Lore

Sinuhé: el mercader de Richard C020 y viejo compañero de Silas

Sinuhé es uno de los personajes recurrentes más singulares de La Pureza, la cuarta gran serie del Continuus Nexus. Anciano mercader estelar, superviviente de una catástrofe planetaria, propietario de la estación-asteroide Richard C020 y viejo amigo del Maestro Inquisidor Silas, comienza su participación en la historia como un comerciante pragmático, enriquecido entre las ruinas del Viejo Imperio, pero termina convertido en una pieza fundamental del pequeño grupo formado alrededor de Silas, Sofía Médici y Dave Sforza.

Su importancia no reside en poseer ejércitos, un linaje excepcional o poderes sobrenaturales. Sinuhé sobrevive gracias a una cualidad mucho más mundana y, en la galaxia posterior a la caída del Viejo Imperio, extraordinariamente útil: comprende cómo funciona el mundo cuando las grandes instituciones dejan de funcionar.

Sabe comerciar.

Sabe reparar.

Sabe negociar.

Sabe cuándo una promesa vale más que una moneda y cuándo una deuda puede sobrevivir durante décadas.

También entiende algo que muchos nobles, sacerdotes y guerreros olvidan: ningún imperio, ninguna casa y ningún dogma sirven de mucho cuando faltan combustible, alimentos, repuestos o una nave capaz de atravesar la oscuridad.

Por eso Sinuhé parece al principio un personaje secundario.

Y por eso acaba resultando imprescindible.

Quién es Sinuhé en La Pureza

Sinuhé es un comerciante humano nacido mucho antes del comienzo de los acontecimientos principales de La Pureza. En el año 311 después de la caída del Viejo Imperio afirma tener 119 años, aunque inicialmente redondea su edad a ciento veinte con la naturalidad de quien considera que, a esas alturas, un año más o menos apenas merece discusión.

Su longevidad debe situarse dentro de una época en la que las terapias genéticas, implantes, prótesis y restos tecnológicos del Viejo Imperio todavía permiten prolongar extraordinariamente determinadas vidas humanas, especialmente entre quienes poseen recursos suficientes para acceder a ellos.

No es inmortal.

No es un exomante.

No pertenece a una casta genéticamente trascendida.

Es un anciano humano que ha conseguido mantenerse vivo durante más de un siglo dentro de una galaxia que se desmorona.

Eso ya constituye una hazaña.

El aspecto de Sinuhé

La descripción canónica del personaje es especialmente precisa.

Sinuhé es extremadamente delgado, hasta presentar un aspecto casi cadavérico. Su espalda está curvada por la edad, tiene la cabeza completamente calva y luce una larga barba cana, puntiaguda y sin bigote.

Sus ojos son grises, profundos y envejecidos.

Su apariencia física transmite fragilidad, pero también una clase de antigüedad incómoda, como si aquel hombre hubiera sobrevivido demasiado tiempo a demasiadas cosas.

Su gusto por la ostentación contrasta deliberadamente con su cuerpo consumido. Viste una toga de seda verde bordada en plata, lleva joyas y brazaletes de oro, y luce un gran pendiente con una gema roja en la oreja izquierda.

Junto a él suele encontrarse otro elemento muy reconocible del personaje:

un enorme y gordo gato negro.

La imagen resume perfectamente a Sinuhé.

Un anciano huesudo rodeado de riqueza, sentado entre los restos de una edad muerta mientras acaricia a un animal que parece vivir mejor que la mayor parte de la humanidad.

Richard C020

El gran dominio de Sinuhé es Richard C020, una estación construida en el interior de un asteroide del Sector Orión.

No se trata de una instalación improvisada por el mercader.

Durante el Viejo Imperio había sido uno de los grandes nodos de su red de abastecimiento militar, una enorme infraestructura excavada mediante miles de kilómetros de túneles y dotada de dársenas, hospitales, talleres, almacenes, laboratorios, sistemas defensivos y gravedad artificial producida mediante rotación controlada.

En su época de esplendor podía albergar alrededor de cien mil habitantes permanentes y recibir una población flotante muchísimo mayor, mientras centenares de astronaves entraban y salían diariamente.

Todo aquello desapareció con el Imperio.

Las rutas comerciales colapsaron.

Los sistemas humanos quedaron aislados.

Las grandes redes logísticas dejaron de existir.

Richard C020 se fue vaciando hasta convertirse en una sombra de aquello que había sido.

