Khaos y Oscuridad es la guerra que La Pureza dejó preparada.
Pero también es mucho más.
Es la serie en la que las antiguas guerras humanas dejan de ser suficientes para explicar lo que está ocurriendo. La política de las grandes casas, las cruzadas religiosas, los Inquisidores, los Kurgán, los Arcanos, los Arcontes, los Exo, Aqueron, Exodus y las diferentes versiones de la humanidad comienzan a ser arrastrados hacia un conflicto que existe desde antes de que cualquiera de ellos pudiera recordar su propio nombre.
Una guerra anterior a los imperios.
Anterior a la Tierra.
Anterior incluso a la humanidad.
La Guerra Infinita.
Exo contra Khabal.
Construcción contra destrucción.
Evolución contra aniquilación.
Y entre ambos extremos, como siempre, los hombres.
Khaos y Oscuridad continúa directamente los acontecimientos de La Pureza, desarrolla la guerra anunciada durante aquella saga y conduce finalmente al mayor cataclismo conocido del Continuus Nexus: la Conjunción Infernal, el colapso de incontables líneas espacio-temporales y su violenta convergencia en una nueva realidad.
El Eternum.
La galaxia definitiva del final de los tiempos.
El escenario sobre cuyas ruinas se levantarán las siguientes grandes series del Continuus Nexus.
Continuación directa de La Pureza
Aproximadamente una década ha pasado desde los últimos acontecimientos de La Pureza.
No ha llegado la paz.
Todo lo contrario.
Las semillas sembradas durante aquella serie han germinado.
La Cofradía de Inquisidores intenta resurgir.
El Kurgán ha convertido su antigua preparación defensiva en una cruzada de proporciones galácticas.
Los Sforza y los Médici han unido sus sangres.
Los Arcanos de Riela han aprendido a infiltrarse en lugar de conquistar abiertamente.
Las Hermanas Oscuras extienden la voluntad de Lys-Baalfegor.
Kadosh comparte ya cuerpo y destino con Abaddón.
Los restos del poder Kish se fragmentan entre generales, usurpadores y señores de la guerra.
Continuus protege el Nexo.
Atreo Arryn custodia un legado que nació dieciocho mil años antes.
Y Revar, el último Estirpe, ha dejado de ser un hombre.
Las guerras que en La Pureza podían observarse todavía como conflictos distintos comienzan ahora a tocarse.
Pronto resultará imposible separarlas.
La galaxia después de La Pureza
La Vía Láctea de Khaos y Oscuridad es una civilización al borde de una nueva caída.
El Viejo Imperio desapareció siglos atrás.
Sus sucesores tampoco lograron reconstruir una autoridad estable.
El Imperio Kish conserva todavía reliquias de un poder gigantesco, pero su decadencia es irreversible.
Las grandes casas gobiernan sistemas y protectorados.
Las rutas se vuelven inseguras.
Los señores de la guerra levantan ejércitos privados.
Las antiguas tecnologías son más valiosas que las vidas empleadas para recuperarlas.
Y sobre ese mundo roto marcha el Kurgán.
Lo que comenzó como la preparación de la humanidad ante amenazas que podían destruirla termina convirtiéndose en una maquinaria militar aterradora.
Estrellas Repujadas.
Tercios.
Señores de Sangre.
Mundos sometidos.
Casas obligadas a jurar lealtad.
Purificaciones planetarias.
Una Cruzada que afirma combatir para salvar al hombre mientras aprende, paso a paso, a gobernarlo mediante el miedo.
Ese es uno de los grandes temas de Khaos y Oscuridad:
qué queda de una causa justa cuando para defenderla se termina construyendo aquello contra lo que pretendía luchar.
El Kurgán: de salvadores a conquistadores
Ká, el Profeta del Kurgán, conoce demasiado.
Su capacidad para anticipar posibilidades futuras convierte cada una de sus decisiones en parte de una estrategia que puede prolongarse durante milenios.
Para él, una batalla perdida puede ser necesaria.
La caída de un imperio puede ser útil.
Una traición puede convertirse en fundamento.
Miles de millones de muertos pueden ser un precio aceptable si el resultado final permite que la humanidad sobreviva.
Por eso la Cruzada del Kurgán no puede entenderse únicamente como una expansión militar.
Es un gigantesco proceso de selección.
Preparación.
Manipulación.
Sacrificio.
Ká sabe que algo se aproxima.
Sabe que las antiguas estructuras espacio-temporales no sobrevivirán.
