas con las primeras aperturas entre mundos. Su historia se remonta a los acontecimientos que rodearon el primer portal de Rocamar, que atravesó junto a Andreas, situándola entre los personajes cuya memoria alcanza algunos de los momentos más remotos de la expansión de los Reyes Dragón.

La reina de Aqueronte

La naturaleza de Narfater no puede entenderse sin Aqueronte.

No era simplemente una guerrera procedente de aquel mundo. Era su Reina Dragón.

Aqueronte pertenecía a una tradición antigua, orgullosa y estrechamente vinculada a la genética. Para Narfater, aquel legado constituía parte esencial de su propia identidad. Incluso siglos después, cuando se encontraba encadenada ante nuevos señores y rodeada por poderes capaces de destruir mundos, seguía hablando de Aqueronte como una civilización noble.

Ese orgullo sería una constante en toda su vida.

Narfater podía ser derrotada.

Podía ser capturada.

Podía incluso ser sometida.

Pero jamás se comportaría como alguien nacido para obedecer.

Los Reyes Dragón

Narfater pertenecía al antiguo mundo de los Reyes Dragón, una época marcada por soberanos Igigi, rivalidades dinásticas y guerras cuyo origen se perdía en generaciones anteriores a los grandes conflictos que terminarían desgarrando Eternum.

Su relación con aquellos linajes no estuvo exenta de enfrentamientos.

Durante parte de su existencia, Narfater y Cinnia combatieron contra otras fuerzas asociadas a los Reyes Dragón y fueron enemigas de los Neffut. Aquella enemistad no impediría que posteriormente ambas mujeres terminaran ocupando una posición extraordinaria dentro de las fuerzas que antes habían combatido.

La historia de Narfater no es la de una fidelidad inmutable a un imperio.

Es la historia de una soberana que sobrevivió a la desaparición de unos poderes y al nacimiento de otros.

Kadosh-Abaddón

La llegada de Kadosh-Abaddón alteró el equilibrio de numerosas fuerzas de Eternum.

Narfater y Cinnia terminaron siendo aceptadas como excepciones dentro de los Neffut y se convirtieron en servidoras directas de Kadosh. No ocuparon una posición ornamental dentro de su ejército.

Recibieron mando.

Recibieron tropas.

Y recibieron la responsabilidad de reorganizar unas fuerzas que estaban siendo transformadas por el nuevo poder del Mesías Oscuro.

Bajo su autoridad, los Neffut adquirieron una estructura militar más disciplinada y eficaz. Narfater pasó así de antigua enemiga de aquellos guerreros a convertirse en una de sus principales comandantes.

Kadosh-Abaddón la utilizaría precisamente por aquello que la había convertido durante siglos en una reina: su inteligencia, su experiencia y su capacidad para ejercer autoridad.

La expansión hacia Eridanus confirmó aquella posición.

Narfater y Cinnia recibieron órdenes de avanzar al frente de las fuerzas del nuevo poder de Kadosh. La Reina Dragón de Aqueronte se convirtió entonces en una de las generales de una guerra que estaba modificando el equilibrio de la galaxia.

Pero aquella alianza no sería eterna.

La caída de Cafarnaúm

En Cafarnaúm comenzó una transformación mucho más profunda.

Narfater fue capturada.

Encadenada y llevada ante Lys-Baalfegor, la Reina Dragón continuó mostrando el mismo orgullo que había definido su existencia. No se presentó ante el Arconte como una sierva derrotada.

Seguía considerándose parte del poder de Kadosh-Abaddón.

Seguía convencida de que su señor acudiría.

Y seguía comportándose como una reina incluso mientras permanecía prisionera.

Su presencia provocó inmediatamente la hostilidad de Syria.

Aquella hostilidad no fue únicamente política. Narfater representaba algo que Syria podía reconocer con demasiada claridad: poder, belleza, autoridad y una naturaleza capaz de despertar el interés de Lys-Baalfegor.

Los celos aparecieron antes incluso de que Narfater pudiera convertirse en una verdadera rival.

Syria llegó a golpearla mientras permanecía cautiva.

Pero Lys tenía otros planes.

La sangre del Arconte

Narfater no abandonó simplemente a Kadosh-Abaddón para buscar un nuevo señor.

Lo ocurrido ante Lys-Baalfegor fue mucho más oscuro.

El Arconte ejerció sobre ella una presión telepática progresiva, penetrando en su resistencia y quebrando poco a poco las defensas de una mente que había sobrevivido durante siglos.