Cuando Sinuhé la gobierna, la antigua ciudad espacial lleva aproximadamente un siglo prácticamente desierta.

Un hombre y un ejército de máquinas

La estación no está completamente abandonada porque Sinuhé ha sustituido gran parte de su antigua población por androides y sistemas automatizados.

Drones.

Mecánicos artificiales.

Sistemas de almacenaje.

Defensas automáticas.

Cruceros comerciales no tripulados.

Sinuhé gobierna un espacio diseñado originalmente para albergar cientos de miles de personas utilizando máquinas allí donde antes había seres humanos.

La imagen refleja perfectamente la decadencia de la Era de La Pureza.

Las infraestructuras continúan existiendo.

Los conocimientos necesarios para reemplazarlas están desapareciendo.

Y un solo hombre puede terminar convertido en señor de una estación gigantesca simplemente porque ya no queda nadie más capaz de mantenerla.

La economía de Sinuhé

Sinuhé no dirige Richard C020 por altruismo.

Dirige un negocio.

Su principio comercial es brutalmente sencillo:

sin quantums no hay asistencia.

Mercenarios, colonias, casas menores o cualquier viajero que necesite combustible, reparaciones o suministros debe pagar.

Ni siquiera la Cofradía de Inquisidores disfruta de una excepción absoluta.

Silas posee privilegios derivados de su relación personal con el anciano, pero incluso entre ambos las reparaciones, materiales y favores aparecen constantemente envueltos en discusiones sobre precios y deudas.

Para Sinuhé, comerciar no constituye simplemente una profesión.

Es una filosofía de supervivencia.

La esfera humana es darwiniana

Una de las mejores síntesis de su pensamiento aparece durante sus conversaciones con Sofía.

Antes de la caída del Viejo Imperio existían cerca de un millón de asentamientos humanos repartidos por la galaxia.

Tres siglos después, solo se conocen con cierta seguridad unos pocos centenares de mundos habitados.

Nadie sabe cuántos han desaparecido.

Nadie sabe cuántos permanecen aislados.

Nadie sabe cuántas civilizaciones han regresado a formas tecnológicas, feudales o religiosas completamente diferentes.

Sinuhé extrae una regla de aquella realidad:

nadie regala nada.

Para sobrevivir hay que poseer algo con lo que comerciar o disponer de la fuerza necesaria para arrebatárselo a otro.

La esfera humana posterior al Imperio es, para él, darwiniana.

No es una doctrina moral.

Es una descripción del mundo que ha sobrevivido lo bastante para conocer.

Pelagius: el origen de la deuda con Silas

La relación entre Sinuhé y Silas comienza aproximadamente veinte años antes de los acontecimientos principales de Maestro Inquisidor.

En aquella época, Sinuhé no era todavía señor de Richard C020.

Era segundo oficial de un carguero.

Su nave se encontraba en Pelagius, un planeta archipiélago colonizado con excesiva rapidez y sin estudiar adecuadamente su geología y su biosfera.

Los colonos descubrirían demasiado tarde qué dormía bajo ellos.

Las criaturas de Pelagius

En el subsuelo de Pelagius permanecían hibernando enormes criaturas depredadoras.

Habían dormido aproximadamente cien mil años.

Cuando despertaron, la colonia apenas tuvo capacidad para reaccionar.

Familias enteras fueron devoradas.

Las fuerzas de seguridad resultaron aniquiladas.

Los muelles se convirtieron en una trampa.

Sinuhé y la tripulación de su carguero quedaron atrapados mientras la estructura colonial se derrumbaba.

Entonces llegó Silas.

Silas rescata a Sinuhé

Silas respondió a una llamada de socorro cuando prácticamente nadie más estaba dispuesto a hacerlo.

El inquisidor descendió sobre un mundo condenado y consiguió extraer a Sinuhé y a varios supervivientes.

El capitán del carguero murió.

Sinuhé sobrevivió.

Pero Silas llegó demasiado tarde para salvarlo completamente intacto.

El mercader perdió ambas piernas.

Años después, cuando Sofía descubre sus muñones, Silas resume aquella vieja historia con una frase cruelmente sencilla: había rescatado a Sinuhé igual que a ella, solo que en el caso del anciano había llegado un poco más tarde.

Cómo Sinuhé se hizo rico

La tragedia de Pelagius termina modificando completamente su vida.

