Serie

Mesías Rojo

Si Aqueron fue ruina, Mesías Rojo es revelación. Aquí surge la figura que dará nombre a una estirpe y a un mito: el Mesías Rojo, nacido entre montañas, huérfano de origen y sombra de destino.

Mesías Rojo es la segunda serie del Continuus Nexus y la heredera directa de Crónicas de Aqueron. Si aquella primera saga narraba la llegada de Jonah Fox, Walter Stewart, Govind Scully y los supervivientes del Deméter a un mundo desgarrado por la Peste Oscura, los Igigi, los Anu y las fracturas del espacio-tiempo, Mesías Rojo muestra las consecuencias de todo aquello mucho después.

Aqueron sigue existiendo.

Pero ya no es el mismo mundo.

Las ciudades de la era de Jonah Fox son ruinas o leyendas. Los acontecimientos de Rocamar han transformado continentes, mares y civilizaciones. La Orden que una vez combatió junto al primer Mesías Rojo se ha convertido en una potencia territorial decadente. El conocimiento se ha mezclado con el mito. Los nombres de Walter Stewart, Filip Leblanc, Roger Trencavel, Govind Scully y Jonah Fox pertenecen a un pasado que los hombres apenas recuerdan.

Sin embargo, algunas cosas no mueren.

Los Igigi continúan caminando entre los hombres.

Los antiguos señores siguen moviendo sus piezas.

Baalfegor regresa.

Pazazu permanece.

Y en algún lugar de las montañas de Aqueron, un niño llamado Kadosh está a punto de cambiar otra vez la historia de la humanidad.

Mesías Rojo está formada por dos novelas: Nacidos de la Arena e Imperios, Dunas y Estrellas. Juntas narran el resurgimiento de Aqueron, el nacimiento del nuevo Mesías Rojo y la transformación de una guerra entre pueblos condenados en un conflicto que terminará extendiéndose mucho más allá de las estrellas.

La continuación de Crónicas de Aqueron

Mesías Rojo no comienza desde cero.

Su mundo está construido literalmente sobre los restos de Crónicas de Aqueron.

La explosión de Rocamar y la activación del Arca alteraron Aqueron de manera irreversible. Ciudades que habían gobernado regiones enteras quedaron destruidas, mares desaparecieron, nuevas formaciones geográficas surgieron y las culturas supervivientes reconstruyeron sus civilizaciones sobre un pasado que dejaron de comprender.

Las ruinas de Sippart, la Ciudad Roja, permanecen sepultadas bajo la arena.

Agarthia sigue existiendo, aunque La Orden ya no es aquella hermandad guerrera de los tiempos de Filip Leblanc y Jonah Fox. Con los siglos se convirtió en un estado territorial dominado por magistrados, comerciantes, nobles y luchas internas por el poder. Su esplendor esconde corrupción, decadencia y una progresiva pérdida de memoria.

Incluso sus drakkares, los grandes navíos voladores que continúan dominando los cielos de Aqueron, proceden de conocimientos transmitidos desde una época anterior. El propio Walter Stewart, aquel joven físico victoriano que pilotó el Deméter a través de La Brecha, permanece convertido en figura casi legendaria dentro de la tradición tecnológica de Agarthia.

También ha sobrevivido la palabra.

Los escritos y enseñanzas asociados a Govind Scully y a los Menoch han germinado durante generaciones hasta formar el Upanishads Sanatana Dharma, un enorme corpus religioso, histórico y profético que los pueblos de Mesías Rojo interpretan como escritura sagrada.

La historia se ha convertido en religión.

La ciencia, en mito.

Y los hombres que lucharon en Crónicas de Aqueron son ahora nombres pronunciados alrededor del fuego como si hubieran pertenecido a la edad de los dioses.

El legado de Jonah Fox

Jonah Fox permanece en el corazón de Mesías Rojo incluso cuando han transcurrido siglos desde sus guerras en Aqueron.

El antiguo ranger de Thurso, superviviente del Deméter y protagonista esencial de Crónicas de Aqueron, terminó transformándose en mucho más que un guerrero.

Fue el Mesías Rojo de una era anterior.

Su figura sobrevivió en las profecías, en La Orden y en las tradiciones de Aqueron. Su sangre atravesó generaciones y mundos. Su nombre terminó ligado a linajes que desempeñarían un papel decisivo en la expansión de la humanidad.

