Serie

La Pureza

La saga de La Pureza constituye el cuarto gran ciclo del Continuus Nexus y hereda los hilos narrativos de Crónicas de Aqueron, Mesías Rojo y Leyendas del Sol Negro. En ella convergen linajes, facciones y destinos forjados en guerras anteriores, que se entrelazan en un tapiz de poder, fe, herejía y tragedia cósmica.

La Pureza es la serie central del Continuus Nexus.

No porque sea el comienzo de su historia.

Precisamente por lo contrario.

Cuando el lector llega a La Pureza ya existen mundos separados por milenios, galaxias incomunicadas, linajes nacidos en civilizaciones extinguidas, dioses que quizá nunca fueron dioses, máquinas que sobrevivieron a sus creadores y personajes arrastrados a través del espacio y del tiempo sin comprender quién mueve realmente las piezas.

Crónicas de Aqueron había abierto la primera grieta.

Mesías Rojo había llevado aquella herencia desde un mundo de reinos, profecías y ruinas antiguas hasta las estrellas.

Leyendas del Sol Negro había mostrado la galaxia Exodus, a los Exo, las Tumbas Estelares, los Kheb, los Estirpe, la Guerra del Axia y la paradoja de Jeor Arryn.

La Pureza hace algo diferente.

Une los caminos.

Por primera vez, los grandes misterios de las series anteriores dejan de ser ecos aislados y comienzan a formar parte de una misma estructura.

Los Constructores reciben el nombre de Exo.

Aqueron vuelve a abrir sus tumbas.

El último Estirpe regresa.

Wotan Daneron atraviesa los milenios.

Jeor Arryn deja de ser solamente el fundador del Exodus.

Atreo Arryn cruza el tiempo.

Kadosh vuelve a escuchar la voz de Abaddón.

Los Arcanos reaparecen.

El Kurgán revela un pasado enterrado.

Y aquello que hasta entonces había parecido un conjunto de mitologías separadas comienza a mostrar su verdadero rostro:

el Continuus Nexus.

Una nueva Vía Láctea dentro del Continuus Nexus

La historia principal de La Pureza se desarrolla en una tercera gran línea espacio-temporal del Continuus Nexus.

No estamos en la galaxia Exodus de Leyendas del Sol Negro.

Tampoco estamos en la misma línea de la Vía Láctea donde se desarrollaron Aqueron y Mesías Rojo.

Estamos en otra Vía Láctea.

Una humanidad diferente.

Una historia diferente.

Pero una historia que comparte raíces con todas las anteriores.

Han transcurrido aproximadamente dieciocho mil años estándar desde la Guerra del Axia.

Y la humanidad sigue viva.

Ese simple hecho cambia radicalmente todo lo que el lector creía conocer.

Jeor Arryn no salvó a toda la humanidad

En Leyendas del Sol Negro, la historia conocida parecía clara.

Axia había destruido la civilización humana del Sistema Solar.

Las últimas astronaves habían huido.

Jeor Arryn condujo a los supervivientes hacia una anomalía espacio-temporal encontrada cerca de Sedna.

La atravesaron.

Al otro lado encontraron una galaxia desconocida.

La bautizaron Exodus.

Allí comenzaría una nueva civilización humana.

Durante milenios, los habitantes de Exodus creerían que ellos eran los descendientes de los últimos seres humanos.

Pero estaban equivocados.

Jeor Arryn nunca supo toda la verdad.

Cuando su flota atravesó la anomalía, quedaron seres humanos detrás.

Entre ellos estaban su propia hija Eva Arryn y su hijo Atreo.

Mientras Jeor y los suyos desaparecían rumbo al Exodus, aquellos supervivientes permanecieron en una Vía Láctea aparentemente condenada.

Y sobrevivieron.

La humanidad que quedó atrás

La derrota del Axia no significó el final de la humanidad en la Vía Láctea.

Significó otro comienzo.

Los supervivientes se refugiaron en los confines del destruido Sistema Solar.

Sedna y las regiones exteriores se convirtieron en los primeros refugios de una especie que había perdido la Tierra, Marte, sus colonias y prácticamente toda la civilización que conocía.

Desde allí comenzó una nueva expansión.

Pasaron siglos.

Después milenios.

La humanidad regresó lentamente a las estrellas.

Colonizó mundos.

Terraformó planetas.

Creó nuevas culturas.

Inventó religiones.

Fundó imperios.

Los destruyó.

Y volvió a empezar.

Lo que para los habitantes del Exodus era una historia terminada, en la Vía Láctea solo había sido el primer capítulo de otros dieciocho mil años de guerras, migraciones, fanatismos, descubrimientos y catástrofes.