El capitán había muerto.

Los destinatarios de la carga habían sido aniquilados junto con la colonia.

Sinuhé regresó con la nave y con una mercancía de enorme valor que ya nadie podía reclamar.

Aquellas circunstancias lo convirtieron legalmente en propietario del carguero y de su contenido.

De una catástrofe surgió una fortuna.

Sinuhé utilizó aquellos recursos para abandonar la vida de oficial comercial y adquirir Richard C020.

El superviviente mutilado se convirtió así en mercader.

Después en propietario.

Finalmente en señor de uno de los pocos grandes nodos logísticos que todavía conservaban utilidad en aquella región del Sector Orión.

Una deuda que nunca termina

Sinuhé nunca olvida que Silas le salvó la vida.

Silas tampoco se lo permite.

Esa deuda se convierte en una broma amarga que atraviesa su relación durante años.

Cada vez que el anciano considera que ya ha pagado suficientemente los favores recibidos, Silas puede formular la misma pregunta:

¿Cuántas veces se paga una vida?

Sinuhé conoce la respuesta.

Nunca del todo.

Eso explica por qué continúa ayudándolo incluso cuando sabe perfectamente que acompañar a Silas suele significar aproximarse a la muerte, la ruina o alguna nueva forma de horror.

Silas y Sinuhé: una amistad improbable

La relación entre ambos constituye uno de los contrapuntos más eficaces de La Pureza.

Silas es un Maestro Inquisidor modificado genéticamente, entrenado para combatir amenazas que un humano corriente apenas podría contemplar.

Sinuhé es comerciante.

Uno mata.

El otro negocia.

Uno conoce monstruos.

El otro conoce personas.

Uno interpreta el mundo mediante Dogma, amenaza y misión.

El otro lo hace mediante necesidades, precios, deudas y comportamiento humano.

Precisamente por ello funcionan juntos.

Sinuhé puede decirle a Silas cosas que otros no se atreverían a pronunciar.

Y Silas confía en él de una manera extremadamente infrecuente para un inquisidor.

Babieca

La relación entre ambos también está vinculada con Babieca, la antigua corbeta imperial de Silas.

La nave había permanecido a la deriva durante más de un siglo hasta que el inquisidor la encontró, la recuperó y acabó convirtiéndola en su astronave.

Sinuhé se ocupa repetidamente de sus reparaciones y modificaciones.

No siempre con entusiasmo.

Babieca vuelve destrozada con tanta frecuencia que el anciano se lamenta constantemente de cuánto dinero le cuesta mantenerla operativa.

Aun así, la mejora.

La repara.

La arma.

Y progresivamente transforma aquella vieja corbeta en una nave capaz de enfrentarse a amenazas muy superiores a aquellas para las que había sido diseñada originalmente.

Sinuhé y Sofía Médici

La llegada de Sofía Médici a Richard C020 transforma profundamente al personaje.

Silas la ha rescatado después de encontrarla atrapada en un carguero infectado y pretende inicialmente devolverla a su padre, Mehmed Médici.

Sinuhé conoce la reputación del barón.

No necesita haber convivido con él.

En la galaxia se conoce al señor de Thalos IV como un hombre cuya ambición ha dejado demasiados cadáveres.

Por ello, Sinuhé comprende rápidamente por qué Sofía no desea regresar.

El comerciante descubre a la ingeniera

Sinuhé pregunta a Sofía qué sabe hacer.

La respuesta de la joven parece simple:

tecnología.

Ella asegura ser especialmente buena reparando máquinas.

El mercader decide comprobarlo.

Posee algo que ninguno de sus androides ha conseguido hacer funcionar correctamente: unas avanzadas piernas mecánicas fabricadas en Marauder, adquiridas a un precio desorbitado y diseñadas para conectarse directamente a sus muñones.

Si Sofía consigue repararlas, Sinuhé promete ayudarla.

El trato está cerrado.

Las piernas Marauder de Sinuhé

Sofía cumple.

Las prótesis responden a los impulsos nerviosos de Sinuhé con una precisión que el propio anciano apenas puede creer.

Después de años limitado por sus muñones y por una poltrona flotante, vuelve a caminar.

Al principio con dificultad.

Después con creciente confianza.

Puede doblar las rodillas.

Girar.

Incluso lanzar una patada.

El viejo mercader recupera una capacidad que creía perdida.

Pero el acontecimiento posee una consecuencia más importante que la puramente física.

