Hay momentos dentro del Continuus Nexus en los que una guerra cambia de vencedor, una dinastía cae o una civilización desaparece. Lamentos en el Abismo, quinto libro de Khaos y Oscuridad, pertenece a una categoría todavía más oscura: es una novela sobre varios mundos que comprenden, casi al mismo tiempo, que el orden que conocían ya no puede ser reconstruido.
El Imperio Kish se acerca a su extinción definitiva. Los Sforza-Médici viven sometidos a la tutela del Kurgán. Riela contempla cómo la civilización arcana que había intentado levantar en El Álamo arde bajo una campaña de exterminio. Silas, señor de la Decimosegunda Estrella Repujada, persigue la memoria de Lys hasta caer en una trampa preparada por Baalfegor. Los supervivientes de antiguas potencias se convierten en refugiados y construyen ciudades capaces de vagar entre las estrellas. Mientras tanto, Cinnia escapa de años de cautiverio para atravesar involuntariamente una puerta hacia uno de los mayores secretos del Continuus Nexus: la verdadera naturaleza de los exoditas.
Todo ello sucede mientras otras líneas espacio-temporales avanzan también hacia su propia catástrofe, con Revar atrapado en Corona Australis y las Tablas ME escapando de sus manos.
Por eso Lamentos en el Abismo no es solamente una novela de transición entre Susurros en la Oscuridad y El Señor de Orión. Es uno de los libros donde Khaos y Oscuridad deja definitivamente atrás la guerra convencional entre estados y revela que el conflicto real se libra entre civilizaciones, linajes, entidades milenarias y fuerzas capaces de atravesar las fronteras del tiempo.
Lamentos en el Abismo, quinto libro de Khaos y Oscuridad
Lamentos en el Abismo ocupa la quinta posición dentro de la serie Khaos y Oscuridad y continúa directamente las consecuencias políticas, religiosas y militares acumuladas durante los libros anteriores.
La estructura de la novela resulta especialmente significativa porque no sigue un único frente ni una cronología estrictamente lineal. Sus nueve bloques —La reina exiliada, El corazón de las sombras, Lamentos en el Abismo, El sacrificio, El inferno, La Tentación, Escape, El mundo astronave y El Explorador Oscuro— alternan escenarios separados por sectores, generaciones e incluso líneas espacio-temporales.
El resultado es una visión panorámica de una galaxia que se está descomponiendo.
No existe ya una única guerra.
Existen muchas guerras que empiezan a convertirse en una sola.
Riela y la destrucción de El Álamo
La novela comienza en el planeta El Álamo, en el sector Taurus, 327 años estándar después de la caída del Viejo Imperio.
Allí encontramos a Riela, la antigua Voz de la Conciencia, contemplando el final de aquello que había intentado construir después del colapso provocado por los acontecimientos de La Pureza.
El Álamo se había convertido en la capital de su proyecto arcano, un intento de levantar una nueva civilización bajo su control. Sin embargo, Riela había cometido un error que ahora comprende demasiado tarde: abandonar la discreción que durante siglos había permitido sobrevivir a su especie y comportarse como una soberana humana, construyendo un dominio visible capaz de atraer enemigos igualmente visibles.
El enemigo que finalmente llega no pertenece a una casa nobiliaria ni a una Cofradía debilitada.
Es el Kurgán.
La Tercera Estrella Repujada contra los arcanos
El tercio de la Tercera Estrella Repujada irrumpe en El Álamo cuando las fuerzas de Riela están debilitadas tras las campañas de Taurus.
No busca negociar.
No busca ocupar.
Ni siquiera parece interesado en conservar aquello que conquista.
La campaña constituye una purga.
Las fuerzas Kurgán bloquean las rutas de escape y desencadenan bombardeos que convierten El Álamo en un mundo condenado. Arcanos y humanos perecen por igual mientras la infraestructura levantada por Riela desaparece bajo el fuego.
Para la antigua Voz, aquello constituye algo más que una derrota militar. Es la constatación de que había interpretado mal el nuevo equilibrio galáctico.
Los arcanos habían sobrevivido durante mucho tiempo escondiéndose.
Riela había intentado convertirlos en imperio.
Ahora el Kurgán le recuerda brutalmente cuál es el precio de hacerse visible.