Dieciocho mil años de historia olvidada

La Pureza convierte el tiempo en uno de sus grandes protagonistas.

Apenas unos siglos después de la Guerra del Axia comienza una nueva expansión humana por el brazo de Orión.

Alrededor del primer milenio, la terraformación y las nuevas tecnologías permiten una segunda gran expansión.

Después aparece Kurgán.

Del Kurgán surge una doctrina.

De aquella doctrina nace una religión.

De aquella religión emerge el Dogma de La Pureza.

A continuación llegarán el poder Kish, la Yihad Kurgán, las guerras religiosas, la Cofradía de Inquisidores, las Hermanas del Camino y los grandes imperios humanos.

El Primer Imperio llegará a gobernar cien mundos.

El Segundo Imperio dominará diez mil.

Y, doce mil años después de la Guerra del Axia, nacerá el llamado Viejo Imperio.

El mayor de todos.

Un superestado que llegará a extender su autoridad sobre aproximadamente un millón de mundos.

Pero tampoco será eterno.

Nada lo es en el Continuus Nexus.

La caída del Viejo Imperio

La decadencia comienza mucho antes de su desaparición.

Las rutas se rompen.

Los mundos periféricos dejan de obedecer.

La tecnología empieza a perderse.

Las grandes estructuras estatales se convierten en reliquias de una edad que ya nadie sabe reconstruir.

Finalmente, aproximadamente dieciocho mil años después de la Guerra del Axia, el Viejo Imperio pierde toda capacidad efectiva para gobernar más allá de su propio sistema.

Ese momento se convierte en el nuevo año cero.

La Caída del Viejo Imperio.

A partir de entonces comienza una nueva edad oscura.

Cuando arranca la trama principal de La Pureza han transcurrido poco más de tres siglos desde aquel colapso.

La humanidad continúa extendida por la Vía Láctea.

Pero ya no existe una autoridad capaz de gobernarla.

Una galaxia feudal construida sobre las ruinas del futuro

La Vía Láctea de La Pureza es una civilización postimperial.

Existen astronaves capaces de plegar el espacio junto a mundos que apenas conservan una infraestructura industrial funcional.

Hay armas de plasma, holomatrices, ingeniería genética y tecnologías heredadas de civilizaciones desaparecidas.

Pero también existen planetas donde la sociedad ha retrocedido durante siglos.

Feudos.

Baronías.

Ducados.

Repúblicas.

Teocracias.

Corporaciones.

Estaciones independientes.

Colonias olvidadas.

Casas nobles que se disputan restos de tecnología que ya no saben fabricar.

La humanidad ha alcanzado las estrellas, pero vive sobre un gigantesco cementerio tecnológico.

Algunas naves continúan volando porque alguien todavía sabe repararlas.

Algunas máquinas funcionan porque fueron construidas para sobrevivir milenios.

Algunos mundos mantienen conexiones con el resto de la galaxia.

Otros han desaparecido de los mapas.

Y entre esas ruinas sobreviven organizaciones mucho más antiguas que los estados que pretenden gobernarlas.

¿Qué es realmente La Pureza?

El título de la serie no hace referencia solamente a una idea genética.

La Pureza es un Dogma.

Una religión.

Una filosofía.

Una herramienta de poder.

Y, en muchos momentos, una condena.

Su origen se encuentra en el planeta Kurgán, aproximadamente mil seiscientos años después de la Guerra del Axia.

En el centro de aquella doctrina se encuentra el Khaos.

No como sinónimo de desorden.

El Khaos es concebido como una energía primordial que precede a las formas conocidas de la realidad.

Creación.

Destrucción.

Cambio.

Destino.

Equilibrio.

Sus diferentes manifestaciones son interpretadas mediante ocho Aspectos.

La Luz representa fuerzas constructivas.

La Oscuridad, fuerzas destructivas.

Entre ambas existen Aspectos grises, como el Destino, que no pertenecen completamente a ninguno de los extremos.

La estrella de ocho puntas se convierte así en uno de los grandes símbolos de la doctrina.

El Khaos y los Aspectos

Para los antiguos seguidores del Kurgán, el Khaos no era bueno ni malo.

No amaba.

No odiaba.

No protegía a nadie.

Era una fuerza anterior a las categorías morales humanas.

Una corriente sobre la que se construía la existencia.

El problema comenzaba cuando una de sus fuerzas rompía el equilibrio.

La tradición hablaba de Avatares, entidades o manifestaciones capaces de intervenir cuando esa armonía primordial quedaba amenazada.

Con el paso de los milenios, religión, historia y conocimiento científico se confundieron.

Los hombres olvidaron qué partes del relato eran metáforas.

Y cuáles no.

Porque detrás de algunas de aquellas antiguas referencias estaban realmente los Exo.