Sinuhé descubre quién es realmente Sofía.

No una heredera fugitiva.

Una ingeniera extraordinaria.

El comienzo de una relación casi paternal

Sinuhé llega a ofrecerle un lugar en Richard C020.

Quiere enseñarle su oficio.

La considera capaz de convertirse en una pieza fundamental de su negocio.

Sofía rechaza la propuesta porque no quiere permanecer encerrada en otra jaula, aunque esta sea más amable que Thalos IV.

La relación entre ambos, sin embargo, ya ha cambiado.

Sinuhé empieza a respetarla.

Después a protegerla.

Y finalmente termina sintiendo por ella algo mucho más parecido al afecto de un padre que al interés de un comerciante.

El propio relato posterior describe a Sofía como la hija que Sinuhé nunca tuvo.

Sofía también aprende a negociar

La influencia funciona en ambas direcciones.

Sofía repara sus piernas, pero además aprende muy pronto cómo negociar con el anciano.

Cuando Sinuhé se niega inicialmente a modificar un acuerdo, la joven demuestra que ha instalado un mecanismo capaz de bloquear sus nuevas prótesis.

El viejo queda inmóvil.

Furioso.

Y, en secreto, impresionado.

Sofía comprende perfectamente una de sus reglas:

todo trato depende de aquello que cada parte puede ofrecer o retirar.

Sinuhé quizá esperaba formar a una aprendiz.

Acaba descubriendo que ella ya sabe jugar.

Sinuhé convence a Silas

Sofía quiere acompañar a Silas.

El Maestro Inquisidor no tiene ninguna razón para aceptar.

Sinuhé interviene.

Su posición resulta fundamental porque es de las pocas personas cuya opinión Silas escucha, aunque no siempre la obedezca con gusto.

Así, el anciano comienza a ocupar una función que irá creciendo durante toda la serie.

No combate como Silas.

No pertenece al linaje de Sofía.

No tiene corona alguna.

Pero mantiene unido al grupo cada vez que sus miembros empiezan a tomar direcciones diferentes.

Antea Solaris

Sinuhé es además quien propone inicialmente Antea Solaris como posible refugio para Sofía.

Conoce rumores sobre un mundo remoto, de praderas extensas, agua abundante, poca población y situado lejos de las principales rutas de las Grandes Casas.

Para una mujer que quiere desaparecer, parece una oportunidad.

La idea termina adquiriendo una importancia enorme.

Antea Solaris se convertirá progresivamente en refugio, asentamiento y centro emocional del grupo.

Una sugerencia comercial del anciano termina alterando el destino de varios de los personajes principales de La Pureza.

Dave Sforza

La incorporación de Dave Sforza complica todavía más la situación.

Sofía es Médici.

Dave pertenece a una casa enfrentada a la suya.

Ambos son jóvenes herederos atrapados dentro de conflictos construidos por generaciones anteriores.

Silas preferiría solucionar los problemas con la contundencia propia de un inquisidor.

Sinuhé entiende que los seres humanos rara vez funcionan de manera tan sencilla.

Su papel vuelve a ser el del intermediario.

Observa.

Aconseja.

Y obliga a Silas a considerar que transportar a dos personas políticamente explosivas exige algo más que una nave y armas suficientes.

Dogma y Herejía: Sinuhé abandona Richard C020

En Dogma y Herejía, Silas decide llevar a Dave y Sofía hacia Antea Solaris.

Sinuhé pretende inicialmente quedarse atrás.

Richard C020 es su hogar.

Su negocio.

Su fortuna.

Su mundo.

Silas, sin embargo, lo necesita.

La explicación que utiliza es reveladora:

Sinuhé entiende mejor a los humanos.

Silas se considera más competente tratando con los muertos.

El anciano protesta porque sabe perfectamente qué implica viajar junto a él.

Donde va Silas hay muerte, ruina y dolor.

Finalmente acepta.

La vieja deuda vuelve a cobrar intereses.

Una decisión que le salva la vida

Sinuhé ordena a sus androides que regresen a Richard C020.

Él se queda en Babieca.

En ese momento no puede saber que acaba de salvarse.

Más tarde, la estación será destruida.

Si hubiera regresado con sus máquinas, probablemente habría muerto junto con todo aquello que había construido.

La deuda con Silas vuelve a comportarse de una manera paradójica.

El inquisidor lo arrastra una vez más hacia el peligro.