Sabe que la humanidad que existe en su presente deberá afrontar un futuro mucho peor.
Y está dispuesto a convertirse en monstruo para fabricar aquello que necesitará ese futuro.
Silas y los Señores de Sangre
Uno de los principales frutos de aquella preparación es Silas.
El viejo Maestro Inquisidor de La Pureza ha dejado atrás casi todo lo que alguna vez fue.
Su cuerpo.
Su Cofradía.
Sus certezas.
Su humanidad ordinaria.
Transformado mediante la ciencia del Kurgán, Silas se convierte en padre genético de una nueva casta de guerreros.
Los Señores de Sangre.
Gigantes de piel grisácea y ojos negros, nacidos de la convergencia entre el legado inquisitorial y las transformaciones del Kurgán.
No son simplemente mejores soldados.
Su sangre constituye un arma.
Son resistentes a corrupciones que habían devastado poblaciones enteras.
La Baraka.
La Sangre Negra.
Las infecciones arcanas.
Muchas de las plagas que durante milenios habían convertido al ser humano en alimento, huésped o esclavo encuentran en ellos una barrera biológica.
Pero Silas terminará comprendiendo que sobrevivir no significa necesariamente obedecer.
Y aquello que el Kurgán creó para servir a su Cruzada acabará tomando sus propias decisiones.
La caída de Samael y la herencia de los Inquisidores
Samael había sido llamado el Hereje.
Después se convirtió en Inquisidor Supremo.
Después levantó nuevamente a la Cofradía.
Su historia demuestra una de las grandes ironías del Continuus Nexus: la ortodoxia de una generación puede convertirse en la herejía de la siguiente, y la herejía perseguida puede terminar siendo la única tradición capaz de sobrevivir.
La guerra destruye buena parte de lo reconstruido.
La Decimotercera Estrella Repujada es llevada al límite.
Hermón queda amenazado.
La antigua Cofradía vuelve a conocer la ruina.
Pero su legado no desaparece.
Silas regresará.
Y con él regresarán también los Inquisidores.
No iguales a los anteriores.
Nunca podrían serlo.
La sangre ha cambiado.
El universo también.
La guerra contra los Arcanos
Los Arcanos habían destruido civilizaciones en la galaxia Exodus mucho antes de que la Vía Láctea de La Pureza conociera siquiera su existencia.
Son parásitos.
Pero llamarlos simplemente parásitos no explica su verdadero horror.
Penetran en otros seres.
Consumen su conciencia.
Absorben recuerdos.
Reproducen gestos.
Utilizan la carne de la víctima como máscara.
Un amigo puede continuar hablando como antes.
Un gobernante puede seguir pronunciando discursos.
Una madre puede regresar a su hogar.
Pero aquello que mira desde detrás de sus ojos ya no es la persona que existió.
Riela comprende pronto que la conquista abierta ha sido un error.
Los Arcanos prosperan mejor en silencio.
No necesitan dominar millones de seres.
Les basta con poseer a quienes gobiernan esos millones.
Riela, la Voz de la Conciencia
Riela es una superviviente.
Una encarnación de la antigua Voz de la Conciencia que arrastra consigo recuerdos anteriores a buena parte de las civilizaciones humanas actuales.
Ha sobrevivido a Exodus.
A los Exo.
A guerras.
A persecuciones.
A traiciones.
Y cambia con cada derrota.
En Khaos y Oscuridad abandona progresivamente la pretensión de construir un imperio arcano visible.
Aprende.
Se oculta.
Crea redes.
Infiltra el comercio.
La política.
Los linajes.
Los cuerpos.
Donde otros enemigos necesitan una flota, ella necesita un huésped.
Donde otros conquistan un planeta, Riela puede limitarse a conquistar a su gobernante.
Su guerra no se libra únicamente entre estrellas.
Se libra detrás de los rostros.
Abramantes y los Exorkun
La guerra demuestra también que los Arcanos están dispuestos a utilizar la ciencia humana para crear algo incluso peor que ellos mismos.
Abramantes, antiguo centro de investigación genética, se convierte en laboratorio de aberraciones.
Material procedente del Nexo.
Genética humana.
Biotecnología.
Experimentación arcana.
De esa combinación surgen criaturas designadas como Exorkun.
Bestias construidas para matar.
El resultado es tan incontrolable que Abramantes termina condenado por el propio Dogma de La Pureza.
Un planeta entero es sacrificado.