Nacidos de la Arena recupera incluso al propio Jonah en otra etapa de su existencia, en el planeta Crosaurius, junto a Ralph Richardson. Allí, envejecido y lejos del Aqueron que conoció, contempla el resultado de una vida que comenzó en la Escocia del siglo XIX y terminó entre colonias humanas situadas más allá del Sistema Madre.

Su presencia deja claro desde las primeras páginas que Mesías Rojo no es una historia aislada.

El pasado continúa respirando.

Y lo que Jonah comenzó todavía no ha terminado.

Nacidos de la Arena: un mundo que ha olvidado su propia historia

La primera novela de la serie abre nuevamente las puertas de Aqueron, pero lo hace milenios después de sus grandes cataclismos.

En las ruinas de Sippart despierta una presencia antigua.

Baalfegor ha regresado.

Mientras el viejo mundo se pudre bajo la arena, al otro lado de la Gran Dorsal nuevas culturas han crecido ignorando casi por completo aquello que ocurrió antes de ellas.

Entre esas culturas se encuentran los Dag, un pueblo de cazadores aislado en las montañas, protegido durante generaciones por el relieve, la nieve y sus propias supersticiones.

Entre ellos vive Kadosh.

Tiene nueve años.

Es un huérfano.

Y nadie sabe realmente de dónde procede.

Su aspecto ya lo distingue del resto de los montañeses, pero son sus actos los que comienzan a demostrar que algo imposible habita en él.

Durante una expedición de caza, un gigantesco dahaka negro ataca a los Dag. Los hombres son incapaces de detenerlo.

Kadosh sí.

No lo mata.

Lo somete.

La criatura se inclina ante el niño.

Ese instante marca el nacimiento de una leyenda.

Kadosh: el nuevo Mesías Rojo

Kadosh no nació entre los Dag.

No nació siquiera de la manera en que ellos comprenden el nacimiento.

Noah termina revelándole que años atrás una nave cayó sobre los glaciares próximos al valle. Dentro de sus restos encontró al niño suspendido en una columna de cristal y sumergido en un líquido rojizo.

Noah lo rescató.

Los Dag lo criaron.

Pero su verdadero origen permaneció oculto.

Las habilidades de Kadosh comienzan a desarrollarse conforme avanza la historia. Percibe cosas que otros no pueden sentir. Accede a recuerdos y conocimientos imposibles. Puede doblegar criaturas. Puede enfrentarse a presencias arcontes que habitan otros cuerpos.

Los monjes Neo-Menoch reconocen las señales.

Kumar Rimpoche, lama del monasterio Corvino y poseedor de un extraordinario don visionario, comienza a ver al muchacho antes incluso de encontrarlo.

Las profecías del Sanatana Dharma hablan del regreso del Mesías Rojo.

Cuando Kadosh demuestra su poder frente a una entidad arconte, la duda termina.

Los presentes se arrodillan.

El Mesías ha regresado.

Pero Mesías Rojo no ofrece una respuesta sencilla sobre la divinidad.

La propia serie acabará obligando al lector a preguntarse cuánto hay en las profecías de revelación verdadera, cuánto de manipulación histórica y cuánto de un proyecto concebido mucho antes del nacimiento de quienes creen estar cumpliéndolas.

Los Neo-Menoch y el Sanatana Dharma

Uno de los vínculos más profundos entre Crónicas de Aqueron y Mesías Rojo se encuentra en los Menoch.

Govind Scully llegó a Aqueron como cabo sikh de los Scots Grey. Su evolución durante Crónicas de Aqueron lo condujo por una senda espiritual completamente distinta de su vida anterior.

Siglos después, su legado ha sobrevivido.

El Sanatana Dharma se ha convertido en uno de los pilares religiosos de Aqueron. Sus suras son utilizadas como escritura, profecía, advertencia y memoria histórica.

De aquel legado han nacido los Neo-Menoch.

En las montañas de la Gran Dorsal, monasterios como Corvino preservan fragmentos de un conocimiento que el resto del planeta ha olvidado. Sus monjes practican disciplinas físicas y mentales, custodian manuscritos antiguos y tratan de interpretar un pasado deformado por milenios de transmisión religiosa.

Kumar Rimpoche representa esa tradición.

Y su encuentro con Kadosh convierte la antigua fe del Mesías Rojo en una fuerza política capaz de cambiar Aqueron.

Aramitas, Esaú y la guerra de dos linajes

Mesías Rojo también amplía la historia de los aramitas.