La reina exiliada
Riela comprende que debe abandonar sus pretensiones imperiales y regresar a una estrategia mucho más antigua: ocultarse, sobrevivir y esperar.
El título del primer bloque, La reina exiliada, define precisamente esa nueva condición.
La soberana que aspiraba a gobernar vuelve a convertirse en fugitiva.
Este cambio tendrá consecuencias posteriores porque los arcanos no desaparecen con la destrucción de El Álamo. Pierden un centro político y militar, pero conservan algo que históricamente les ha resultado más importante:
la capacidad de infiltrarse, dispersarse y sobrevivir dentro de otras sociedades.
La destrucción del planeta no termina con Riela.
La obliga a recordar qué clase de criatura es.
Muzio Sforza-Médici bajo el dominio del Kurgán
Otro de los grandes hilos de la novela regresa a Sforza, donde el joven Muzio Sforza-Médici vive bajo una tutela que apenas puede ocultar su verdadera naturaleza.
Muzio tiene solo once años.
Ha heredado una nación devastada y un linaje construido sobre la unión de las casas Sforza y Médici, pero su poder efectivo está condicionado por la presencia Kurgán.
Su madre, Sofía Médici, ejerce como regente mientras intenta protegerlo.
A su alrededor permanecen figuras como el general Quinto, que actúa como mentor y protector del muchacho, y el general Estel, cuya fidelidad permite preparar algo que podría significar la muerte para todos ellos.
Una fuga.
El pretor Askar y la ocupación de Sforza
El poder del Kurgán sobre los Sforza-Médici se materializa especialmente a través del pretor Askar.
Muzio debe pronunciar públicamente discursos que legitiman la alianza y la intervención Kurgán en su nación. La reconstrucción material de Sforza se produce bajo una sombra evidente: la ayuda ha creado también dependencia y sometimiento.
El joven heredero puede conservar el título.
La regente puede seguir ocupando sus estancias.
La bandera Sforza-Médici continúa ondeando.
Pero la libertad política ha desaparecido.
El control Kurgán necesita, sin embargo, una apariencia de legalidad. Por eso las palabras pronunciadas por Muzio resultan tan importantes: convierten la ocupación de facto en colaboración proclamada por el propio heredero.
Sofía comprende que cuanto más tiempo permanezcan allí, menor será la posibilidad de recuperar alguna vez su independencia.
La Babieca vuelve a volar
La oportunidad llega mediante una reliquia de otra época.
La Babieca, antigua fragata inquisitorial, había terminado convertida en una pieza de museo. Precisamente por su antigüedad y aparente irrelevancia escapa a determinados controles impuestos sobre las naves modernas de Sforza.
Quinto aprovecha esa circunstancia.
Sofía y Muzio embarcan.
La vieja nave vuelve a despertar.
Cuando el Kurgán comprende lo ocurrido, ya es demasiado tarde para una captura limpia. Los cruceros intentan interceptar a la fragata y demostrar que no existe salida posible, pero la decisión de destruirla no resulta tan sencilla como perseguir cualquier nave rebelde.
Finalmente, la Babieca consigue activar la curvatura.
Muzio Sforza-Médici escapa.
Con él sobrevive también la posibilidad de que su nación tenga un futuro independiente de sus supuestos protectores.
El regreso de Jataq a Kish Prime
El núcleo emocional y político del libro se encuentra en el sistema Kish, también en el año 327 después de la caída del Viejo Imperio.
La llamada Flota Republicana, dirigida por el general Jataq, llega finalmente a Kish Prime después de generaciones de conflictos.
La campaña debería culminar allí.
El corazón del antiguo poder Kish tendría que ofrecer una resistencia desesperada.
En cambio, Jataq encuentra silencio.
Las estaciones están vacías.
Las defensas no responden.
Las grandes fuerzas que deberían proteger el sistema han desaparecido.
El centro de uno de los imperios humanos más antiguos parece haber sido abandonado.
El misterio de una capital desierta
Jataq y su comandante Titus comprenden que algo no encaja.
La Guardia Imperial ha desaparecido.
Los llamados Perros de Guerra ya no están.
Las patrullas han ido reduciéndose durante meses hasta convertirse prácticamente en nada.
Todo apunta a que las propias fuerzas de Velarys han abandonado al emperador.