Y precisamente por eso lo mantiene vivo.

La destrucción de Richard C020

Cuando Sinuhé y Silas regresan al sistema, encuentran un campo de ruinas.

Richard C020 ha desaparecido como estación funcional.

Su fortuna.

Sus almacenes.

Sus talleres.

Sus defensas.

Su ejército de androides.

Décadas de trabajo convertidas en escombros orbitales.

Los datos disponibles indican que no se ha producido un accidente natural. La estación fue atacada por una fuerza capaz de superar unas defensas heredadas del Viejo Imperio.

Sinuhé lo ha perdido prácticamente todo.

No sus contactos.

No su experiencia.

No sus conocimientos.

Pero sí el lugar que había construido para sobrevivir al fin del mundo.

El final del mercader sedentario

La destrucción de Richard C020 cambia definitivamente la naturaleza del personaje.

Hasta entonces, Sinuhé podía acompañar a Silas y después regresar a su estación.

Existía un hogar.

Un negocio esperando.

Una estructura estable.

Después de la destrucción ya no queda nada a lo que regresar.

El gran comerciante del Sector Orión se convierte nuevamente en viajero.

La diferencia es que esta vez no viaja para enriquecerse.

Viaja porque aquello que tenía ha sido destruido.

El Destino

La pérdida también transforma parte de su pensamiento.

Sinuhé nunca había sido especialmente religioso.

Su visión del universo era pragmática.

Mercancías.

Rutas.

Riesgo.

Beneficio.

Sin embargo, los acontecimientos empiezan a erosionar aquella seguridad.

Durante Ecos en la Eternidad reconoce sentirse atraído por uno de los Aspectos del Khaos:

el Destino.

No porque haya abandonado repentinamente el pragmatismo, sino porque empieza a percibir una estructura entre acontecimientos demasiado improbables para parecer completamente casuales.

Silas.

Pelagius.

Sofía.

Dave.

Richard C020.

Antea Solaris.

Sus vidas parecen encontrarse una y otra vez en puntos que ninguno había previsto.

Sinuhé empieza a preguntarse si el camino ya estaba esperando antes de que ellos comenzaran a recorrerlo.

Sinuhé en Antea Solaris

La llegada a Antea Solaris proporciona al anciano otra forma de existencia.

Allí no es señor de una gran estación.

No gobierna androides ni contempla pantallas comerciales desde una sala rococó.

Se encuentra dentro de una colonia pequeña, vulnerable y obligada a sobrevivir con recursos limitados.

El cambio es enorme.

Pero también revela algo fundamental.

Sinuhé puede vivir sin Richard C020.

Su verdadera riqueza nunca fueron únicamente los almacenes.

Era aquello que sabía hacer.

El viejo mercader como consejero

En Antea Solaris, Sinuhé se convierte progresivamente en una figura de experiencia.

Mientras Silas combate amenazas, Sofía desarrolla su capacidad técnica y Dave carga con el peso de su herencia, el anciano actúa como contrapunto.

No posee las respuestas a los grandes misterios cósmicos.

Pero sí conoce la condición humana.

Ha tratado con mercenarios.

Nobles.

Piratas.

Inquisidores.

Casas comerciales.

Colonias desesperadas.

Sabe cuándo alguien miente por miedo y cuándo lo hace por ambición.

En un universo de monstruos, esa clase de conocimiento sigue siendo extraordinariamente útil.

Sinuhé y la relación entre Sofía y Dave

La relación entre Sofía y Dave se desarrolla bajo la mirada de Silas y Sinuhé.

El anciano comprende mejor que el inquisidor lo que está sucediendo entre los jóvenes.

También entiende las implicaciones políticas.

Una Médici y un Sforza no representan únicamente una pareja.

Representan dos genealogías enfrentadas.

Dos casas.

Dos posibles herencias.

Y, eventualmente, una combinación dinástica capaz de modificar el equilibrio político de la galaxia.

Sinuhé observa aquello antes como hombre que como estratega.

Pero conoce suficiente historia para saber que los sentimientos privados de los herederos rara vez permanecen privados.

Sofía como la hija que nunca tuvo

Con el paso del tiempo, el afecto de Sinuhé por Sofía deja de resultar ambiguo.

El anciano la piensa como la hija que nunca tuvo.

El detalle resulta especialmente importante porque completa la evolución iniciada en Richard C020.

Primero intenta hacer un trato con ella.