El fuego nuclear hace aquello que los ejércitos ya no pueden garantizar.
La humanidad vuelve a salvarse destruyendo una parte de sí misma.
El final de Dave Sforza
El primer Dave de esta historia —Dave Sforza, esposo de Sofía Médici y padre de Muzio— representa la gran esperanza política surgida al final de La Pureza.
Sforza y Médici.
Dos casas enemigas.
Dos dinastías que habían derramado sangre durante generaciones.
Unidas.
Pero Khaos y Oscuridad no concede finales sencillos.
Dave dirige personalmente sus fuerzas contra el poder arcano en Taurus.
La batalla se convierte en una catástrofe.
La flota Sforza es destruida.
Dave muere.
Sofía queda viuda.
Muzio pierde a su padre.
Y aquello que pretendía convertirse en un nuevo imperio comienza su existencia con una tragedia.
La guerra ya tiene heredero.
Muzio Sforza-Médici
El hijo de Dave y Sofía recibe algo más que dos apellidos.
En él convergen Sforza y Médici.
Dos ramas de la antigua realeza Kish.
Dos tradiciones políticas enfrentadas durante siglos.
Dos legitimidades.
Pero el muchacho crece bajo ocupación, derrota y muerte.
Ve caer a su padre.
Ve cómo el Kurgán convierte su reino en un vasallaje.
Ve morir a su madre por la Plaga de la Sangre Negra.
Y aprende demasiado joven que heredar un imperio no significa recibir un trono.
Significa sobrevivir lo suficiente para recuperarlo.
El Señor de Orión
Muzio encuentra finalmente a alguien que conoció a sus padres cuando todavía eran jóvenes fugitivos.
Silas.
El antiguo Maestro Inquisidor.
El pretor del Kurgán.
El hombre que termina rompiendo con el Profeta.
Cuando Silas se arrodilla ante Muzio y lo reconoce como Dux de Sforza-Médici y Señor de Orión, la historia cambia de dirección.
Los Señores de Sangre lo siguen.
Tántalo lo reconoce.
Quinto también.
El muchacho deja de ser únicamente un heredero.
Se convierte en centro de gravedad.
Alrededor suyo comienzan a reagruparse fuerzas que hasta entonces combatían por separado.
Continuus y la Guardia del Nexo
El planeta Continuus adquiere durante esta serie una importancia todavía mayor.
No es simplemente un mundo.
Es un bastión.
Un secreto.
Un refugio.
Y, sobre todo, custodio de una Brecha estable entre líneas espacio-temporales.
La Guardia del Nexo mantiene allí una civilización parcialmente escondida del resto de la galaxia.
Atreo Arryn se convierte en uno de sus grandes dirigentes.
Aurantia acaba vinculada a sus defensas.
Los restos de tecnologías Exo son estudiados.
Antiguos enemigos terminan compartiendo cavernas, hangares y secretos porque aquello que se aproxima convierte viejos odios en lujos que nadie puede permitirse.
Continuus deja de ser solamente una puerta.
Se convierte en el lugar donde las historias comienzan a reunirse.
Atreo Arryn y la memoria de los Exo
Atreo es uno de los grandes puentes entre Leyendas del Sol Negro, La Pureza y Khaos y Oscuridad.
Hijo de Jeor Arryn.
Descendiente del linaje de Sael.
Hombre nacido miles de años antes del mundo en el que termina viviendo.
Durante su contacto con una Tumba Estelar recibe visiones de un pasado que es también su propio origen.
Sael.
Actarus.
Isabella Kheb.
Jonah y Jorah.
Los Kheb.
Los Estirpe.
El Axia.
Dakara.
Los Exo.
La historia deja de ser una sucesión de casualidades.
Atreo comprende que su sangre pertenece a un recorrido que atraviesa civilizaciones completas.
Y ese recorrido no termina en él.
Majlá Arryn-Manasés
Atreo se une a Tirsá Manasés.
De esa unión nace Majlá.
El apellido Arryn-Manasés fusiona dos nuevas tradiciones.
Por un lado, el linaje de Jeor, Sael y los antiguos contactos Exo.
Por otro, la casa de Manasés, surgida de la historia política de Sforza y convertida en fundamento de la Guardia del Nexo.
Majlá crecerá junto a Continuus.
Muzio llegará hasta ella.
Y nuevamente el Continuus Nexus hará aquello que lleva haciendo durante milenios:
unir las sangres.