Pero la ausencia de ejército no significa necesariamente ausencia de peligro.
Jataq decide continuar.
Su objetivo no es conquistar Kish Prime mediante un asalto convencional. Pretende enfrentarse personalmente a Velarys, el usurpador al que responsabiliza de la destrucción de su familia y de buena parte del desastre político que ha consumido al imperio.
La tradición Kish impone, sin embargo, una limitación decisiva.
No pueden profanar el suelo sagrado de la capital con una batalla armada.
Jataq deberá descender solo.
Y desarmado.
Velarys y el secreto de las armas ancestrales
Dentro del palacio, Jataq encuentra finalmente la explicación.
Velarys se ha vinculado mediante un implante de control genético a las antiguas armas nucleares distribuidas por los mundos interiores Kish.
El mecanismo pertenece a una tradición extrema de la dinastía.
En determinadas circunstancias, el soberano podía ligar su propia muerte a la activación de esos arsenales. Si el emperador perecía, la destrucción se desencadenaría automáticamente.
Era una medida concebida para situaciones excepcionales.
Velarys la ha convertido en una forma de chantaje absoluto.
Su vida sostiene literalmente la supervivencia de incontables mundos.
Por eso todos han huido.
El emperador ya no gobierna su imperio.
Lo mantiene como rehén.
Jataq no puede matar a su enemigo
La revelación destruye cualquier salida sencilla.
Jataq ha dedicado una parte de su existencia a enfrentarse a Velarys, pero comprende que matarlo significaría condenar a billones.
El enfrentamiento final deja entonces de ser una lucha entre dos hombres.
Se convierte en una cuestión moral.
Jataq intenta hacer algo inesperado: convencerlo de que todavía existe un futuro.
No pretende perdonar sus crímenes.
Pretende impedir una catástrofe.
Durante unos momentos parece posible que incluso Velarys comprenda la magnitud de lo que ha hecho.
Pero la lucidez dura poco.
El Fuego Interior y la muerte del Imperio Kish
Velarys decide finalmente utilizar la única arma que nadie puede quitarle.
Su propia vida.
Se apuñala.
La muerte activa el sistema.
Los arsenales despiertan.
Y los mundos interiores Kish arden.
La explosión no distingue entre gobernantes y ciudadanos, militares y civiles, partidarios del emperador o enemigos. Ciudades, mares, templos y continentes enteros desaparecen bajo una reacción apocalíptica cuyo alcance termina destruyendo también gran parte de la flota de Jataq.
El general muere.
Su sueño de reconstrucción desaparece con él.
El antiguo corazón imperial se convierte en una extensión de mundos muertos.
La catástrofe pasará a ser conocida como el Fuego Interior.
Valerio y los supervivientes
No todos perecen.
El joven Valerio consigue sobrevivir a bordo de una astronave gravemente dañada.
Desde el puente contempla aquello que queda de una civilización que durante más de quince milenios había creído su grandeza destinada a durar.
Ya no existe una capital a la que regresar.
No existe un emperador al que sustituir.
No existe una victoria capaz de restaurar aquello que se ha perdido.
Quedan supervivientes.
Ese cambio resulta esencial porque transforma por completo el significado del linaje Kish dentro de los siguientes libros.
Hasta entonces podían imaginar una restauración imperial.
Después del Fuego Interior, deberán aprender a sobrevivir sin imperio.
Los lamentos del abismo
El título de la novela adquiere aquí uno de sus sentidos más claros.
Los lamentos no pertenecen únicamente a una persona.
Pertenecen a civilizaciones.
Riela pierde El Álamo.
Jataq pierde Kish.
Muzio pierde la libertad de su patria y debe escapar.
Silas empieza a perder la seguridad de su fe.
Cinnia ha perdido años de existencia en cautiverio.
Revar pierde aquello que consideraba su llave hacia otro destino.
El libro construye así un escenario donde prácticamente todos los grandes poderes poseen una herida abierta.
Nadie sale verdaderamente victorioso.
Silas y las ruinas de Gaugamela
Un año antes de la caída de Kish, en Gaugamela, Silas se interna en las ruinas de una ciudad devastada.
Es ya una de las grandes figuras militares del Kurgán, pretor de la Decimosegunda Estrella Repujada, pero aquello que lo conduce hacia el interior de la ciudad no es una orden táctica.
