El Bexpar es un mineral energético detectado en cantidades extraordinarias en la Luna de Sangre. Su valor podría sostener generaciones y justifica el interés del Hegemón.
La promesa del recurso forma parte de la trampa. La luna artificial atrae una legión completa, científicos y cronistas, y luego utiliza la Plaga para corromperlos.
El Bexpar muestra cómo el Khabal explota las necesidades materiales de los imperios. No necesita ocultar por completo el peligro si ofrece una recompensa que el poder no puede permitirse ignorar.
Apariciones y relaciones canónicas
Apariciones principales: El Tercer Sacrificio.
Relaciones conocidas: Belisario, Dante, la Luna de Sangre, el Hegemón y el Khabal.
Contexto canónico de El Bexpar
Ese aislamiento comenzó a romperse con el descubrimiento del Bexpar, un mineral de enorme potencial energético. Gracias a él, la humanidad pudo desarrollar astronaves más avanzadas y, finalmente, en el siglo IV tras el Exodus, localizar la primera anomalía estelar permanente. Aquel hallazgo abrió las puertas a la red de anomalías y marcó el inicio de la expansión galáctica y de la terraformación de mundos en sistemas lejanos.
Así fue como Bastida Prime mutó. De mina fallida pasó a ser nodo comercial. De ciudad industrial, a refugio de mercaderes, piratas, exiliados y tratantes de bexpar. Bajo el amparo de la poderosa corporación minera Zorg, la estación se reinventó como el principal hub de comercio del sector, encrucijada entre rutas olvidadas y ambiciones voraces. En sus mercados oscuros se vendía desde cargamentos legales hasta contrabando de almas, y en sus callejones los ecos de las guerras lejanas se mezclaban con el humo de las refinerías.
La construcción en sí era una proeza de la ingeniería del crepúsculo. Bastida Prime se extendía como una cicatriz monumental entre dos grandes asteroides malformados, cuyas superficies grises estaban surcadas por cicatrices antiguas. Entre ellos colgaba la ciudad como una tela de araña metálica, suspendida en gravedad artificial. Las zonas de atraque en popa estaban cubiertas por centenares de miles de estructuras de metal oscuro, iluminadas por millones de mamparos vibrantes y luces estroboscópicas. La niebla era constante, alimentada por los humos tóxicos del bexpar refinado y la actividad febril de las factorías clandestinas. Era una ciudad que nunca dormía, pero sí moría a cada hora.