Los linajes no son genealogía decorativa
En Khaos y Oscuridad la genealogía es una tecnología narrativa y, en muchos casos, literalmente biológica.
La sangre transmite poder.
Memoria.
Compatibilidad genética.
Capacidad para relacionarse con tecnología Exo.
Resistencia.
Presciencia.
Maldiciones.
Herencias espirituales.
La historia del Continuus Nexus puede seguirse a través de imperios.
Pero también puede seguirse a través de matrimonios, descendencias, clones y Semillas Genéticas.
Cada generación porta algo de las anteriores.
Y, a veces, alguien decide acelerar el proceso.
Quinto y la Semilla de Kadosh
Quinto toma una de las decisiones más trascendentales de toda la serie.
Los Neffut supervivientes custodian la Semilla Genética de Kadosh.
No es una simple muestra biológica.
Kadosh ya era en sí mismo una convergencia.
Portaba el linaje del emperador Abramantes.
La herencia procedente de Jonah Fox y Freya a través de la antigua dinastía de Crosaurius.
Genes relacionados con Arcontes.
Y, después de su unión con Abaddón, una contaminación que había superado la frontera de lo puramente material.
Quinto roba esa Semilla.
Secuestra a Muzio.
Secuestra a Majlá.
Y la inocula en ambos.
Parece una traición.
No lo es.
Es un sacrificio calculado.
Quinto cree que la humanidad necesitará aquello que pueda surgir de ellos.
Muere por esa decisión.
Pero consigue su objetivo.
Dave de Orión: el heredero de los herederos
De Muzio Sforza-Médici y Majlá Arryn-Manasés nacerá otro Dave.
No debe confundirse con su abuelo, Dave Sforza.
Este niño será conocido en las eras posteriores como Dave de Orión.
Y en él confluyen algunas de las ramas genéticas más importantes de las series anteriores.
Por Majlá llega Atreo Arryn.
Tras Atreo se encuentra Jeor Arryn.
Tras Jeor, Actarus y Sael.
Tras Sael se encuentra la conexión Exo y la antigua manifestación de Isabella Kheb.
De aquella raíz nacieron Kheb y Estirpe.
Por Muzio llegan Sforza y Médici.
Y, detrás de ambas casas, la antigua realeza Kish.
Sobre ambos padres fue además inoculada la Semilla Genética de Kadosh.
Y Kadosh arrastraba consigo el linaje de Abramantes.
La sangre de la dinastía surgida en Crosaurius.
La herencia de Jonah Fox y Freya.
Genes vinculados a los Arcontes.
Y la sombra de Abaddón.
Dave no es, por tanto, simplemente otro descendiente noble.
Es una convergencia.
El nuevo Mesías Rojo
La consecuencia comienza a manifestarse cuando Dave todavía es un niño.
Tiene visiones.
Presciencia.
Reconoce cosas que nunca le han sido enseñadas.
Los antiguos Igigi de Kadosh lo reconocen.
Ante él pronuncian nuevamente un título que atraviesa las edades:
Mesías Rojo.
Pero Dave no es Kadosh.
Ká lo comprende.
Es otra iteración.
Una síntesis distinta.
El Profeta llega a considerarlo un avatar mejorado del Mesías Rojo.
Un ser fabricado por generaciones de cruces, decisiones, tragedias y manipulaciones.
No ha aparecido por azar.
Ha sido preparado.
Dave y el futuro de la humanidad
Ká había visto aproximarse la Conjunción.
Sabía que la estructura conocida de la realidad no sobreviviría.
Por eso sus guerras nunca tuvieron únicamente como objetivo conquistar la Vía Láctea.
Necesitaba preparar algo que pudiera atravesar el desastre.
Dave.
Su linaje.
Su Semilla.
Cuando ambos se encuentran, Dave ya ha visto parte de aquello que viene.
Las líneas espacio-temporales se cruzarán.
Galaxias colisionarán.
Morirán cantidades inconcebibles de seres.
El tiempo será arrastrado hacia un futuro tan remoto que el universo habrá perdido prácticamente todas sus luces.
Solo quedará el Eternum.
Y Ká revela entonces la razón última de buena parte de sus actos:
Dave y su linaje serán fundamentales para que la humanidad sobreviva allí.
Dave de Orión y los futuros Nimrod
La importancia de Dave no termina con Khaos y Oscuridad.
Es uno de los grandes precursores de las futuras estirpes imperiales del Eternum.
