Kadosh había pasado buena parte de su existencia combatiendo precisamente aquello en lo que terminaría convirtiéndose.
Había sido el Mesías Rojo de Aqueron, el muchacho llegado desde las estrellas cuyo origen permaneció oculto durante buena parte de su juventud, el guerrero alrededor del cual se reunieron pueblos enfrentados y el soberano que extendió su Yihad mucho más allá del mundo donde Noah lo había encontrado siendo apenas un niño. Sin embargo, detrás de aquella figura profética existía desde el principio una arquitectura genética mucho más compleja que cualquier religión de Aqueron podía comprender.
Kadosh era un clon creado a partir de una combinación extraordinaria de linajes humanos y herencias vinculadas a los Arcontes. Su sangre lo relacionaba con Abramantes, último gran emperador humano de aquella línea espacio-temporal, y a través de esa dinastía con Crosaurius, Jonah Fox y una genealogía que atravesaba milenios. Aquella misma naturaleza lo convirtió en un ser excepcionalmente poderoso, pero también en un receptáculo singular para una entidad que llevaba eones buscando regresar.
Su nombre era Abaddón.
De aquella unión surgiría Kadosh-Abaddón, una de las figuras más oscuras y trágicas de Khaos y Oscuridad: no un simple demonio, ni un hombre completamente corrompido, sino dos voluntades obligadas a compartir la misma carne, unidas inicialmente por un objetivo común y destinadas finalmente a odiarse dentro del mismo cuerpo.
Quién es Kadosh-Abaddón en Khaos y Oscuridad
Kadosh-Abaddón es la identidad con la que se conoce al Mesías Rojo después de aceptar la presencia del Arconte Abaddón en su cuerpo.
La posesión no elimina inmediatamente a Kadosh. Este conserva conciencia, memoria, capacidad de decisión y suficiente dominio sobre su propio organismo como para discutir con el Arconte, limitar algunas de sus acciones e incluso impedirle en determinados momentos acceder plenamente a los sentidos o controlar determinados procesos corporales.
Abaddón tampoco es una simple voz imaginaria surgida de la mente atormentada del Mesías. Es una entidad real, una conciencia arconte superviviente cuya existencia precede largamente a la vida de Kadosh y que ya había desempeñado un papel fundamental en épocas anteriores del Continuus Nexus.
Ambos comparten el cuerpo, pero no comparten siempre los mismos deseos.
Ese conflicto interno constituye la esencia de Kadosh-Abaddón.
El verdadero origen de Kadosh
Para comprender por qué Abaddón encuentra en Kadosh un huésped tan extraordinario hay que retroceder hasta el origen del Mesías Rojo.
Kadosh no nace de manera convencional. Es un clon, producto de un antiguo proyecto genético relacionado con Nemeron y con la restauración de una línea imperial que hundía sus raíces en Abramantes.
Su genética combina la herencia del último emperador humano de aquella línea espacio-temporal con componentes relacionados con los Arcontes. Este diseño explica en parte las capacidades extraordinarias que manifiesta desde la infancia y la compatibilidad con determinadas tecnologías antiguas.
La genealogía imperial de Abramantes procede, a su vez, de Crosaurius y termina conectando con Jonah Fox y Freya, supervivientes de una edad mucho más antigua. Kadosh es, por tanto, el resultado de una cadena genética que atraviesa buena parte de la historia del Continuus Nexus.
No es simplemente un elegido profético.
Fue diseñado.
El Proyecto Mesías Rojo
La aparición de Kadosh en Aqueron tampoco fue un acontecimiento completamente espontáneo.
Detrás de su llegada existía el llamado Proyecto Mesías Rojo, concebido para proporcionar a una humanidad sometida una figura capaz de convertirse simultáneamente en líder político, guerrero y símbolo religioso.
El niño llega a Aqueron dentro de una cápsula y termina siendo encontrado por Noah. Crece entre pueblos que desconocen su verdadero origen y acaba encajando progresivamente en las antiguas profecías conservadas por la tradición Neo-Menoch.