Después reconoce su inteligencia.

Más tarde la protege.

Finalmente la considera familia.

Para un hombre que había pasado décadas rodeado de androides en una estación prácticamente vacía, el cambio es enorme.

Sinuhé pierde su mundo material.

A cambio, termina encontrando personas.

La llegada de Atreo Arryn

Cuando Atreo Arryn aparece en Antea Solaris, la historia de Sinuhé vuelve a cruzarse con acontecimientos cuya escala supera ampliamente su comprensión inicial.

Sofía participa en el descubrimiento del extraño viajero.

Silas y Sinuhé regresan a bordo de Babieca poco después.

Una vez más, el anciano se encuentra frente a un misterio heredado de edades anteriores.

Su reacción característica sigue siendo distinta de la de Silas.

El inquisidor evalúa peligro.

Sinuhé observa posibilidades.

Samael y el Kurgán

La situación cambia nuevamente cuando Samael, antiguo maestro de Silas, reaparece después de décadas de ausencia y convoca a su antiguo discípulo.

Sinuhé ya conoce a Samael.

El inquisidor había pasado anteriormente por Richard C020 recomendado por Silas.

Por eso, cuando el nombre reaparece, el anciano comprende que no se trata de una visita ordinaria.

La palabra que acompaña a la convocatoria es todavía peor:

Kurgán.

La separación de Silas

En Hermanas Oscuras, Silas debe seguir a Samael hacia los dominios Kurgán.

Sofía quiere acompañarlo.

Sinuhé la detiene.

No porque no comparta su inquietud, sino porque comprende algo que ella todavía no acepta:

Silas tiene que recorrer ese camino.

El anciano lo denomina Destino.

Aquello que en otro tiempo habría considerado superstición se ha convertido ya en una de las claves mediante las que interpreta el universo.

Sofía y Sinuhé se quedan atrás.

Y Babieca pasa temporalmente a manos de la joven.

«Ahora estamos solos»

La separación contiene uno de los momentos más importantes para comprender la relación entre ambos.

Sofía enumera aquello que han perdido.

Dave no está con ellos.

Silas se marcha.

Richard C020 ya no existe.

Sinuhé no intenta negar la evidencia.

Están solos.

Pero también están juntos.

El viejo comerciante que había sobrevivido durante décadas sin necesitar prácticamente a nadie se convierte ahora en el acompañante de una mujer a la que considera familia.

Y Sofía, que había pasado buena parte de su vida intentando escapar de quienes decidían su destino, tiene que empezar a decidir por sí misma.

Sinuhé se queda a su lado.

El regreso a Antea Solaris

Tras la partida de Silas, Sofía propone volver a Antea Solaris.

Sinuhé acepta.

La elección confirma definitivamente dónde se encuentra su nuevo hogar.

No en los restos de Richard C020.

No en una nueva estación comercial.

No en una propiedad que pueda comprarse con quantums.

En la comunidad y en las personas a las que ha terminado unido.

El mercader ha cambiado sin dejar de ser mercader.

Sinuhé no deja de ser Sinuhé

La evolución del personaje no lo convierte en santo.

Continúa siendo irónico.

Materialista.

Calculador.

Quejica cuando Silas lo arrastra a otra desgracia.

Consciente del valor de cada recurso.

Capaz de pensar en términos de comercio incluso cuando el universo parece derrumbarse.

Precisamente por eso funciona.

Su humanidad no procede de abandonar aquello que era.

Procede de descubrir que existen cosas cuyo valor no puede medir mediante quantums.

Sinuhé y la tecnología

Aunque Sofía posee capacidades técnicas superiores a las que él esperaba encontrar, Sinuhé también debe considerarse un personaje profundamente vinculado con la tecnología.

Gobernar Richard C020 exige comprender sistemas automatizados, logística, reparación de astronaves, infraestructura imperial y administración de máquinas antiguas.

Confía en androides.

Utiliza cruceros automatizados.

Mantiene activos sistemas que otras comunidades ya no saben sustituir.

Supervisa las modificaciones de Babieca.

No es simplemente un hombre que compra y vende objetos.

Es uno de los supervivientes de una cultura técnica que está desapareciendo.

Una reliquia humana del Viejo Imperio

Aquí se encuentra una de las dimensiones más interesantes del personaje.

Richard C020 es una reliquia material.

Babieca es una reliquia militar.