Tras la Conjunción, Dave sobrevivirá y será recordado como una figura imperial arcaica, un Emperador-Profeta de los primeros tiempos de la nueva realidad.
Su legado genético será preservado durante milenios.
La llamada Semilla Santa de Dave de Orión terminará formando parte, junto a otros dos componentes genéticos fundamentales, de la convergencia que dará origen al primer Nimrod.
Por eso la construcción de Dave durante Khaos y Oscuridad es esencial para comprender las series situadas mucho después.
No estamos viendo únicamente crecer a un niño.
Estamos contemplando el nacimiento de uno de los cimientos genéticos del futuro Neoimperio.
La Guerra Infinita
Todo lo anterior sigue siendo únicamente la superficie.
La guerra humana tiene otro conflicto detrás.
Los libros comienzan a revelar con mayor claridad la verdadera pugna del Continuus Nexus.
Los Exo.
El Khabal.
Ambos proceden de una raíz común.
Una antigua unidad rota.
Dos principios separados.
Los Exo representan construcción, custodia, transformación y búsqueda de trascendencia.
El Khabal encarna la fuerza contraria.
Deformación.
Regresión.
Aniquilación.
Oscuridad.
Ambos llevan combatiendo durante eras que convierten toda la historia humana en un instante insignificante.
Ese enfrentamiento es la verdadera Guerra Infinita.
El Khabal
El Khabal no es simplemente otro villano.
Ni siquiera puede compararse de forma correcta con un emperador, una especie o un dios convencional.
Es la antítesis primordial del proyecto Exo.
Una entidad surgida de la fractura de aquello que una vez estuvo unido.
Los Exo intentan construir.
El Khabal quiere destruir su obra.
Los Exo buscan evolución.
El Khabal conduce hacia la descomposición.
Los Exo manipulan civilizaciones para conducirlas hacia determinados futuros.
El Khabal utiliza su sufrimiento para abrir el camino contrario.
Y su guerra se libra simultáneamente a través de diferentes líneas espacio-temporales.
Las criaturas del Khabal
Los Arcontes dejan de ser un misterio aislado de Crónicas de Aqueron.
Khaos y Oscuridad permite comprenderlos como entidades multidimensionales vinculadas directamente al Khabal.
Abaddón.
Baalfegor.
Otros nombres que los hombres terminaron confundiendo con dioses y demonios.
Por debajo de ellos aparecen los Igigi.
Después los lulu o Regresados.
Y más allá existen Príncipes Demonio, aberraciones y criaturas nacidas para degradar la realidad material.
Cada estrato es una caída.
Una transformación.
Una pérdida de humanidad.
El Khabal no necesita destruir siempre una civilización mediante un ejército.
Puede corromperla.
Convertirla.
Hacer que deje de ser aquello que era.
No todos los horrores tienen el mismo origen
Esta distinción es importante.
Los Arcanos no son simplemente Igigi con otro nombre.
La Plaga no es lo mismo que el Urushdaur.
Los Exorkun no son Arcontes.
Cada horror posee su propia naturaleza.
Pero todos terminan encontrándose en la misma Guerra Infinita.
Los Arcanos arrastran una antigua relación bélica con los Exo.
Los Arcontes proceden de la sombra del Khabal.
Los Igigi sirven a los Arcontes.
Los lulu representan otra degradación de la carne.
Los Príncipes Demonio transforman el horror en ejército.
Y la humanidad sobrevive atrapada entre entidades que llevan combatiendo mucho antes de que el primer hombre alzara la mirada hacia una estrella.
Revar: del último Estirpe al Príncipe Demonio
Revar nació como un superviviente.
El último Estirpe.
Descendiente de aquella rama que se remontaba a Isabella Kheb.
Su pueblo había desaparecido.
Su odio sobrevivió.
Ese odio lo condujo hasta el Khabal.
Y el Khabal comprendió inmediatamente qué tenía ante sí.
Sangre marcada por los Exo.
Rencor.
Poder.
Desesperación.
La combinación perfecta.
Revar acepta convertirse en Arconte.
Muere.
Renace.
Cruza hacia una realidad llamada Eternum.
Y comienza a preparar la llegada de su señor.
El Eternum antes del Eternum
Aquí existe una distinción esencial.
La palabra Eternum aparece antes de la Conjunción Infernal.
Revar ya combate en una línea espacio-temporal denominada Eternum.
Durante más de diez mil años estándar extiende allí su Yihad Infernal.