Son un pueblo del desierto endurecido por siglos de supervivencia y dividido por una antigua fractura entre hermanos.

Jacob debe decidir cuál de sus hijos heredará el liderazgo de su pueblo.

Esaú espera ser elegido.

Pero Jacob entrega su bendición a Zebulón.

La elección provoca una traición y un cisma cuyas consecuencias atravesarán generaciones.

Una parte de los aramitas permanece ligada al linaje de Zebulón.

La otra sigue a Esaú.

Mucho después, aquel conflicto familiar deja de ser una disputa por la sucesión para convertirse en otra pieza de la guerra de los antiguos poderes.

Esaú encuentra a Baalfegor.

Y acepta su don.

El Urushdaur vuelve así a ocupar uno de los centros oscuros de la historia.

Esaú deja atrás los límites naturales de la vida humana y construye alrededor de su señor un reino asentado sobre sacrificios, sangre e inmortalidad.

Los descendientes de un mismo pueblo vuelven a encontrarse separados por algo mucho más profundo que una frontera.

Unos esperan al Mesías.

Los otros sirven a los antiguos señores.

El regreso de Baalfegor

Baalfegor es uno de los grandes hilos que Mesías Rojo recoge directamente de Crónicas de Aqueron.

Su historia no terminó con las guerras de la antigua Sippart.

Cuando Nacidos de la Arena comienza, las ruinas de la Ciudad Roja llevan siglos cubiertas por el desierto, pero una figura emerge nuevamente de ellas.

La muerte no ha cerrado aquella historia.

Baalfegor vuelve a intervenir en Aqueron utilizando pueblos, profecías y ambiciones humanas para reconstruir su influencia.

Su conflicto con Pazazu, las heridas heredadas de la antigua lucha por Sippart y su relación con el Urushdaur vuelven a situar a los seres de la primera saga sobre el tablero.

Los hombres creen estar librando guerras nuevas.

Los antiguos saben que son las mismas.

Pazazu y la decadencia de La Orden

Pazazu representa otra continuidad fundamental.

El antiguo Igigi ha sobrevivido al tiempo humano y opera ahora dentro de una Aqueron que apenas recuerda quién es realmente.

Su influencia alcanza hasta Agarthia.

La Orden, nacida en otra época con una función muy distinta, lleva siglos degradándose bajo la corrupción de sus magistrados. Las luchas internas entre Leopold III y Casio Trencavel reflejan el deterioro de una institución que conserva los símbolos de su antiguo honor, pero ha perdido gran parte de aquello que los hizo dignos.

Casio lleva además un apellido cargado de historia.

Es descendiente de Roger Trencavel, el caballero que acompañó a Jonah Fox durante las guerras de Crónicas de Aqueron.

Pero el linaje no garantiza la victoria.

Mientras los hombres discuten en palacios y senados, Pazazu utiliza el hambre, los lulu y las ambiciones de los gobernantes para transformar Agarthia en otra pieza de su dominio.

Los lulu nunca desaparecieron

La Peste Oscura tampoco pertenece únicamente al pasado.

Los Regresados que sembraron el terror en el Londres victoriano de Crónicas de Aqueron continúan existiendo milenios después.

En Aqueron son conocidos como lulu.

Siguen propagándose.

Siguen devorando.

Siguen convirtiendo aldeas enteras en cementerios que vuelven a caminar.

El caballero Ragnar descubre de primera mano que las antiguas pesadillas regresan mientras huye de la destrucción de La Orden.

Su camino hacia el valle del Dag termina uniéndolo a Nejmad y Charlize, dos supervivientes que acabarán vinculando sus destinos al de Kadosh.

El Mesías Rojo comienza así a reunir aquello que Aqueron había fragmentado: montañeses, refugiados, guerreros, aramitas y fieles procedentes de pueblos separados durante siglos.

Charlize: amor, sangre y condenación

Charlize ocupa una posición esencial en el destino de Kadosh.

Cuando ambos se conocen, él todavía es un muchacho cargado con una identidad que no comprende. Con el paso de los años, la relación entre ambos crece en silencio hasta convertirse en algo que ni la religión ni la guerra pueden borrar.

Pero en Aqueron todo amor tiene enemigos.

Charlize termina atrapada por Esaú y sometida al Urushdaur.

Se convierte en aquello que había aprendido a temer.

Una Igigi.

Su transformación introduce uno de los conflictos más dolorosos de Mesías Rojo: la frontera entre identidad y corrupción.