Y los Arcontes.

El nacimiento de la Cofradía de Inquisidores

Siglos después del surgimiento del culto kurgán, las guerras de religión transformaron la doctrina original.

El Estado Kish entró en conflicto con los kurganes.

Llegó el Anatema.

El destierro.

Y posteriormente la fundación de la Cofradía de Inquisidores.

Los Inquisidores se convirtieron en guardianes de la Pureza humana.

Su misión era sencilla de formular y terrible de ejecutar:

proteger a la especie humana de cualquier contaminación capaz de destruirla.

Mutaciones.

Infecciones.

Parásitos.

Alteraciones genéticas.

Especies hostiles.

Cultos prohibidos.

Aberraciones.

Un Inquisidor podía llegar a un mundo y salvar millones de personas.

También podía condenarlas.

Porque para la Cofradía, una colonia contaminada podía convertirse en la semilla de una extinción futura.

Las Hermanas del Camino

Poco después de la fundación de la Cofradía surgieron las Hermanas del Camino.

Su historia está íntimamente ligada a la de los Inquisidores, pero no son la misma organización.

Custodian santuarios.

Dominan conocimientos médicos y genéticos.

Controlan antiguos procedimientos de modificación corporal.

Preservan tecnologías y doctrinas que otros poderes han perdido.

Durante milenios, ambas órdenes funcionan como dos caras de una misma tradición.

Los Inquisidores cazan.

Las Hermanas preservan.

Los Inquisidores destruyen la contaminación.

Las Hermanas trabajan con la carne, la transformación y la continuidad de los linajes.

Pero La Pureza demostrará que bajo ambos credos existen secretos mucho más antiguos de lo que sus propios miembros creen.

Silas, el Maestro Inquisidor

La entrada del lector en este mundo se produce principalmente a través de Silas.

Maestro Inquisidor.

Veterano.

Cazador.

Superviviente de una organización que se extingue lentamente.

Silas pertenece a una casta de humanos alterados mediante procedimientos genéticos y químicos brutales.

Es más fuerte que un humano ordinario.

Más rápido.

Más resistente.

Mucho más longevo.

Pero el precio de aquella transformación también forma parte de lo que es.

Cuando comienza Maestro Inquisidor, la Cofradía ya no posee el poder de épocas anteriores.

No existe un Imperio capaz de financiarla.

Los Inquisidores son cada vez menos.

Los mundos son demasiados.

Y las amenazas no han dejado de multiplicarse.

Silas viaja a bordo de la Babieca, su vieja corbeta imperial, recorriendo una galaxia en descomposición donde cualquier señal de socorro puede esconder una mutación, una criatura alienígena o algo mucho peor.

Y una de esas misiones cambiará su vida.

Sofía Médici

Sofía pertenece a una de las grandes casas del sector Orión.

Los Médici.

Pero no desea convertirse simplemente en otra pieza del poder de su linaje.

Su encuentro con Silas y con el viejo mercader Sinuhé la arrastra fuera de las intrigas palaciegas y hacia una existencia donde descubre la verdadera escala del universo.

Sofía aporta además algo que Silas había olvidado.

Humanidad.

Curiosidad.

Imprudencia.

Afecto.

La relación entre ambos, más próxima a la de un viejo guerrero obligado a proteger a alguien que no había pedido encontrar, sirve como uno de los grandes ejes humanos de la primera parte de la saga.

Pero Sofía no es la única heredera perdida.

Dave Sforza y la guerra de las grandes casas

La Casa Médici tiene un enemigo secular.

La Casa Sforza.

Ambos poderes compiten por sistemas, protectorados, rutas comerciales, tecnología y hegemonía política en una Vía Láctea donde ya no existe un emperador capaz de contenerlos.

El viejo dux Muzio Sforza sobrevive incluso a la destrucción de su cuerpo gracias a una tecnología de metal negro relacionada con los misterios que custodia el planeta Continuus.

Su hijo Dave es el heredero del linaje.

Y el destino hace que Dave Sforza termine frente a Sofía Médici.

Dos jóvenes.

Dos casas enfrentadas durante generaciones.

Dos apellidos construidos sobre demasiada sangre.

La relación que comienza entre ellos no es únicamente una historia personal.

Tiene capacidad para alterar todo el equilibrio político del sector Orión.

Conforme avanza La Pureza, su unión deja de ser una posibilidad romántica y comienza a convertirse en una solución política para dos civilizaciones que llevan demasiado tiempo destruyéndose.

Sinuhé: el superviviente entre gigantes

Entre Inquisidores, nobles, Exo, Arcontes y antiguos dioses hay también sitio para un viejo mercader.

Sinuhé.

Astuto.

Cínico.

Pragmático.