Mundos enteros desaparecen.
Civilizaciones son devoradas.
Los Devoradores de Almas siguen su estandarte.
Revar se convierte en Rey Brujo y Príncipe Demonio.
Pero ese Eternum todavía no es exactamente la realidad definitiva que conocerán las series posteriores.
Es el crisol.
El punto de convergencia.
La tierra preparada para recibir el impacto.
Corona Australis y Reimius
En aquella línea, la expansión de Revar encuentra una resistencia desesperada.
Corona Australis.
Reimius.
Un comandante que contempla la destrucción absoluta de su mundo y comprende que ya no existe victoria posible.
No puede salvar su civilización.
No puede reconstruir su imperio.
No puede recuperar a sus muertos.
Solo puede intentar impedir que Revar siga avanzando.
Y encuentra una posibilidad.
Las Tablas del Destino.
Otra versión de las mismas reliquias que habían aparecido en otros lugares y otros tiempos.
Una llave capaz de actuar sobre el tejido del Nexus.
Las Tablas del Destino vuelven al centro de la historia
Desde Crónicas de Aqueron, las Tablas parecían estar relacionadas con algunos de los acontecimientos espacio-temporales más devastadores de la historia.
En Khaos y Oscuridad su función alcanza una escala inconcebible.
Reimius comprende que puede combinarlas con una detonación cuántica en el Nexo del Eternum.
Su intención es suicida.
Destruir su propia realidad.
Arrastrar consigo a las huestes infernales.
Matar a Revar.
Que no quede nada.
Si el universo ya está perdido, al menos sus verdugos morirán con él.
Pero el tejido del Continuus Nexus ha soportado demasiadas heridas.
Demasiados saltos.
Demasiadas anomalías.
Demasiadas aperturas.
Demasiadas manipulaciones.
Esta vez no resiste.
La Conjunción Infernal
Reimius penetra en el Nexo.
Activa la carga.
Las Tablas responden.
Y llega la Gehena definitiva.
La onda no queda confinada a un sistema.
Ni a una galaxia.
Ni a una sola línea temporal.
Se propaga por las ramas del Continuus Nexus.
El espacio se desgarra.
El tiempo se retuerce.
Realidades completas colapsan.
Galaxias son arrancadas de sus universos.
Sistemas desaparecen.
Civilizaciones que nunca debieron encontrarse son precipitadas unas contra otras.
Pasado y futuro dejan de mantener una frontera estable.
Millones de realidades convergen.
La creación y la destrucción ocurren al mismo tiempo.
Ese cataclismo es la Conjunción Infernal.
El nacimiento apocalíptico del Eternum
La Conjunción no destruye simplemente las viejas realidades.
Las fusiona.
De aquella catástrofe surge una estructura monstruosa.
Una galaxia imposible compuesta por fragmentos arrancados de incontables líneas espacio-temporales.
Ese es el Eternum definitivo.
No una galaxia nacida por evolución natural.
Una cicatriz.
Un cadáver recompuesto.
Un mosaico de mundos que jamás debieron compartir cielo.
Una realidad formada mediante la muerte de otras realidades.
En el centro se abre el Ojo del Khaos.
En otra región permanece la Vorágine.
Los vestigios Exo sobreviven en extremos remotos.
El Khabal vuelve a extender sus fuerzas desde la oscuridad.
Y entre ambos quedan regiones tan enormes que civilizaciones enteras pueden alzarse, prosperar y desaparecer sin conocer jamás qué existe más allá.
El final de las antiguas líneas espacio-temporales
Antes de la Conjunción, el Continuus Nexus podía entenderse como un conjunto de grandes líneas.
Aqueron.
Exodus.
La Vía Láctea de La Pureza.
El Eternum de Revar.
Y otras realidades apenas conocidas.
Después, esa separación deja de funcionar como antes.
Fragmentos de aquellas historias quedan físicamente reunidos.
Pueblos procedentes de universos diferentes pueden terminar separados únicamente por sectores estelares.
Linajes que deberían existir a milenios de distancia pueden encontrarse bajo el mismo firmamento.
Ruinas de diferentes edades aparecen dentro de una misma realidad.
El Continuus Nexus deja de ser únicamente el mecanismo que conecta mundos.
El propio mundo se convierte en Nexus.
Un futuro sin estrellas
La Conjunción arrastra además la realidad hacia un futuro inconcebiblemente remoto.
El universo se ha expandido.
Las galaxias se han alejado.