Es un recuerdo.
Lys.
Silas cree escuchar su voz.
La sigue.
Se aparta de sus hombres.
Ignora las advertencias de sus sistemas y avanza hacia un lugar donde la memoria empieza a confundirse con el deseo.
La trampa ha sido diseñada precisamente para él.
La Plaga espera a Silas
Cuando recupera claridad, el pretor comprende que ha sido atraído hasta el corazón de una emboscada.
Entre las ruinas se ocultan criaturas vinculadas a la Plaga y a la sangre negra de Baalfegor.
Su guardia personal combate en el exterior mientras la situación se descontrola.
Las fuerzas Kurgán son extraordinarias, pero la cantidad de enemigos termina convirtiendo la batalla en una carnicería.
Tántalo, incapaz de localizar a su señor y consciente de la posibilidad de que sus soldados terminen devorados, debe tomar una decisión extrema.
Ordena fuego sobre la posición.
El sacrificio de la Decimosegunda
Tántalo recuerda además una propiedad relacionada con la semilla de Silas y los guerreros de su propia estirpe: la inmunidad frente a aquella forma concreta de corrupción.
Eso no puede salvarlos de ser despedazados.
Pero significa que sus cuerpos no deberían terminar formando parte de las hordas contra las que combaten.
Tántalo decide entonces convertir el bombardeo en un sacrificio.
Las posiciones son castigadas desde el cielo.
La guardia de Silas perece bajo el fuego junto a las criaturas que la rodean.
Desde la lógica Kurgán, la destrucción no constituye una derrota vergonzosa, sino una forma terrible de preservar la pureza de quienes ya no pueden ser rescatados.
Solo queda una incógnita:
Silas no aparece entre los muertos.
Lys vuelve ante Silas
En lo más profundo de Gaugamela, Silas encuentra finalmente aquello que llevaba años buscando.
Lys aparece frente a él.
La presencia es real.
Pero también lo es aquello que comparte su cuerpo.
Baalfegor.
La antigua mujer que Silas amó continúa allí, aunque el Arconte utiliza su apariencia, sus recuerdos y su relación con el pretor como armas.
La conversación se convierte rápidamente en una tentación.
Baalfegor no intenta convencer a Silas únicamente mediante poder.
Intenta convencerlo mediante culpa.
Silas frente a Baalfegor
Baalfegor señala las contradicciones de Silas.
El pretor combate monstruos mientras sirve a un sistema que ha exterminado mundos.
Condena a los seguidores de los Arcontes mientras las Estrellas Repujadas dejan millones de muertos.
Obedece al Profeta Kurgán mientras acusa a otros de vivir esclavizados por poderes superiores.
La acusación resulta peligrosa porque Silas no puede rechazarla simplemente como mentira.
Hay una verdad incómoda en ella.
Y Baalfegor lo sabe.
Después llega la oferta.
Silas podría unirse a él.
Podría recuperar a Lys.
Podría compartir poder sobre la galaxia.
Podría abandonar la obediencia al Profeta.
La negativa de Silas
Silas se niega.
Su rechazo no significa que salga intacto.
Antes del encuentro podía considerar la guerra mediante categorías mucho más simples: pureza frente a corrupción, deber frente a herejía, obediencia frente a traición.
Después de escuchar a Baalfegor, esas fronteras empiezan a agrietarse.
El ataque de los astrocazas Kurgán rompe finalmente la escena y permite que el pretor sobreviva.
Lys-Baalfegor desaparece.
Silas permanece.
Pero ya no es el mismo.
Baalfegor ha fracasado en convertirlo.
Ha conseguido algo quizá más peligroso:
hacerlo dudar.
Revar, Reimius y otra línea del tiempo
La novela introduce también un salto hacia una etapa muchísimo más lejana del Eternum, 10.205 años después de la conversión de Revar, el Último Estirpe.
Esta sección no debe confundirse cronológicamente con las guerras que se desarrollan 326 o 327 años después de la caída del Viejo Imperio.
Es otra edad.
Otra línea.
Otro frente dentro de la arquitectura temporal del Continuus Nexus.
Allí, en Corona Australis, Revar ha quedado atrapado dentro de las consecuencias de su propia guerra.