La religión interpreta sus capacidades como signos del Mesías Rojo.
Kadosh acaba convirtiéndose en aquello que aquellos pueblos esperaban.
Pero la ciencia y la ingeniería genética se encontraban detrás de una parte de ese milagro.
Esa dualidad —profecía y diseño, religión y genética— acompañará al personaje durante toda su existencia.
Charlize, la herida que Abaddón utiliza
El punto de ruptura de Kadosh no se encuentra en su genética.
Se encuentra en Charlize.
La muerte de la mujer a la que ama destruye algo en el Mesías Rojo que ninguna victoria posterior consigue reparar. Kadosh gobierna, combate, amplía su poder y continúa convertido en una figura casi divina para sus seguidores, pero la pérdida permanece dentro de él.
Y detrás de aquella muerte se encuentra Baalfegor.
El deseo de encontrarlo y destruirlo se convierte progresivamente en obsesión.
Abaddón comprende esa debilidad.
No necesita convencer a Kadosh mediante promesas de riqueza, imperios o inmortalidad.
Le basta con ofrecerle una cosa.
Venganza.
Abaddón después de su muerte
Abaddón había perdido anteriormente su forma física, pero la destrucción de un cuerpo no supone necesariamente la destrucción de un Arconte.
Su esencia continúa existiendo.
El propio Abaddón explica su supervivencia mediante el Urushdaur, el oscuro mecanismo relacionado con la capacidad de estas entidades para persistir, ocupar nuevos receptáculos y prolongar su existencia mucho más allá de la muerte física.
Durante un tiempo permanece como presencia incorpórea, moviéndose por dimensiones que Kadosh apenas puede comprender.
Finalmente encuentra al Mesías Rojo.
Y empieza a hablarle.
Las primeras voces de Abaddón
Cuando Kadosh comienza a escuchar al Arconte, todavía conserva plena conciencia de estar tratando con aquello que siempre había considerado una abominación.
Sabe quién es Abaddón.
Conoce lo que los Arcontes representan.
Sabe que aceptar cualquier pacto con uno de ellos contradice buena parte de aquello por lo que había luchado.
Sin embargo, Abaddón conoce la única palabra capaz de romper sus defensas.
Baalfegor.
El Arconte le asegura que puede conducirlo hasta el responsable de la muerte de Charlize y enseñarle a romper las barreras existentes entre diferentes líneas espacio-temporales.
Kadosh podría morir sin encontrar jamás al enemigo que busca.
O podría aceptar ayuda.
El Mesías elige la segunda posibilidad.
El pacto entre Kadosh y Abaddón
El acuerdo inicial es aparentemente sencillo.
Abaddón ayudará a Kadosh a encontrar a Baalfegor y vengar a Charlize.
Kadosh permitirá al Arconte permanecer con él y utilizar su poder para alcanzar ese objetivo.
Abaddón también posee una deuda personal con Baalfegor, a quien considera un traidor incluso entre los propios seres de su estirpe.
Los dos quieren al mismo enemigo.
Pero sus razones son diferentes.
Kadosh quiere venganza por Charlize.
Abaddón quiere ajustar cuentas con uno de sus hermanos oscuros.
Aquello que empieza como alianza terminará convertido en una prisión compartida.
¿Posesión o asociación?
Esta diferencia resulta esencial dentro del canon.
Kadosh llama a lo ocurrido posesión.
Abaddón prefiere hablar de asociación.
La discusión no es meramente semántica.
Ninguna de las dos conciencias ha desaparecido.
Kadosh puede hablar internamente con Abaddón, interrogarlo, desafiarlo y desconfiar abiertamente de él. El Arconte intenta manipularlo, pero tampoco consigue dominar por completo a su huésped.
Ambos comparten recuerdos, percepciones y capacidades en distintos grados.