Las antiguas luces han desaparecido más allá de cualquier horizonte observable.
Fuera del Eternum solo queda oscuridad.
El gran escenario de las series posteriores aparece así aislado en un cosmos prácticamente muerto.
Una última galaxia monstruosa.
Un último campo de batalla.
El lugar donde la Guerra Infinita deberá continuar.
La nueva red de anomalías
La física de este nuevo mundo tampoco es la misma.
Las antiguas formas de navegación dejan de funcionar como lo hacían antes.
La curvatura ya no constituye la respuesta universal.
Una nueva red de anomalías atraviesa el Eternum.
Son rutas.
Puertas.
Atajos.
Fronteras.
Y también trampas.
Controlarlas significará dominar el comercio, la guerra y la comunicación de las civilizaciones posteriores.
La geografía del Eternum nace, por tanto, directamente del desastre final de Khaos y Oscuridad.
Los ocho libros de Khaos y Oscuridad
1. La Gran Expansión. Aproximadamente una década después de La Pureza, la guerra deja de ser una amenaza futura. Los frentes estallan en la Vía Láctea mientras, en otra línea, Revar lleva milenios devastando el Eternum como Rey Brujo. La saga establece desde su comienzo que ambas historias terminarán encontrándose.
2. Jefes de Guerra. Kadosh-Abaddón consolida su nuevo poder y prepara su enfrentamiento contra Baalfegor. La galaxia se fragmenta entre viejos imperios, generales y facciones rivales, mientras Atreo Arryn profundiza en el legado Exo y descubre que su propio linaje forma parte de un diseño enormemente anterior a él.
3. Sombras y Muerte. La guerra contra los Arcanos alcanza a Abramantes y Taurus. Las aberraciones genéticas demuestran hasta dónde puede llegar el enemigo. La campaña termina cobrándose a Dave Sforza y destruyendo buena parte del poder que Sforza-Médici había levantado. Al mismo tiempo, la Conjunción Infernal deja de ser un presagio remoto y comienza a definirse como destino.
4. Susurros en la Oscuridad. El conflicto entre Kurgán, Hermanas Oscuras y demás facciones escala hasta guerras capaces de consumir sistemas enteros. Silas se aproxima nuevamente a Lys mientras Baalfegor sigue dominando su cuerpo. Los Arcanos y los Exo adquieren una dimensión histórica mucho mayor y la Guerra Infinita empieza a mostrar su verdadera arquitectura.
5. Lamentos en el Abismo. Los viejos imperios se derrumban. Riela pierde territorios y cambia definitivamente de estrategia. El poder Kish se precipita hacia su propia destrucción. Sforza queda sometido. Muzio crece entre pérdidas y ocupación mientras las diferentes ramas genéticas del Continuus Nexus comienzan a converger de forma cada vez menos casual.
6. El Señor de Orión. Sofía muere víctima de la Sangre Negra. Muzio pierde el último refugio de su infancia y debe asumir su destino. Silas rompe progresivamente con el Kurgán y termina reconociendo al joven heredero como Señor de Orión. Las viejas lealtades se deshacen y comienza a formarse una nueva coalición.
7. Herederos de un Imperio. Las ruinas de Jericó, Dilmun y las antiguas órdenes marcan el final de otra era. Muzio y Majlá representan la alianza entre Sforza-Médici y Arryn-Manasés. Quinto comprende la importancia de lo que está en juego, roba la Semilla de Kadosh y la inocula en ambos, pagando con su vida una decisión que cambiará el futuro de la especie humana.
8. Eternum, La Conjunción Infernal. Las generaciones cambian. De Muzio y Majlá ha nacido Dave. El niño manifiesta poderes, visiones y una herencia que atraviesa prácticamente toda la historia anterior del Continuus Nexus. Ká reconoce en él aquello para lo que llevaba milenios preparando a la humanidad. Mientras tanto, Reimius activa las Tablas del Destino en el Nexo del Eternum. Las líneas espacio-temporales colapsan. Las galaxias convergen. La realidad conocida muere. Y de sus restos nace el Eternum definitivo.
De La Pureza a Khaos y Oscuridad
La Pureza había reunido las piezas.
Khaos y Oscuridad las hace combatir.
Ese es el vínculo esencial entre ambas series.
En La Pureza descubríamos que Jeor Arryn no conocía toda la historia de la humanidad que dejó atrás.
Que los Constructores eran los Exo.