Capaz de sobrevivir donde ejércitos enteros desaparecen.

Su presencia impide que La Pureza pierda por completo su escala humana.

Mientras los demás hablan de profecías, imperios y destinos, Sinuhé suele preocuparse por combustible, dinero, rutas, mercancías y la posibilidad bastante concreta de seguir vivo al día siguiente.

Y, precisamente por eso, termina siendo una de las piezas que mantiene unidos a personajes que pertenecen a mundos completamente diferentes.

Samael, el Hereje

Mucho antes de que Silas se convirtiera en Maestro Inquisidor existió Samael.

Un Inquisidor incómodo.

Radical.

Considerado hereje por muchos de los suyos.

Samael cree que la Cofradía ha cometido un error histórico.

Durante demasiado tiempo los Inquisidores obedecieron.

Vigilaron.

Purificaron.

Pero se negaron a gobernar.

Mientras ellos permanecían fieles a su neutralidad, imperios corruptos, nobles incompetentes y señores de la guerra fragmentaron la humanidad.

Samael piensa que la Cofradía debería intervenir.

Y el tiempo acabará dándole la oportunidad de intentar demostrarlo.

Sobre su pecho porta además un extraño fragmento de metal negro con forma de Sol Negro.

Otra cicatriz de una historia que comenzó mucho antes de él.

Continuus: el planeta que guarda el Nexo

La palabra Continuus no es únicamente el nombre del multiverso.

Dentro de La Pureza existe un planeta llamado Continuus.

Un mundo vinculado a un fenómeno espacio-temporal que se convierte en uno de los grandes secretos de la saga.

Alrededor de Continuus se ocultan supervivientes, conocimientos, tecnología y una Tumba Estelar.

Y dentro de aquella Tumba permanece alguien que ya conocemos.

Wotan Daneron.

Wotan Daneron: un fantasma de Leyendas del Sol Negro

Wotan pertenecía a otra era.

A otra galaxia.

A otra civilización.

Fue Gran Almirante de la Alianza en Exodus.

Combatió contra La Plaga.

Vio caer Tanis.

Sobrevivió a los Arcanos.

Desapareció durante milenios.

Cuando vuelve a aparecer ya no posee un cuerpo humano.

Su conciencia permanece dentro de una estructura humanoide de metal negro.

Sin rostro.

Sin rasgos.

Sin adornos.

Una presencia surgida de la tecnología Exo.

En La Pureza, Wotan funciona como uno de los puentes más contundentes con Leyendas del Sol Negro.

Habla con Manasés.

Custodia secretos.

Conoce acontecimientos que para los habitantes de esta Vía Láctea son anteriores incluso a sus mitologías.

Y demuestra que el tiempo no separa las sagas del Continuus Nexus.

Simplemente las oculta unas de otras.

Los Constructores eran los Exo

Esta es una de las revelaciones fundamentales de La Pureza.

En Crónicas de Aqueron, aquellas entidades ancestrales fueron conocidas como los Constructores.

Sus ruinas.

Sus arcas.

Sus portales.

Las Tablas.

Sus tecnologías imposibles.

En Leyendas del Sol Negro aparece otro nombre.

Exo.

La Pureza une ambos conceptos.

Los Constructores y los Exo forman parte de la misma gran realidad.

Pueblos diferentes encontraron los restos de una civilización inmensamente antigua.

Cada cultura le dio un nombre.

Cada religión creó una interpretación.

Cada época convirtió los restos en mito.

Pero debajo de todos aquellos nombres se escondía el mismo legado.

La Exonave

Entre los objetos Exo existe uno especialmente importante.

La Exonave.

No es simplemente una astronave.

Puede atravesar estructuras espacio-temporales que el ser humano apenas comprende.

Jeor Arryn estuvo vinculado a ella.

También Atreo.

Y su existencia convierte la historia de la humanidad en algo mucho menos lineal de lo que parecía.

Porque Jeor Arryn no nació realmente en la época en la que acabaría convirtiéndose en el fundador del Exodus.

Era hijo de Sael y Actarus.

Nacido miles de años después.

Transportado hacia el pasado.

Rescatado sin memoria.

Adoptado.

Convertido en Jeor Arryn.

El hombre que, sin conocer su verdadero origen, acabaría guiando a la humanidad hacia Exodus.

Eva y Atreo: los hijos que Jeor creyó perdidos

Cuando la Guerra del Axia alcanza su momento final, Jeor cree haber perdido prácticamente todo.

Entre aquello que considera perdido están sus hijos.

Pero Eva y Atreo sobreviven.

Eva permanece en la Vía Láctea y se convierte en una de las figuras fundamentales de la reconstrucción humana posterior a la catástrofe.