¿Continúa siendo Charlize después de que su naturaleza haya cambiado?

Kadosh responde de una forma que escandaliza a quienes lo consideran una figura sagrada.

Se niega a destruirla.

La reconoce.

La perdona.

La ama.

Y aquella decisión terminará teniendo consecuencias mucho mayores de las que ambos pueden imaginar.

Imperios, Dunas y Estrellas: Aqueron deja de ser el límite

Si Nacidos de la Arena reconstruye Aqueron desde sus ruinas, Imperios, Dunas y Estrellas rompe definitivamente sus fronteras.

Kadosh ya no es el niño encontrado entre el hielo.

Ha crecido.

Su poder también.

El Mesías reúne a los Dag, los Neo-Menoch, los aramitas y los supervivientes que todavía resisten a los señores Igigi.

El conflicto con Esaú desemboca en una guerra abierta.

La posterior lucha contra Pazazu decide el futuro político de Aqueron.

Pero esa victoria no es el final.

Es solamente la puerta.

Porque mientras Kadosh combate entre montañas y desiertos, en las estrellas la humanidad libra otra guerra.

Los Corsarios y Nemeron

Mesías Rojo desarrolla en paralelo una segunda gran línea narrativa: la de los Corsarios.

Tras siglos de guerras, derrumbes imperiales y pérdida tecnológica, Nemeron representa uno de los últimos grandes reductos humanos que todavía resisten a los Igigi.

En sus profundidades se encuentra Dilmun.

Una ciudad gigantesca enterrada en el planeta, llena de niveles sellados, tecnologías incomprendidas y secretos procedentes de civilizaciones anteriores.

Príamo, Eneas y los demás Corsarios sobreviven entre reliquias que apenas saben mantener.

Hasta que encuentran a Laertes Strong.

Laertes pertenece a otro tiempo.

Ha permanecido en hibernación durante siglos dentro de una antigua nave llamada Arca y despierta en un universo que ya no reconoce.

Su conocimiento transforma Nemeron.

Con él comienza la recuperación de tecnologías perdidas.

Y con esa recuperación nace el Gilgamesh, una gigantesca astronave destinada a devolver a los Corsarios la capacidad de desafiar a los poderes que dominan la humanidad.

La guerra de Aqueron y la guerra de las estrellas empiezan entonces a aproximarse.

La verdadera naturaleza del proyecto Mesías Rojo

Imperios, Dunas y Estrellas añade una revelación fundamental al origen de Kadosh.

Las profecías que anunciaban al Mesías Rojo no son únicamente una cuestión religiosa.

Existe detrás de ellas un proyecto.

Un proyecto diseñado alrededor de Aqueron.

Los archivos recuperados por Laertes revelan experimentos relacionados con el linaje imperial, los Igigi y la creación de un individuo capaz de portar facultades extraordinarias sin sucumbir necesariamente a la maldición tradicional de aquellas criaturas.

Kadosh no llegó por casualidad a Aqueron.

Su presencia forma parte de una operación concebida generaciones antes.

El mundo fue preparado.

Los mitos fueron sembrados.

La figura del Mesías fue construida dentro de la cultura.

Y un niño fue enviado.

Pero el resultado supera a quienes diseñaron el experimento.

Kadosh deja de ser solamente aquello para lo que fue creado.

Se convierte en aquello que decide ser.

Aurantia y Dilmun: la ciudad que era una astronave

El último tramo de Imperios, Dunas y Estrellas une definitivamente la historia de Aqueron con la civilización estelar.

Laertes y Eneas llegan al planeta siguiendo las huellas de los viejos proyectos imperiales.

Buscan a Kadosh.

Y buscan Aurantia.

Lo que descubren cambia nuevamente la escala del relato.

Aurantia y Dilmun forman parte del mismo legado.

Aquello que generaciones habían interpretado como ciudad, santuario o estructura olvidada esconde en realidad una obra colosal concebida para sobrevivir a la caída de los imperios.

Una astronave.

Un refugio.

Una fortaleza.

Una máquina capaz de devolver a la humanidad una potencia que creía perdida.

Pero no cualquiera puede despertarla.

Kadosh es la llave.

Cuando el Mesías comprende lo que duerme bajo siglos de piedra, religión y olvido, Aqueron deja de ser únicamente un mundo que debe salvar.

Se convierte en el punto de partida de una nueva guerra galáctica.