Reimius escapa con las Tablas ME
El comandante Reimius consigue abandonar Corona Australis a bordo de una nave cargada con tecnología capaz de modificar el futuro de aquella realidad.
Entre aquello que transporta se encuentran armas cuánticas de la Segunda Dinastía, el Arca y las Tablas ME.
Revar creía que esas reliquias constituían su vía hacia un nuevo dominio.
Ahora se alejan de él.
La fuga de Reimius convierte al poderoso Príncipe Demonio en prisionero de aquello que había creado, al tiempo que coloca en manos humanas instrumentos cuyo potencial alcanza las estructuras mismas del espacio-tiempo.
La importancia de esta línea crecerá a medida que Khaos y Oscuridad avance hacia la Conjunción Infernal.
Diez años después del Fuego Interior
La novela vuelve posteriormente a la línea de La Pureza, pero han pasado diez años desde la destrucción de los mundos Kish.
El escenario ya no es una capital.
Es un pueblo en movimiento.
Los supervivientes del viejo imperio han aprendido una verdad humillante: muchos de los mundos que antaño fueron despreciados por Kish tampoco quieren recibir ahora a sus refugiados.
El resentimiento acumulado durante generaciones no desaparece porque un antiguo amo haya perdido su trono.
Algunos exiliados terminan incluso en regiones controladas por enemigos de la humanidad.
Otros continúan huyendo.
Jessica Mohiam y el mundo astronave
Entre los supervivientes aparece Jessica Mohiam, antigua Hermana del Camino y personaje relacionado con las conspiraciones y luchas políticas que rodearon a Dave Sforza y Tiberius Miller.
Ahora su misión es otra.
Jessica dirige un gigantesco mundo astronave construido sobre un asteroide procedente del antiguo sistema Kish.
En aquella roca convertida en ciudad sobreviven los restos de una civilización.
Torres.
Cúpulas.
Defensas.
Motores cuánticos.
Refugiados.
Todo aquello que Kish puede conservar de sí mismo mientras cruza una galaxia que ya no le pertenece.
Una civilización que se convierte en nave
El simbolismo es particularmente poderoso.
Kish había sido uno de los grandes imperios sedentarios del Continuus Nexus.
Su identidad estaba ligada a capitales, dinastías, mundos sagrados y una historia de milenios.
Ahora su patria puede desplazarse.
El planeta ha sido sustituido por una ciudad sobre un asteroide.
La frontera ya no separa una nación de otra.
La frontera es el propio casco.
Jessica Mohiam se convierte así en comandante de un exilio, mientras Valerio, superviviente de la catástrofe de Jataq, permanece junto a ella.
Ambos representan una civilización obligada a sobrevivir después de haber perdido el derecho a imaginarse eterna.
Sulaco y los refugiados de Riela
El mundo astronave llega al sistema Sulaco esperando encontrar a las fuerzas del comandante Titus.
La misión está relacionada con la liberación de refugiados que han caído en manos de Riela.
Este detalle refuerza una de las grandes transformaciones del libro.
Las viejas fronteras se están deshaciendo.
Antiguos soldados de una potencia imperial dedican ahora sus recursos a rescatar supervivientes de redes de explotación arcana mientras intentan mantener con vida una nación sin territorio.
La guerra ya no se parece a la que comenzó.
Cinnia y los ocho años de Tannhäuser
El último gran bloque lleva la historia hasta Tannhäuser, en el sector Achenar, durante el año 337 después de la caída del Viejo Imperio.
Allí encontramos a Tántalo, apartado del gran frente durante ocho años para custodiar una región de frontera que ni siquiera las principales potencias humanas se atreven a cruzar.
Su misión está relacionada con territorios asociados a exoditas, exomantes y secretos cuyo origen se pierde en épocas anteriores.
Pero Tántalo guarda también otro secreto.
Cinnia sigue viva.
El cautiverio de Cinnia
Silas había ordenado inicialmente que Cinnia pudiera convertirse en pieza de futuras negociaciones.
Tántalo desobedece.
En lugar de liberarla, la mantiene durante años cautiva dentro de su destructor.
La relación se degrada en una espiral de obsesión, abuso y violencia que termina destruyendo la propia disciplina del comandante.
Cinnia, sin embargo, espera.
Su condición Igigi le permite resistir un cautiverio que habría acabado mucho antes con una persona normal.