Sinuhé es casi una reliquia humana.

Nació lo bastante cerca de la caída como para recordar una galaxia con conexiones que ya no existen.

Ha visto desaparecer rutas.

Casas.

Mercados.

Colonias.

Tecnologías.

Cada año sobreviven menos naves capaces de recorrer grandes distancias.

Cada generación conoce menos mundos.

Sinuhé contempla ese proceso desde una perspectiva comercial, pero entiende perfectamente sus consecuencias históricas.

La humanidad se está aislando.

La galaxia se está encogiendo

Sinuhé formula una de las observaciones más importantes de La Pureza.

El espacio físico no se reduce.

Lo que disminuye es la capacidad humana para recorrerlo.

Una nave de plegado perdida puede significar que dos sistemas dejen de comunicarse.

Un astillero destruido puede condenar una región entera a no reemplazar jamás sus astronaves.

Una estación como Richard C020 puede convertirse en insustituible precisamente porque ya nadie posee los medios necesarios para construir otra igual.

La caída de un imperio no ocurre únicamente cuando muere el emperador.

Continúa durante siglos mientras se agotan sus repuestos.

Sinuhé vive exactamente en esa decadencia.

Sinuhé como representación de La Pureza

Silas representa el Dogma.

Lys representa la herejía y la experimentación.

Sofía representa una nueva generación capaz de reapropiarse de tecnologías antiguas.

Dave representa la herencia política.

Sinuhé representa otra cosa:

la supervivencia cotidiana después del colapso.

No le preocupa inicialmente decidir el destino metafísico de la humanidad.

Quiere que las naves funcionen.

Que exista combustible.

Que los contratos se cumplan.

Que alguien pague las reparaciones.

Sin esos elementos aparentemente menores, ninguno de los grandes personajes podría llegar a su siguiente batalla.

El hombre que mantiene a los héroes en movimiento

Esta quizá sea la mejor manera de comprender su importancia.

Silas puede matar monstruos.

Pero necesita una nave.

Sofía puede comprender tecnología.

Pero necesita herramientas.

Dave puede reclamar una corona.

Pero necesita llegar vivo hasta su mundo.

Los colonos pueden desear libertad.

Pero necesitan medicinas, comida y suministros.

Sinuhé habita precisamente ese espacio entre la épica y la logística.

No aparece siempre en el centro de la batalla.

Hace posible que otros lleguen hasta ella.

Qué ocurre con Sinuhé después de La Pureza

La historia del personaje no termina con la serie.

El canon posterior confirma que Sinuhé sobrevive a los acontecimientos de La Pureza y continúa vinculado a Sofía Médici y Dave Sforza.

Años después aparece integrado en la corte Sforza-Médici, convertido ya en una figura conocida dentro del entorno de quienes terminaron formando uno de los grandes núcleos políticos de la época.

Esto confirma que la destrucción de Richard C020 no supone el final de su trayectoria.

Fue el final de su primera vida.

La siguiente se construyó alrededor de las personas que había conocido después de perderla.

Preguntas frecuentes sobre Sinuhé

¿Quién es Sinuhé?

Sinuhé es un anciano mercader estelar, antiguo segundo oficial de un carguero, superviviente de Pelagius, propietario de Richard C020 y viejo amigo del Maestro Inquisidor Silas.

¿En qué serie aparece?

Su papel principal se desarrolla en La Pureza, especialmente desde Maestro Inquisidor y a lo largo de los acontecimientos posteriores relacionados con Silas, Sofía Médici y Dave Sforza.

¿Cuántos años tiene Sinuhé?

En el año 311 después de la caída del Viejo Imperio afirma tener 119 años, aunque inicialmente dice tener ciento veinte.

¿Cómo es físicamente?

Es calvo, extremadamente delgado y encorvado, con larga barba cana y puntiaguda sin bigote, ojos grises y aspecto casi cadavérico.

¿Cómo viste?

En Richard C020 aparece con una toga de seda verde bordada en plata, joyas, brazaletes de oro y un gran pendiente con una gema roja.

¿Tiene un gato?

Sí. Un enorme gato negro suele acompañarlo durante su etapa en Richard C020.

¿Por qué no tenía piernas?

Las perdió a consecuencia de los acontecimientos de Pelagius. Silas consiguió rescatarlo, pero llegó demasiado tarde para evitar que sufriera esas mutilaciones.

¿Quién le proporciona nuevas piernas?