Los Reyes Dragón y la guerra que se aproxima

Mientras Kadosh se alza en Aqueron, los antiguos Igigi dominan extensas regiones de la humanidad estelar.

Cinnia McGregor continúa existiendo.

Narfater también.

Aedh Drummond gobierna Petrus.

Andreas Lampert domina Arcadia.

Akibel ha convertido Erebus en una potencia tecnológica.

Abaddón permanece como una sombra imperial cuyo verdadero poder ya resulta difícil de medir.

Los personajes y fuerzas nacidos en Crónicas de Aqueron han sobrevivido a los hombres que los conocieron.

Ahora gobiernan planetas.

Poseen ejércitos.

Controlan industrias.

Construyen astronaves.

Y conspiran unos contra otros.

Mesías Rojo convierte de esta forma el horror gótico y fantástico de la primera serie en una auténtica ópera espacial oscura.

Los monstruos que antes cazaban hombres en las calles de Londres ahora gobiernan imperios interestelares.

Akibel, Abaddón y la fractura del viejo orden

La tensión entre los Reyes Dragón constituye otra de las grandes líneas de Imperios, Dunas y Estrellas.

Akibel convoca a distintos soberanos Igigi y revela sus ambiciones contra el viejo orden imperial.

Cinnia, Narfater, Aedh y otros señores comprenden que una guerra entre los suyos puede incendiar toda la esfera humana.

La tecnología de Erebus le permite a Akibel jugar una partida que lleva siglos preparando.

Pero incluso el poder de un Rey Dragón tiene límites.

Personajes humanos aparentemente menores pueden alterar la historia.

Jataq, veterano petrarca al servicio de la Hermandad, termina demostrando que una máquina antigua y un hombre decidido todavía pueden romper los planes de quienes se consideran dioses.

En Mesías Rojo, los inmortales siguen siendo poderosos.

Pero no son invulnerables.

Baalfegor, Charlize y el Arca: una historia que no termina aquí

La victoria de Kadosh en Aqueron no resuelve todos los conflictos.

Uno de los más importantes permanece abierto.

Charlize lleva en su sangre la transformación provocada por Esaú.

También lleva algo de Kadosh.

Y Baalfegor lo sabe.

La antigua entidad utiliza a Charlize para recuperar el Arca y activar nuevamente aquello que los hombres jamás debieron controlar.

Los portales vuelven a abrirse.

Baalfegor atraviesa uno de ellos.

Y desaparece.

Ese momento resulta fundamental para entender el Continuus Nexus posterior.

Porque Baalfegor no ha sido destruido.

La deuda de Kadosh tampoco.

Y la historia de Charlize no termina únicamente con la tragedia de Mesías Rojo.

De Mesías Rojo a La Pureza

La relación entre Mesías Rojo y La Pureza es directa.

No se limita a referencias o nombres escondidos para los lectores veteranos.

La historia continúa.

La Pureza vuelve a encontrar a Kadosh después de la gran Yihad que comenzó en los desiertos de Aqueron y terminó extendiéndose por las estrellas.

Para entonces, el Mesías Rojo ha encabezado una rebelión en la que combatieron aramitas, Corsarios y fuerzas procedentes de Drakon y Aqueronte.

Aurantia ha dejado de ser una reliquia escondida.

Ha sido utilizada.

Imperios han caído.

Los Reyes Dragón han sido perseguidos.

Y el precio de aquella liberación ha sido aterrador.

Pero Kadosh no ha olvidado a Charlize.

Tampoco ha olvidado quién la manipuló.

Baalfegor.

La Pureza recupera precisamente esa deuda.

La búsqueda de Baalfegor, la memoria de Charlize, el Arca y las consecuencias de la transformación de Kadosh se convierten en una de las grandes líneas que atraviesan la saga posterior.

Líneas de Sangre vuelve directamente sobre esos acontecimientos y presenta a un Kadosh marcado por lo que hizo durante su cruzada.

Y La Cruzada del Kurgán regresa abiertamente a Aqueron, Al-Semanet y al propio Mesías Rojo, llevando su historia a una nueva y todavía más oscura etapa.

Por eso Mesías Rojo funciona como un puente imprescindible entre las primeras eras del Continuus Nexus y algunos de sus grandes conflictos posteriores.

De Crónicas de Aqueron a La Pureza

Puede entenderse esta continuidad como una larga cadena histórica.

