Lore

El Seol: lugar de La Guerra de los Mil Tronos

Conoce El Seol: su historia, relaciones e importancia canónica en La Guerra de los Mil Tronos dentro del Continuus Nexus.

El Seol es una gran región de Ekron-Dagán caracterizada por rutas fronterizas, bastiones, enclaves tribales, mercados clandestinos y presencia de múltiples facciones.

En El Tercer Sacrificio, la expedición de Dante atraviesa sus caminos hacia Naraka. En La Caza y Hinom, la región ofrece a Salomé distancia respecto a Nod, pero también asesinos, Martel, Mordus, simonitas y pueblos capaces de vender cualquier secreto.

El Seol no es vacío sin ley. Posee reglas locales, rutas y memorias que el Neoimperio no controla plenamente. Su complejidad permite esconder a Acad y, al mismo tiempo, atraer a todos los poderes interesados en su sangre.

Apariciones y relaciones canónicas

Apariciones principales: El Tercer Sacrificio, La Caza y Hinom.

Relaciones conocidas: Naraka, Hinom, Martel, Mordus, Salomé, Acad y los cazadores.

Contexto canónico de El Seol

Y, por primera vez desde que había subido al Aqueronte, Carmen no estaba segura de si el mayor peligro que les esperaba estaba realmente en Naraka… o en la forma en que aquella mente naciente podría usar el placer como arma, como ritual, como puerta hacia algo mucho más vasto y devorador.

Escenario: Aproximación al Seol, corredor exterior de Bastión Martel Oriental. Cuaderna estelar: Ekron-Dagán. Cronología: año 11.745 estándar tras la Conjunción Infernal

Había pasado ya un día estándar a velocidad subluz desde que el Aqueronte y el viejo carguero simonita abandonaran Prana 72. El espacio alrededor se había vuelto cada vez más extraño, como si la propia estructura del vacío estuviera siendo comprimida por algo antiguo y hostil.

La nebulosa se extendía como un océano incandescente de gas hipercaliente. En algunos puntos el plasma se agitaba en lentos remolinos rojizos que parecían respirar, iluminando la negrura con destellos sanguíneos. Aquella región del espacio era conocida por todos los navegantes del sector. No solo por su radiación extrema, sino por el estrecho corredor de vacío que la atravesaba como una cicatriz.

Delante de ellos, el carguero oxidado avanzaba lentamente por el corredor de vacío. Su silueta oscura se recortaba contra el resplandor rojizo del Seol como un ataúd metálico arrastrándose hacia la boca de una tormenta.

Siempre había actividad. Siempre, mientras hablaban, el Seol se cerraba lentamente a su alrededor.