Lore

La Luna de Sangre: lugar de La Guerra de los Mil Tronos

Conoce La Luna de Sangre: su historia, relaciones e importancia canónica en La Guerra de los Mil Tronos dentro del Continuus Nexus.

La Luna de Sangre es un cuerpo artificial que orbita un gigante gaseoso en el extremo oriental de Ekron-Dagán. Su superficie contiene mares de sangre hirviente y enormes depósitos de Bexpar.

Bajo la corteza late una estructura sostenida de forma artificial. La luna amplifica deseos, miedo y ambición, extendiendo la Plaga Oscura entre los expedicionarios.

Su propósito es atrapar espíritus y atraer fuerzas mediante la promesa de recursos. Dante comprende que no puede conquistarse y Belisario ordena destruirla. El nombre pasa después a la legión que sobrevivió a la batalla.

Apariciones y relaciones canónicas

Apariciones principales: Prólogo de El Tercer Sacrificio.

Relaciones conocidas: Dante, Belisario, Bexpar, Plaga Oscura, Khabal y Legión Luna de Sangre.

Contexto canónico de La Luna de Sangre

Y la luz se extinguió. Afuera, el vacío del Eternum aguardaba, frío e indiferente, mientras dos hombres se preparaban para descender al corazón de la herejía.

ESCENARIO: Archipiélago de la Luna de Sangre. CUADERNA ESTELAR: Envar-Dagan, 10199 años estándar, tras la Conjunción

El descenso comenzó entre temblores. La patrullera anfibia se desprendió de los anclajes de la estación con un chirrido que resonó como el alarido de una máquina enferma. El casco, una amalgama de metal oxidado y placas de exo corroídas, se estremecía con cada impulso de los motores de retroceso. En su interior, el aire olía a aceite, sudor y miedo mal disimulado.

La nave se adentró en la capa de nubes con un estruendo que hizo temblar los dientes. Por un instante, la luz lo devoró todo, y luego vino la calma.

El océano azul oscuro se extendía bajo ellos, salpicado de manchas verdes. Las islas parecían fragmentos de un continente que alguna vez existió y fue devorado por el agua. La Luna de Sangre colgaba en el horizonte, enorme, teñida de un rojo apagado que se reflejaba sobre el mar.

Kynes no dijo nada. Estaba de pie, observando el cielo a través del cristal superior. El reflejo rojizo de la Luna de Sangre bañaba su rostro en una luz espectral. Sus tatuajes parecían absorberla.

El rōnin miró hacia el horizonte, donde la luna rojiza se alzaba sobre las montañas.

El silencio cayó sobre todos. La patrullera siguió avanzando, envuelta en la niebla. Y mientras el río los llevaba hacia el corazón de la isla, Esquilo comprendió que el descenso no había terminado. Solo había comenzado.