Atreo toma otro camino.

Encuentra la Exonave.

Y desaparece.

Igual que su padre antes que él, cruza aquello que los hombres confunden con distancia cuando en realidad también es tiempo.

Atreo Arryn llega a Antea Solaris

Dieciocho milenios después de su desaparición, Atreo aparece en Antea Solaris.

Para él no han transcurrido esos milenios.

Para la humanidad, sí.

Las civilizaciones que conocía ya no existen.

Las lenguas han cambiado.

Las religiones han olvidado su origen.

La guerra contra Axia se ha transformado en historia, después en tradición y finalmente en mito.

Atreo se convierte así en un fósil humano viviente.

Un hombre procedente del mundo anterior al mundo.

Y su llegada a Antea Solaris constituye otro gran punto de convergencia del Continuus Nexus.

Antea Solaris: el mundo donde convergen los destinos

Al principio, Antea Solaris parece insignificante.

Un planeta remoto.

Un proyecto de terraformación abandonado.

Una pequeña colonia lejos de las grandes rutas comerciales.

Un refugio para exiliados.

Pero poco a poco todo termina conduciendo hasta allí.

Sofía.

Dave.

Silas.

Sinuhé.

Atreo Arryn.

Los secretos de los Exo.

Las grandes casas.

Los Arcanos.

Las Hermanas Oscuras.

Antea Solaris deja de ser un margen.

Se convierte en un nodo.

Un lugar donde diferentes épocas empiezan a rozarse.

El último Estirpe

La Pureza no recupera únicamente personajes procedentes del pasado de la Vía Láctea.

También vuelve a Exodus.

Mucho antes de los acontecimientos principales de Leyendas del Sol Negro, los Kheb exterminaron a sus antiguos enemigos Estirpe en la Batalla de Utapain.

La historia aseguró que ninguno sobrevivió.

Era falso.

Uno escapó.

Revar.

Un Maestro Estirpe.

El último representante de un linaje nacido con Jorah, hijo de Isabella Kheb.

Durante siglos, Revar vaga consumido por el odio hacia los Kheb y por la certeza de que su pueblo fue condenado al olvido.

La Pureza recupera su historia.

Lo lleva más allá de las fronteras conocidas del Exodus.

Hasta Geiranger.

Hasta una caverna.

Y allí encuentra algo que cambiará su destino.

El Khabal

En las profundidades de Geiranger, Revar entra en contacto con una presencia.

No con un Kheb.

No con un Exo.

No con un Arconte.

Con algo diferente.

El Khabal.

Una fuerza que pertenece a una escala todavía mayor dentro del Continuus Nexus.

El encuentro de Revar con el Khabal constituye otra de las semillas fundamentales que La Pureza deja plantadas para las series posteriores.

El último Estirpe no era un callejón sin salida de Leyendas del Sol Negro.

Era un comienzo.

Aqueron vuelve

Cuando Vientos Estelares comienza sobre Aqueron, el lector comprende definitivamente qué clase de serie está leyendo.

Han pasado veinte años desde la Batalla de Al-Semanet.

El mundo de Mesías Rojo ha cambiado.

Kadosh envejece.

Su imperio existe.

Aqueron ha entrado en una nueva era.

Y el pasado vuelve para reclamarlo.

Rocamar sigue allí.

Sus ruinas todavía guardan secretos.

Las antiguas fuerzas que condicionaron la historia de Jonah Fox nunca desaparecieron del todo.

Y entre ellas permanece Abaddón.

Kadosh y Abaddón

Kadosh llega hasta Rocamar buscando respuestas.

También busca algo más.

Venganza.

Abaddón sabe utilizar ese deseo.

El antiguo Arconte comienza a ocupar un espacio cada vez mayor dentro de su conciencia.

Kadosh cree poder controlarlo.

Abaddón necesita a Kadosh.

Ambos creen estar utilizando al otro.

De esa unión surge Kadosh-Abaddón.

Una combinación extremadamente peligrosa entre el Mesías Rojo y una de las entidades que condicionaron la historia de Aqueron desde las primeras novelas del Continuus Nexus.

La transformación culmina con un crimen que cierra otra época.

Laertes llega demasiado tarde para salvar a su viejo amigo.

Y paga con su sangre.

Cinnia y Narfater

La historia de Aqueron sigue respirando también a través de Cinnia y Narfater.

Ambas pertenecen a una tradición mucho más antigua que los imperios humanos.

Igigi.

Arcontes.

Urushdaur.

Posesión.

Memoria.

Carne convertida en recipiente.

Aquellos conceptos que parecían pertenecer únicamente al pasado de Aqueron encuentran nuevas correspondencias en las amenazas de La Pureza.

Las palabras son diferentes.