Abaddón aporta conocimientos de otras líneas espacio-temporales, experiencia arconte y una comprensión mucho mayor del Khabal y de las amenazas existentes más allá de la realidad conocida por Kadosh.
El Mesías aporta el cuerpo, su extraordinaria genética, su autoridad política y una fuerza de voluntad que termina siendo mucho más importante de lo que Abaddón esperaba.
Kadosh-Abaddón es, por tanto, una convivencia hostil.
El regreso del Mesías Oscuro
La transformación modifica profundamente el equilibrio de poder en Aqueron.
Kadosh vuelve ante sus antiguos seguidores siendo todavía reconocible como su Mesías, pero convertido en algo mucho más inquietante.
Los Neffut, guerreros de élite vinculados durante generaciones a las tradiciones aramitas y a la defensa del orden de Kadosh, se enfrentan entonces a una contradicción que habría sido imposible pocos años antes.
Su señor, aquel que había combatido a los Arcontes, exige ahora que acepten una transformación vinculada precisamente a ese poder.
Las viejas leyes que condenaban a Igigis, lulus y otras criaturas contaminadas empiezan a quebrarse.
La autoridad del Mesías se impone a la tradición.
La transformación de los Neffut
Kadosh-Abaddón exige a los Neffut someterse a una transformación que aumenta sus capacidades, pero también cambia su naturaleza.
Los guerreros terminan convirtiéndose en Igigi vinculados al nuevo orden.
Lo que para Abaddón forma parte de la estructura natural del poder arconte representa para los antiguos Neffut una traición a siglos de creencias.
Sin embargo, obedecen.
La razón no es únicamente devoción.
También existe miedo.
El Kadosh que regresa ya no inspira solamente reverencia religiosa; posee una oscuridad capaz de convertir cualquier disidencia en sentencia de muerte.
El Mesías Rojo empieza a convertirse en algo que sus propios seguidores apenas reconocen.
Cinnia y Narfater
La nueva realidad también altera la posición de figuras que anteriormente habrían sido consideradas enemigos naturales.
Cinnia y Narfater, reinas dragón vinculadas a la estirpe Igigi, ocupan posiciones de poder junto a Kadosh-Abaddón debido a las alianzas tejidas durante la guerra contra los Reyes Dragón.
Su presencia representa una ruptura evidente con el antiguo dogma.
Criaturas que en otra época habrían sido perseguidas pueden convertirse ahora en aliadas si sirven a los intereses del nuevo orden.
Para Kadosh-Abaddón, la utilidad empieza a imponerse a la pureza doctrinal.
Aurantia vuelve a despertar
Otro elemento fundamental del poder de Kadosh-Abaddón es Aurantia.
La gigantesca astronave-ciudad estaba íntimamente ligada a la historia imperial de Abramantes y al linaje que Kadosh porta en su sangre.
Su genética funciona como llave.
El cuerpo del Mesías permite activar sistemas que no responderían a cualquier otro individuo.
Abaddón, por su parte, aporta conocimientos capaces de devolver energía y utilidad a estructuras que parecían condenadas al silencio.
La combinación entre ambos convierte a Aurantia nuevamente en una de las máquinas de guerra más formidables de su época.
Aquello que había servido anteriormente para destruir imperios vuelve a quedar bajo el mando de un Mesías que ya comparte su cuerpo con uno de los seres que había jurado combatir.
El salto hacia otra realidad
La búsqueda de Baalfegor lleva a Kadosh-Abaddón más allá de Aqueron.
Mediante Aurantia y los conocimientos relacionados con el Nexo, la expedición consigue atravesar las barreras espacio-temporales y alcanzar otra línea de realidad.
Este paso resulta fundamental dentro del Continuus Nexus porque Kadosh deja de ser únicamente una figura relacionada con la antigua historia de Aqueron.
Se convierte en viajero entre realidades.
Abaddón conoce la existencia de múltiples líneas espacio-temporales y comprende que el Nexo puede actuar como entrada o salida hacia realidades distintas.
Sin embargo, incluso él reconoce que existen cosas más allá de su conocimiento.