Crónicas de Aqueron muestra el origen de muchas de las heridas: La Brecha, la Peste Oscura, los lulu, el Urushdaur, los Anu, los Igigi, el Arca, las Tablas del Destino, Jonah Fox, Govind Scully, Walter Stewart, Cinnia, Narfater, Aedh Drummond, Akibel, Pazazu, Baalfegor y Abaddón.

Mesías Rojo muestra qué quedó después de aquella catástrofe.

Los mitos se convierten en religiones.

Los supervivientes, en linajes.

Las máquinas, en reliquias.

Los Igigi, en Reyes Dragón.

Y las guerras de un mundo se convierten en guerras entre sistemas estelares.

La Pureza recoge las consecuencias de esa expansión.

Kadosh continúa.

Baalfegor continúa.

Cinnia y Narfater continúan.

Aurantia continúa.

Y Aqueron demuestra que, dentro del Continuus Nexus, un acontecimiento ocurrido miles de años antes puede seguir reclamando sangre en una época que cree haber olvidado su origen.

Fantasía oscura, religión y ciencia ficción épica

Mesías Rojo cambia constantemente de escala.

En Aqueron encontramos pueblos de montaña, caravanas del desierto, espadas, drakkares, monasterios, profecías, ciudades en ruinas, criaturas antiguas y guerras religiosas.

En paralelo aparecen astronaves, colonias estelares, imperios humanos, tecnología perdida, ingeniería genética, hibernación, mundos sometidos y guerras entre Casas Regentes.

Ambas realidades pertenecen a la misma historia.

Ese contraste constituye una de las identidades fundamentales de la serie.

Mesías Rojo puede pasar de un niño enfrentándose a un dahaka en un campamento embarrado a una conspiración entre soberanos inmortales que controlan planetas enteros.

De una disputa sucesoria entre dos hermanos aramitas a la caída de una flota imperial.

De una profecía recitada por un monje ciego a un programa genético concebido siglos antes.

De un amor nacido en las montañas a una guerra que terminará incendiando la galaxia.

Los dos libros de Mesías Rojo

La serie está compuesta por dos novelas que forman una historia continua:

  1. Nacidos de la Arena presenta el Aqueron posterior a las grandes catástrofes, el regreso de Baalfegor, la decadencia de Agarthia, la guerra de Pazazu, la división de los aramitas, los Neo-Menoch y, sobre todo, la infancia y revelación de Kadosh como nuevo Mesías Rojo. Paralelamente desarrolla la situación de los Corsarios, Nemeron y los supervivientes de la antigua civilización interestelar.
  2. Imperios, Dunas y Estrellas convierte esas líneas separadas en una única tormenta. Kadosh pasa de profeta a caudillo, Aqueron entra en guerra, Esaú y Pazazu afrontan su destino, Charlize se convierte en pieza fundamental del conflicto, los Reyes Dragón comienzan a enfrentarse entre ellos y los Corsarios recuperan el conocimiento necesario para regresar al mundo perdido. La revelación de Aurantia y del verdadero origen del proyecto Mesías Rojo abre definitivamente las puertas de la guerra estelar.

Una serie fundamental para comprender el Continuus Nexus

Mesías Rojo es la historia de lo que queda cuando una civilización olvida por qué fue destruida.

También es la historia de cómo los mitos pueden sobrevivir mejor que los hechos.

Jonah Fox se convierte en leyenda.

Govind Scully, en escritura sagrada.

Walter Stewart, en un nombre asociado a tecnologías que sus herederos apenas comprenden.

La Orden, en un estado decadente.

Los enemigos de antaño, en dioses de mundos enteros.

Y de entre todos esos restos nace Kadosh.

Un niño encontrado dentro de una máquina que nadie comprende.

Un extranjero criado entre cazadores.

Un hombre anunciado por profecías escritas mucho antes de su llegada.

Un Mesías creado por quienes pretendían diseñar el futuro.

Y, finalmente, una voluntad que terminará desbordando el propósito para el que fue concebida.

Mesías Rojo comienza entre nieve, barro y arena.

Termina mirando a las estrellas.

Pero su historia no termina allí.

Baalfegor ha escapado.

El Arca vuelve a estar en movimiento.

Aurantia puede despertar.

Los antiguos imperios se preparan para regresar.

Y Kadosh todavía tiene una deuda de sangre que pagar.

Esa deuda continuará en La Pureza.

Porque en el Continuus Nexus el tiempo puede destruir ciudades, extinguir naciones y convertir la historia en religión.

Pero nunca borra las consecuencias.