Las formas cambian.

Pero la semejanza empieza a resultar demasiado grande para ser casual.

Los Arcanos regresan

Leyendas del Sol Negro había mostrado una civilización parasitaria capaz de utilizar cuerpos humanos como fundas.

Los Arcanos.

La humanidad de Exodus casi desapareció bajo su dominio.

En La Pureza aparecen nuevamente.

Riela se convierte en una de las figuras fundamentales de esa amenaza.

Los dominios Médici empiezan a ser infiltrados.

Los cuerpos humanos pueden seguir caminando.

Hablando.

Gobernando.

Pero aquello que habita dentro ya no es humano.

La guerra vuelve a dejar de ser únicamente política.

Ya no importa quién gobierna una casa.

Importa saber si quien ocupa el trono sigue perteneciendo a la especie humana.

Lys y Baalfegor

Otra gran línea nace alrededor de Lys.

Suma Sacerdotisa de las Hermanas del Camino.

Personaje íntimamente unido al pasado de Silas.

Su destino acaba ligado a Baalfegor.

La historia religiosa del Khaos deja entonces de ser solamente teología.

Los nombres pronunciados durante milenios en templos, rituales y textos sagrados empiezan a adquirir cuerpos, voluntades y objetivos.

Lo que los hombres llamaban demonios puede no ser exactamente un demonio.

Lo que llamaban dios quizá nunca fue divino.

La Pureza destruye progresivamente la frontera entre religión, historia, biología y cosmología.

Khotor, Axia y el verdadero origen del Kurgán

Una de las grandes revelaciones de la saga llega cuando regresa otra figura de Leyendas del Sol Negro.

Khotor.

El viejo androide de Deckard.

Su destino había quedado unido al de Axia.

Padre e hija.

Origen y copia.

Dos conciencias mecánicas que terminan formando una nueva entidad.

Khotor-Axia.

Ka.

Tras atravesar el tiempo y sobrevivir a la destrucción del viejo Sistema Solar, esa conciencia inicia otro proyecto.

Encuentra un planeta extremo.

Una mitad abrasada.

Otra congelada.

Y entre ambas, una franja de crepúsculo permanente.

Khotor lo bautiza:

Kurgán.

Allí comienza a experimentar.

A estudiar.

A preparar.

A construir.

El mundo que miles de años después sería considerado origen de una religión humana había sido tocado desde sus cimientos por una inteligencia cuya historia procedía del Exodus.

Una vez más, La Pureza demuestra que ninguna de las historias anteriores estaba realmente separada.

El Kurgán y el pecado original de la Cofradía

Cuando Silas y Samael terminan regresando al Kurgán descubren que gran parte de la historia religiosa transmitida durante milenios estaba incompleta.

La Cofradía de Inquisidores no conservaba intacta la doctrina original.

El poder Kish había reescrito parte del pasado.

El Elixir utilizado para transformar a los Inquisidores tenía también una historia oculta.

Aquello que durante generaciones había sido denominado herejía podía contener una verdad anterior al propio Dogma.

El enfrentamiento entre ortodoxia y herejía deja entonces de ser una discusión religiosa.

Es una batalla por controlar la memoria de la humanidad.

Silas y la transformación

El Kurgán necesita a Silas.

Su genética inquisitorial.

Su resistencia.

Su adaptación.

Todo aquello que durante su vida lo convirtió en un monstruo para los hombres corrientes pasa a ser considerado material para una nueva etapa de evolución.

Silas debe elegir.

Permanecer como es.

O someterse a una transformación irreversible destinada a crear algo nuevo.

La elección no consiste en alcanzar poder.

Consiste en decidir cuánto de sí mismo está dispuesto a sacrificar para que otros puedan sobrevivir.

La respuesta prepara directamente una de las grandes fuerzas militares de las historias posteriores.

Los nuevos Tercios.

Samael deja de ser el Hereje

Mientras Silas acepta su propio destino, Samael regresa a Hermón.

Pero ya no vuelve como un proscrito.

Lleva consigo una revelación.

El Kurgán.

El Elixir.

Armas.

Tecnología.

Conocimiento.

Y una condición.

La Cofradía debe abandonar la interpretación histórica impuesta por el Kish.

Debe regresar a una raíz más antigua.

Hermón se convertirá en la Décima Tercera Estrella Repujada.

Y Samael exige el mando.

El hombre conocido durante generaciones como el Hereje termina sentándose en el trono del Consejo.

Inquisidor Supremo.

La paradoja queda completada.

La herejía se convierte en nuevo dogma.