El Arconte sabe mucho.
No lo sabe todo.
Jericó y el sector Fornax
En Khaos y Oscuridad, Kadosh-Abaddón aparece establecido en Jericó, un mundo desértico situado en el sector Fornax.
Han transcurrido once años estándar desde su llegada.
Jericó es un planeta escasamente habitado, marcado por desiertos anaranjados y ocres, agrestes estribaciones y restos de una antigua terraformación. Allí, Kadosh-Abaddón comienza a construir un nuevo dominio mientras Aurantia permanece como una presencia gigantesca sobre el planeta.
El nombre del mundo posee además una carga simbólica que el propio Kadosh percibe.
Otra Jericó.
Otra conquista.
Otro pueblo convencido de haber alcanzado una tierra prometida.
Pero esta vez quien levanta el nuevo reino es un mesías que comparte su alma con un Arconte.
La Galaxia Prometida
El proyecto de Kadosh-Abaddón en Fornax no se limita a sobrevivir.
Aspira a construir un nuevo dominio.
El concepto de Galaxia Prometida aparece alrededor de esa voluntad de expansión y reconstrucción, mezclando el mesianismo heredado de Kadosh con la lógica imperial de Abaddón.
El resultado vuelve a mostrar la contradicción fundamental del personaje.
Kadosh había sido un libertador.
Ahora levanta un nuevo poder mediante tropas transformadas, sometimiento y una maquinaria militar gigantesca.
Su antiguo ideal de salvación empieza a parecerse demasiado a aquello contra lo que había luchado.
Los Elegidos
En Jericó, los seguidores de Kadosh-Abaddón reciben el nombre de los Elegidos.
Son una élite nacida de la transformación de los antiguos Neffut y de su convergencia con la naturaleza Igigi asociada al poder de Abaddón.
La expresión no es casual.
Kadosh había vivido rodeado de profecías, títulos mesiánicos y relatos sobre destinos predeterminados. En su nuevo dominio, ese lenguaje continúa existiendo, pero ahora se encuentra unido al sistema jerárquico propio de los Arcontes.
La profecía se transforma en disciplina imperial.
La devoción, en obediencia.
Kadosh y Abaddón siguen siendo dos conciencias
Aunque exteriormente la figura sea denominada Kadosh-Abaddón, sus conversaciones internas demuestran constantemente que no existe una voluntad única.
Kadosh sigue preguntando.
Abaddón sigue ocultando.
El primero quiere saber por qué los Exo intervienen contra ellos y qué existe realmente detrás de la guerra entre el Exo y el Khabal.
El segundo proporciona respuestas parciales, muchas veces condescendientes y siempre calculadas.
Kadosh sospecha que su huésped quiere utilizarlo para fines mucho mayores que la venganza prometida.
Abaddón insiste en que sus intereses no pasan simplemente por conquistar una galaxia.
La desconfianza nunca desaparece.
El enfrentamiento con los Exo
El viaje de Kadosh-Abaddón también lo pone frente a fuerzas vinculadas a los Exo.
Aurantia llega a enfrentarse a una Tumba Estelar, lo que demuestra que el conflicto alrededor de Kadosh ya ha dejado de pertenecer exclusivamente a Aqueron, los Arcontes o las antiguas guerras humanas.
Abaddón identifica a los Exo como enemigos atávicos y relaciona su presencia con acontecimientos que superan incluso la venganza contra Baalfegor.
Kadosh empieza entonces a comprender que el universo que creía conocer era solamente una fracción de una estructura mucho mayor.
La guerra entre los Arcontes y sus adversarios pertenece a una escala en la que incluso los imperios humanos pueden ser poco más que herramientas.
El pacto comienza a romperse
Con el paso de los años, la convivencia se deteriora.
Kadosh empieza a revisar las decisiones tomadas desde que aceptó al Arconte.
La destrucción.
Las guerras.
Los seguidores transformados.
La sangre derramada.