Narfater resistió.

Pero finalmente sucumbió.

Lys utilizó su propia sangre para establecer un vínculo sobre ella. La Reina Dragón quedó atrapada bajo la influencia del Arconte e incorporada a las fuerzas de las Hermanas Oscuras.

Aquello no significó la desaparición absoluta de su personalidad.

Tampoco convirtió a Narfater en una criatura vacía.

Su inteligencia, su ambición y su capacidad militar permanecieron intactas.

Pero desde aquel momento existía una atadura que no podía reducirse a una alianza política.

Narfater había sido sometida.

Las Hermanas Oscuras

El paso del tiempo transformó aquella situación inicial.

Tras la dispersión de los antiguos seguidores de Kadosh-Abaddón y la desaparición de muchas de las estructuras que habían sostenido su poder, permanecer junto a Lys-Baalfegor se convirtió también en una cuestión de supervivencia.

Narfater comprendió el nuevo mundo en el que vivía.

Como había hecho durante siglos, se adaptó.

Y comenzó a ascender.

Dentro de las Hermanas Oscuras, la antigua Reina Dragón demostró que su valor no dependía únicamente de su linaje o de su pasado. Seguía siendo una comandante excepcional.

Lys-Baalfegor supo reconocerlo.

Narfater empezó a recibir responsabilidades cada vez mayores y su posición dentro de las fuerzas del Arconte creció con rapidez.

La antigua cautiva terminó convertida en una de sus generales.

La Estrella Repujada Kurgán

Una de las mayores demostraciones de su capacidad militar se produjo durante la campaña contra una Estrella Repujada Kurgán.

Narfater se enfrentó a fuerzas superiores.

Y venció.

La victoria no fue simplemente un éxito táctico. Confirmó ante Lys-Baalfegor que aquella antigua Reina Dragón seguía siendo capaz de destruir enemigos que habrían detenido a comandantes menos experimentados.

Su prestigio aumentó.

También lo hizo su influencia.

Narfater dejó de ser únicamente una guerrera poderosa dentro de las Hermanas Oscuras.

Se convirtió en una de las figuras más próximas a Lys.

Y aquello hizo inevitable el enfrentamiento con Syria.

La rivalidad con Syria

Syria había sido durante mucho tiempo una de las figuras más cercanas al Arconte.

La presencia creciente de Narfater alteró aquella relación.

Lo que comenzó como desconfianza terminó convirtiéndose en celos abiertos.

Narfater poseía características que resultaban especialmente peligrosas para Syria. Era antigua, poderosa, inteligente y militarmente brillante. Además, su relación con Lys-Baalfegor no dejaba de fortalecerse.

Cada victoria aumentaba su posición.

Cada gesto de reconocimiento por parte del Arconte incrementaba el resentimiento de Syria.

La rivalidad terminó trascendiendo el terreno personal.

Durante campañas posteriores, los celos de Syria llegaron a afectar a su comportamiento militar. La visión de Narfater combatiendo junto a Lys como discípula predilecta era capaz de perturbar su juicio incluso en mitad de una batalla.

Para entonces, la antigua prisionera de Cafarnaúm se había convertido en una presencia imposible de ignorar.

Una superviviente de los grandes poderes

La verdadera importancia de Narfater dentro de Khaos y Oscuridad no reside únicamente en las batallas que ganó ni en los ejércitos que comandó.

Su existencia conecta diferentes eras del Continuus Nexus.

Aqueronte.

Los Reyes Dragón.

Los Igigi.

Los Neffut.

Kadosh-Abaddón.

Eridanus.

Lys-Baalfegor.

Las Hermanas Oscuras.

Muy pocos personajes atraviesan tantos cambios de poder conservando una identidad reconocible.

Narfater sobrevive porque comprende una verdad fundamental de Eternum: los imperios pueden parecer eternos hasta el instante mismo en que dejan de existir.

Ella había visto caer poderes antes.

Los volvería a ver caer.

Y mientras otros morían defendiendo nombres, tronos y juramentos desaparecidos, Narfater continuaba avanzando.

No siempre por libertad.

No siempre por lealtad.

A veces por orgullo.

A veces por ambición.

Y, cuando era necesario, simplemente por supervivencia.

Porque antes que general de Kadosh, antes que cautiva de Lys y antes que rival de Syria, Narfater había sido algo que ninguna derrota podía borrar completamente.

La Reina Dragón de Aqueronte.