Los nueve libros de La Pureza

  1. Maestro Inquisidor. La entrada en la Vía Láctea postimperial. Silas recorre una galaxia fragmentada mientras el lector conoce la Cofradía, las Hermanas del Camino, el Dogma, las grandes casas, Sofía Médici, Sinuhé y los primeros horrores que anuncian que algo antiguo está regresando.
  2. Dogma y Herejía. Amplía el pasado de Samael y Silas, profundiza en la rivalidad entre Médici y Sforza y abre definitivamente el misterio de Continuus. Dave Sforza entra en la historia y su encuentro con Sofía convierte una enemistad dinástica en una trama destinada a alterar el sector Orión.
  3. Líneas de Sangre. Antea Solaris adquiere protagonismo y el concepto de linaje se convierte en una de las claves de la saga. La historia regresa además a Jeor Arryn y a la Guerra del Axia, demostrando que la Vía Láctea conservaba una historia humana mucho más larga de lo que creían los habitantes de Exodus.
  4. Ecos en la Eternidad. Reconstruye los últimos momentos de la Guerra del Axia, la huida de Jeor Arryn, la supervivencia de Eva y Atreo y el nacimiento de la humanidad post-Axia. Atreo encuentra la Exonave y desaparece a través del tiempo, iniciando la convergencia definitiva con el presente de La Pureza.
  5. Dioses Oscuros. Las líneas anteriores empiezan a entrelazarse abiertamente. Revar, último Estirpe, regresa desde el pasado de Exodus; Atreo Arryn aparece en Antea Solaris; Lys se acerca al destino que la vinculará con Baalfegor y Kadosh comienza a caminar hacia Rocamar bajo la influencia de Abaddón.
  6. Vientos Estelares. Aqueron entra directamente en La Pureza. Laertes sigue a Kadosh hasta las ruinas de Rocamar y descubre demasiado tarde el alcance de la posesión. El Mesías Rojo y Abaddón comienzan a convertirse en una sola fuerza mientras antiguos nombres como Cinnia y Narfater regresan al tablero.
  7. La Luna Verde. El presente postimperial se cruza con revelaciones de escala mucho mayor. Wotan Daneron reaparece desde el legado Exo, Atreo se convierte en una pieza central de la convergencia, Revar alcanza al Khabal y la infiltración arcana transforma las luchas políticas de las grandes casas en una amenaza contra toda la humanidad.
  8. Hermanas Oscuras. La guerra se extiende. Las fuerzas de Lys-Baalfegor y las Hermanas Oscuras avanzan mientras se revela la historia de Khotor-Axia y el verdadero origen remoto de Kurgán. El pasado de Leyendas del Sol Negro comienza así a explicar una de las instituciones fundamentales del presente de La Pureza.
  9. La Cruzada del Kurgán. Las semillas plantadas durante toda la serie germinan. Kadosh-Abaddón despierta de nuevo a Aurantia y abre el camino hacia otra línea espacio-temporal; Dave y Sofía convierten su unión en un acontecimiento político; Silas acepta su transformación; Samael conquista el liderazgo de la Cofradía y Hermón se convierte en la Décima Tercera Estrella Repujada. El tablero queda preparado para la siguiente saga.

La Pureza y Crónicas de Aqueron

La relación entre ambas series no consiste en que una sea simplemente el futuro de la otra.

Son líneas espacio-temporales diferentes.

Eso es esencial.

Aqueron posee su propia historia.

Su propia Tierra.

Sus propias catástrofes.

La Vía Láctea de La Pureza posee otra.

Pero el Continuus Nexus permite que ambas dejen de estar aisladas.

Los Arcontes pueden atravesar esos límites.

Los Exo conocen rutas que los humanos apenas comprenden.

Las tecnologías de los Constructores operan sobre principios capaces de perforar la linealidad del tiempo.

Y personajes nacidos en una historia pueden terminar condicionando otra.

La Pureza y Leyendas del Sol Negro

La conexión con Leyendas del Sol Negro es igualmente profunda.

Jeor Arryn.

Atreo.

Eva.

Khotor.

Axia.

Wotan.

Revar.

Los Estirpe.

Los Exo.

Las Tumbas Estelares.

La Exonave.

El Sol Negro.

Elementos que parecían pertenecer exclusivamente a Exodus comienzan a reaparecer en una Vía Láctea separada por miles de años.

La diferencia es que ahora el lector conoce ambos lados de la historia.

Los personajes, no.

Ahí reside gran parte de la tragedia.

La Pureza y Mesías Rojo

La herencia de Mesías Rojo vuelve a través de Kadosh.

Pero Kadosh ya no es el joven que comenzó su ascenso en Aqueron.

Ha gobernado.

Ha combatido.

Ha envejecido.

Ha perdido.

Y una de esas pérdidas abre la grieta que Abaddón necesita.