La muerte de personas próximas.
Y la promesa que justificaba todo aquello continúa incumplida.
Baalfegor sigue vivo.
La venganza no llega.
Kadosh comprende progresivamente que ha permitido que su dolor se convierta en instrumento de otra voluntad.
La muerte de Laertes
Una de las heridas que más pesa sobre Kadosh es la muerte de Laertes.
Abaddón reconoce haber guiado su mano, pero también recuerda al Mesías una verdad más incómoda: Kadosh deseaba vengarse y, en aquel momento, estaba dispuesto a superar cualquier límite.
Esa acusación resulta fundamental.
Kadosh no puede atribuir toda la responsabilidad al Arconte.
Abaddón lo manipuló.
Pero encontró dentro del Mesías algo que ya existía.
Odio.
Dolor.
Deseo de venganza.
La posesión no crea desde cero la oscuridad de Kadosh.
La utiliza.
El cuerpo comienza a envejecer
Cuando Kadosh empieza a resistirse, la rebelión adquiere una dimensión física.
Deja que su cuerpo vuelva a envejecer.
Abaddón se alarma porque Kadosh ya no le permite ejercer el mismo control sobre el organismo compartido.
La longevidad extraordinaria de aquella unión depende, por tanto, de un equilibrio que el huésped todavía puede alterar.
Esta capacidad revela hasta qué punto Abaddón había subestimado la voluntad del hombre al que pretendía utilizar.
El Arconte puede habitarlo.
No puede poseerlo completamente.
Kadosh renuncia a la venganza
Finalmente llega el momento que destruye el pacto.
Kadosh admite que quizá ya no quiera encontrar a Baalfegor.
Después de años de guerra comprende que la venganza prometida no ha terminado con el dolor.
Solo lo ha multiplicado.
Cada enemigo destruido ha generado otro.
Cada victoria ha dejado nuevas tumbas.
Cada campaña ha alejado al Mesías de aquello que había sido.
Por primera vez, Kadosh contempla una salida que Abaddón no había previsto.
No derrotar al Arconte mediante otra guerra.
Negarle el cuerpo.
La rebelión final contra Abaddón
Kadosh empieza a privar a Abaddón de determinadas percepciones y reduce progresivamente su capacidad para controlar el cuerpo.
El Arconte comprende que algo está ocurriendo.
Le recuerda que, una vez admitido, no puede simplemente abandonar el huésped.
Kadosh ya lo sabe.
Precisamente por eso su solución es tan radical.
No pretende expulsarlo.
Pretende destruir el receptáculo.
La muerte de Kadosh-Abaddón
En El Señor de Orión, Kadosh alcanza finalmente el límite de su convivencia con el Arconte.
Declara que está cansado de vivir, cansado de soportar a Abaddón y cansado de ser responsable de más dolor.
Entonces camina hasta el borde de una gran torre de Fornax.
Cinnia y Nicodemo observan desde las sombras.
Kadosh se arroja al vacío.
La torre supera los dos klicks de altura.
Mientras cae, siente algo que llevaba años sin experimentar:
libertad.
Abaddón, atrapado en aquel mismo cuerpo, comprende finalmente lo que el Mesías ha hecho y le suplica que se detenga.
Por una vez, el Arconte tiene miedo.
Kadosh continúa cayendo.
La última victoria del Mesías Rojo
El final resulta profundamente irónico.
Kadosh había aceptado a Abaddón porque quería vengarse de Baalfegor.
Había buscado durante años una victoria exterior.
Ejércitos.
Mundos.
Aurantia.
Igigis.
Nuevos dominios.
Pero su verdadera venganza termina siendo otra.
Recuperar la capacidad de decidir sobre sí mismo.
Abaddón podía manipular su dolor.
Podía utilizar su odio.
Podía compartir su cuerpo.
Pero no podía impedir que Kadosh escogiera destruirlo antes que continuar sirviendo como recipiente.
En el último momento, la última decisión vuelve a pertenecer al humano.