Que Aqueron seguía vivo.
Que Revar había sobrevivido.
Que Kadosh podía regresar.
Que el Kurgán guardaba secretos anteriores a la Cofradía.
Que la humanidad estaba siendo preparada para algo.
Khaos y Oscuridad revela para qué.
La guerra había comenzado mucho antes.
De Khaos y Oscuridad al Eternum
La serie tampoco constituye un final.
Constituye una transformación del escenario.
Antes de ella existen múltiples grandes realidades.
Después existe el Eternum.
Por eso su última novela no funciona únicamente como cierre de una saga.
Es el punto de ruptura de toda la arquitectura anterior del Continuus Nexus.
A partir de ahí puede comenzar una nueva clase de historias.
Ya no será necesario saltar de una línea temporal a otra para encontrar ecos de otras sagas.
Las líneas han sido violentamente obligadas a compartir una misma realidad.
La Senda de las Estrellas
Miles de años después de la Conjunción, las antiguas civilizaciones serán mitos.
Las guerras de Sforza.
Los Médici.
El Kish.
La Cruzada.
Aqueron.
Exodus.
Todos ellos serán fragmentos de una historia que apenas podrá reconstruirse.
La nueva humanidad recorrerá el Eternum a través de las anomalías.
La tecnología Exo volverá a ser casi magia.
Los viejos dioses seguirán combatiendo.
Y el Khabal continuará esperando desde la oscuridad.
Ese es el mundo de La Senda de las Estrellas.
El primer gran paso después de la Conjunción.
El camino hacia La Guerra de los Mil Tronos
Pero incluso aquello será otra etapa.
El linaje preparado en Khaos y Oscuridad continuará.
Dave de Orión sobrevivirá como figura primordial de la humanidad del Eternum.
Su sangre originará descendencias.
Su Semilla será conservada.
Imperios se levantarán alrededor de su recuerdo.
Otros corromperán su legado.
Y milenios después, la Semilla Santa de Dave formará parte de una nueva convergencia genética.
Dave.
Esquilo.
Mayra.
De aquella unión nacerá el primer Nimrod.
La estirpe que terminará gobernando el Neoimperio.
Así, una decisión de Quinto en Herederos de un Imperio terminará resonando más de diez mil años después.
Eso es el Continuus Nexus.
Ninguna sangre desaparece del todo.
Ningún sacrificio termina donde parece.
Por qué Khaos y Oscuridad es esencial dentro del Continuus Nexus
Crónicas de Aqueron abrió la primera Brecha.
Mesías Rojo llevó Aqueron hasta las estrellas.
Leyendas del Sol Negro reveló Exodus y a los Exo.
La Pureza unió las grandes líneas y explicó que todas formaban parte de una arquitectura superior.
Khaos y Oscuridad destruye esa arquitectura.
La derrumba.
La mezcla.
La funde.
Y de sus restos crea el escenario definitivo.
El Eternum.
Por eso esta saga ocupa una posición irrepetible dentro de la cronología del Continuus Nexus.
Es simultáneamente una continuación y un origen.
El final de un universo narrativo.
El nacimiento del siguiente.
Khaos y Oscuridad
Ocho novelas.
Décadas de guerra en la Vía Láctea.
Más de diez mil años de Yihad Infernal en el Eternum.
Imperios destruidos.
Religiones convertidas en ejércitos.
Hombres transformados en monstruos.
Monstruos que alguna vez fueron hombres.
Linajes separados durante milenios obligados a reunirse.
Una guerra anterior a la humanidad.
Y un niño que porta en su sangre demasiados fantasmas.
Dave de Orión.
El heredero de los herederos.
La semilla de aquello que vendrá después.
Porque mientras los hombres creen combatir por planetas, coronas, dogmas o venganza, en las profundidades del Continuus Nexus se libra otra guerra.
Una que nunca empezó.
Una que nunca terminó.
La Guerra Infinita.
Exo contra Khabal.
Y cuando sus ejércitos desgarran finalmente las costuras de la realidad, el universo antiguo deja de existir.
Las líneas espacio-temporales caen unas sobre otras.
Los muertos comparten cielo con civilizaciones que jamás debieron conocerlos.
Las estrellas son arrancadas de sus eras.
El pasado devora al futuro.
El futuro se precipita sobre el pasado.
Y en medio de aquella Gehena nace una única realidad imposible.
El Eternum.
No es el final del Continuus Nexus.
Es el lugar donde comienza su última edad.