Lo que comenzó en las ruinas de Rocamar miles de años antes vuelve a manifestarse alrededor del Mesías Rojo.

Aqueron no había terminado su historia.

Simplemente estaba esperando.

Por qué La Pureza es la serie central del Continuus Nexus

Las primeras sagas hacen preguntas.

La Pureza empieza a relacionar las respuestas.

¿Quiénes eran los Constructores?

Los Exo.

¿Qué era la anomalía que permitió escapar a Jeor Arryn?

Parte de una tecnología y de una arquitectura espacio-temporal que lo trasciende.

¿Murió realmente toda la humanidad de la Vía Láctea?

No.

¿Desaparecieron los Estirpe?

No.

¿Habían sido derrotados definitivamente los Arcanos?

No.

¿Eran los dioses de Aqueron meramente superstición?

No exactamente.

¿Era el Dogma de La Pureza una verdad inmutable?

Tampoco.

Cada certeza se convierte en una puerta hacia una pregunta mayor.

El Continuus Nexus deja de ser una teoría

En las primeras series, el Nexus podía percibirse a través de fenómenos.

La Brecha.

Las Tablas.

Las Anomalías Estelares.

Las Tumbas.

Los saltos.

Las desapariciones.

En La Pureza, el concepto empieza a adquirir una estructura reconocible.

Existe Continuus.

Existe el Nexo.

Existen tecnologías capaces de atravesarlo.

Existen seres que conocen algunas de sus reglas.

Y existen líneas espacio-temporales que pueden tocarse.

La historia deja de ser una sucesión de universos independientes.

Empieza a convertirse en una red.

Los cimientos de las series futuras

La importancia de La Pureza no termina en sus nueve novelas.

Su función es también preparar lo que vendrá después.

El Khabal.

Los nuevos Tercios.

La transformación de Silas.

La nueva Cofradía de Samael.

La unión política de Sforza y Médici.

La expansión de la amenaza arcana.

Lys-Baalfegor.

Kadosh-Abaddón.

Revar.

Wotan.

Los Exo.

El Kurgán.

La Exonave.

La naturaleza de las líneas espacio-temporales.

Cada una de esas piezas está colocada deliberadamente para que las historias posteriores puedan crecer sobre ellas.

La Pureza no cierra el Continuus Nexus.

Construye sus cimientos.

De La Pureza a Khaos y Oscuridad

La última novela, La Cruzada del Kurgán, no pretende ofrecer un final cerrado.

Hace exactamente lo contrario.

Samael ha dejado de ser el Hereje.

La Cofradía vuelve a levantar ejércitos.

Silas ha aceptado convertirse en algo nuevo.

El Kurgán se prepara.

Las grandes casas empiezan a reagruparse.

Los Arcanos avanzan en silencio.

Aqueron vuelve a abrir puertas que debieron permanecer cerradas.

Kadosh y Abaddón marchan hacia otra realidad.

Revar ha encontrado al Khabal.

Y fuerzas mucho mayores que cualquier imperio humano han empezado a mover sus piezas.

Por eso la historia continúa en Khaos y Oscuridad.

La Pureza termina exactamente donde debe hacerlo:

en el instante anterior a una nueva era.

La Pureza dentro del Continuus Nexus

La Pureza es una saga de ciencia ficción oscura, space opera, horror cósmico, intriga dinástica, religión, ingeniería genética y guerra interestelar.

Pero reducirla a esos géneros sería quedarse en la superficie.

Su verdadero tema es la memoria.

Qué recuerda una civilización.

Qué olvida.

Qué transforma en religión.

Qué convierte en mito.

Y qué ocurre cuando alguien encuentra, miles de años después, la verdad que estaba enterrada debajo.

Jeor Arryn huyó creyendo que dejaba un cementerio.

Detrás de él quedó una humanidad.

Aquella humanidad levantó imperios.

Los vio caer.

Olvidó sus orígenes.

Convirtió la historia en religión.

Y dieciocho mil años después, un hijo de Jeor regresó a ella atravesando el tiempo.

En otra realidad, Kadosh escucha la voz de un Arconte.

En Exodus, el último Estirpe encuentra al Khabal.

En Continuus, Wotan vigila desde una Tumba Estelar.

En Hermón, Samael reconstruye una Cofradía.

Y detrás de todos ellos permanecen los Exo.

Los mismos seres a los que otros hombres, en otro mundo y otro tiempo, llamaron Constructores.

Esa es la verdadera dimensión de La Pureza.

No es únicamente la historia de una galaxia después de la caída de un imperio.

Es el momento en que el Continuus Nexus empieza a recordar que todas sus historias pertenecen a algo mucho mayor.

Y cuando el universo recuerda…

los hombres suelen descubrir que sus dioses también tienen miedo.