El legado genético de Kadosh
Sin embargo, la muerte física no borra todo lo que Kadosh representó.
La Semilla Genética de Kadosh continúa existiendo y es conservada como una reliquia de enorme valor por quienes desean preservar o recuperar su poder.
Su código contiene la herencia del Mesías Rojo, la línea de Abramantes, la antigua sangre procedente de Crosaurius y componentes relacionados con los Arcontes.
Para los seguidores que sobreviven, Kadosh no es simplemente un emperador muerto.
Es una posibilidad de regreso.
En Herederos de un Imperio, esa semilla se convierte nuevamente en objeto de lucha, demostrando que incluso después de su caída la genética del Mesías continúa condicionando el futuro.
¿Qué queda de Abaddón?
La respuesta es deliberadamente más compleja.
Los Arcontes no obedecen las mismas reglas que los seres humanos y la destrucción de un cuerpo no siempre equivale a la desaparición definitiva de su esencia.
Además, acontecimientos posteriores vuelven a relacionar el legado de Kadosh y Abaddón con otros personajes y linajes.
En Eternum, La Conjunción Infernal, Dave llega incluso a afirmar que ambos están en él.
La frase abre nuevas implicaciones sobre genética, memoria, herencia espiritual y continuidad arconte, pero conviene mantenerla dentro de sus límites: es una afirmación del propio personaje y su significado completo pertenece a las revelaciones posteriores del Continuus Nexus.
Kadosh-Abaddón no es Abaddón reencarnado sin más
Esta distinción resulta imprescindible para comprender correctamente al personaje.
Kadosh-Abaddón no es simplemente Abaddón utilizando un cuerpo sin voluntad.
Tampoco es Kadosh adquiriendo poderes arcontes sin consecuencias.
Y no constituye una nueva personalidad homogénea nacida de la desaparición de ambas anteriores.
Es una cohabitación conflictiva entre dos conciencias.
Durante esa convivencia, una puede condicionar a la otra, pero ninguna consigue borrar completamente a su adversaria.
Esa diferencia explica todas las contradicciones del personaje.
Puede construir un imperio mientras duda de aquello que está haciendo.
Puede ordenar transformaciones monstruosas mientras conserva culpa.
Puede perseguir a Baalfegor durante años y después decidir que la venganza ya no merece otra muerte.
Puede llamarse Kadosh-Abaddón y, finalmente, elegir morir como Kadosh.
Kadosh-Abaddón dentro de Khaos y Oscuridad
La importancia del personaje dentro de Khaos y Oscuridad no reside únicamente en su enorme poder.
Kadosh-Abaddón conecta directamente varias edades del Continuus Nexus.
La sangre de Jonah Fox.
Crosaurius.
Abramantes.
Nemeron.
El Proyecto Mesías Rojo.
Aqueron.
Charlize.
Baalfegor.
Los Arcontes.
Aurantia.
El Nexo.
Los Exo.
Fornax.
Los Elegidos.
Todos esos elementos convergen dentro de un mismo cuerpo.
Por eso Kadosh-Abaddón representa una de las grandes paradojas de la saga.
El hombre diseñado para convertirse en redentor termina acogiendo voluntariamente a una de las entidades que debía combatir.
El Mesías se transforma en Mesías Oscuro.
El libertador construye un nuevo dominio.
Los guerreros que combatían a los Igigi terminan convirtiéndose en Igigi.
La venganza que debía hacer justicia termina multiplicando el sufrimiento.
Y, al final, la única forma que Kadosh encuentra de recuperar aquello que había perdido consiste en renunciar al poder que pasó toda una vida acumulando.
Abaddón creyó que el dolor convertiría al Mesías Rojo en un recipiente eterno.
Su error fue olvidar que seguía compartiendo aquel cuerpo con un hombre.
Y cuando ese hombre decidió que ya había muerto demasiada gente en nombre de su venganza, ni siquiera un Arconte pudo impedirle elegir cómo terminar.