Sinuhé había adquirido unas avanzadas prótesis mecánicas fabricadas en Marauder, pero no había conseguido hacerlas funcionar correctamente.

¿Quién repara las piernas mecánicas?

Sofía Médici.

La reparación demuestra inmediatamente su extraordinaria capacidad tecnológica.

¿Qué es Richard C020?

Es una gigantesca estación-asteroide del Sector Orión, antiguo centro de abastecimiento militar del Viejo Imperio y posteriormente propiedad de Sinuhé.

¿Cómo consiguió Sinuhé Richard C020?

Después de sobrevivir a Pelagius heredó de facto el carguero en el que servía y una carga de enorme valor cuyos destinatarios habían muerto. Aquella fortuna le permitió abandonar el transporte comercial y adquirir Richard C020.

¿Qué relación tiene con Silas?

Silas le salvó la vida en Pelagius. Con los años ambos desarrollan una amistad áspera pero muy sólida, construida sobre confianza, favores, discusiones y una deuda que Sinuhé nunca consigue considerar completamente pagada.

¿Sinuhé repara Babieca?

Richard C020 y sus recursos son utilizados repetidamente para reparar y modificar Babieca, la antigua corbeta imperial de Silas.

¿Qué relación tiene Sinuhé con Sofía Médici?

Comienza tratándola como una joven con la que puede negociar, pero termina desarrollando un profundo afecto por ella y considerándola la hija que nunca tuvo.

¿Quién propone Antea Solaris?

Sinuhé menciona inicialmente Antea Solaris a Sofía como un posible mundo remoto donde podría comenzar de nuevo lejos de las Grandes Casas.

¿Qué ocurre con Richard C020?

La estación acaba siendo atacada y completamente destruida mientras Sinuhé se encuentra fuera.

¿Muere Sinuhé durante la destrucción?

No.

Precisamente haber acompañado a Silas lo mantiene lejos de la estación cuando es destruida.

¿Es Sinuhé religioso?

Inicialmente es profundamente pragmático y poco religioso. Posteriormente empieza a mostrar interés por el Aspecto del Destino, convencido de que determinadas coincidencias pueden formar parte de un camino mayor.

¿Viaja con Silas al mundo Kurgán?

No acompaña finalmente a Silas en su descenso con Samael. Sinuhé permanece con Sofía y acepta que el antiguo Maestro Inquisidor debe seguir su propio destino.

¿Sobrevive a La Pureza?

Sí. El canon posterior lo muestra todavía vivo e integrado en el entorno de la futura corte Sforza-Médici.

Sinuhé: el hombre que sabía cuánto valían las cosas

Sinuhé había pasado más de un siglo aprendiendo a poner precio a todo.

Combustible.

Armas.

Repuestos.

Tecnología.

Información.

Una estación.

Una nave.

Una deuda.

Incluso sus nuevas piernas habían tenido precio.

Durante décadas creyó que sobrevivir consistía precisamente en entender aquella aritmética antes que los demás.

No estaba completamente equivocado.

Richard C020 existía porque Sinuhé sabía comerciar cuando los grandes imperios habían olvidado incluso cómo mantener abiertas sus rutas.

Silas seguía volando porque alguien reparaba Babieca.

Colonias enteras podían continuar otro invierno porque todavía existían mercaderes capaces de llevar medicamentos desde mundos situados a años de distancia.

Pero La Pureza obliga al anciano a aprender una última forma de contabilidad.

Silas le había salvado la vida en Pelagius.

Sinuhé intentó pagar aquella deuda durante veinte años.

Nunca pudo.

Sofía le devolvió las piernas.

Después perdió Richard C020.

Y cuando dejó de poseer la estación, los almacenes, los androides y la fortuna que había acumulado durante una vida entera, descubrió que continuaba teniendo algo.

Una nave.

Un amigo.

Una muchacha a la que había terminado queriendo como hija.

Un lugar al que regresar en Antea Solaris.

Y un puñado de personas que, contra todo pronóstico, empezaban a parecerse a una familia.

El viejo comerciante que había enseñado a Sofía que nadie regala nada terminó descubriendo que las cosas más importantes de su vida no podían comprarse.

Quizá por eso empezó a creer en el Destino.

Porque después de ciento diecinueve años haciendo negocios, Sinuhé todavía sabía calcular el precio de casi cualquier cosa, pero ya no estaba tan seguro de poder calcular su valor.