Durante años parece sometida.
En realidad, busca una oportunidad.
Cuando finalmente aparece, no la desperdicia.
La venganza de Cinnia
Uno de los oficiales de Tántalo termina convirtiéndose en el punto débil del sistema.
Cinnia consigue liberarse, recuperar fuerzas y enfrentarse a quienes la mantienen prisionera.
Tántalo resulta gravemente herido.
La Igigi no consigue convertirlo mediante su sangre debido a la particular herencia vinculada a Silas, pero logra dejarlo al borde de la muerte y escapar en un pequeño esquife.
Las fuerzas Kurgán parten inmediatamente tras ella.
Todo indica que su libertad durará apenas unos minutos.
Entonces ocurre algo que ninguno de sus perseguidores comprende.
El espacio se abre.
La anomalía de Tannhäuser
Una pequeña anomalía aparece delante del esquife.
Cinnia es engullida.
Cuando los perseguidores alcanzan la posición no encuentran nada.
Ni nave.
Ni señal.
Ni puerta.
El fenómeno desaparece como si jamás hubiera existido.
Para Tántalo, la implicación resulta aterradora porque esa región llevaba siglos rodeada de prohibiciones precisamente por razones que el Kurgán nunca explicaba plenamente a sus propios guerreros.
Cinnia acaba de cruzar aquello que ellos custodiaban.
El Explorador Oscuro
Cinnia despierta en una estructura completamente distinta.
Las superficies son negras.
Pulidas.
El espacio parece construido con una tecnología que ni los Igigi ni los Kurgán comprenden.
Frente a ella aparece una figura humanoide sin rasgos convencionales, formada por un metal oscuro semejante al resto de la estructura.
La entidad no se presenta como Exo.
Introduce otra denominación:
exodita.
Y con ello la novela proporciona una de las revelaciones más importantes de toda la serie.
Qué son los exoditas
La entidad explica a Cinnia que los exomantes son humanos que poseen el gen Exo y pueden interactuar con determinadas tecnologías ancestrales.
Los exoditas representan algo diferente.
Fueron humanos.
Su conciencia fue trasladada posteriormente a cuerpos de metal Exo.
Son, según la explicación que recibe Cinnia, un paso posterior dentro de esa evolución.
Existen miles.
Conviven con mundos gobernados por exomantes.
Y poseen información heredada del colectivo Exo.
La distinción resulta fundamental para comprender numerosos acontecimientos posteriores del Continuus Nexus.
Los Exo y los exoditas no son la misma cosa.
Los Primigenios
La entidad introduce además otro nombre.
Los Primigenios.
Según aquello que Cinnia escucha, se trataría de los primeros exoditas, seres que recorren y codifican las distintas líneas espacio-temporales donde existen.
La revelación está expresada desde la voz de la propia entidad y debe conservarse en esos términos, sin convertir todas sus afirmaciones en una explicación omnisciente definitiva sobre el cosmos.
Lo importante es aquello que Cinnia descubre:
la existencia humana ha producido formas de continuidad mucho más antiguas y extrañas de lo que había imaginado.
Y esos seres llevan mucho tiempo observando (Esta historia entronca directamente con las futuras sagas de La Senda de las Estrellas y La Guerra de los Mil Tronos)
Wotan Daneron y la conexión entre las sagas
Durante la conversación, Cinnia empieza a relacionar aquello que escucha con informaciones anteriores.
Un nombre vuelve a aparecer:
Wotan Daneron.
La figura conocida por los lectores de Leyendas del Sol Negro y que en La Pureza actúa como interlocutor de los Exo encaja ahora dentro de una estructura mucho más amplia.
Cinnia comprende que Wotan pertenece a ese tipo de seres.
Un antiguo humano cuya existencia ha atravesado edades y cuya naturaleza actual ya no puede describirse simplemente como humana.
La revelación enlaza directamente Leyendas del Sol Negro, La Pureza, Khaos y Oscuridad y, mucho después, La guerra de los Mil Tronos.
Un crucero de veinte kilómetros
Cuando Cinnia vuelve a encontrarse en su esquife, puede contemplar brevemente la nave que la ha recibido.
El Explorador Oscuro posee una eslora cercana a veinte klicks y una configuración semejante a una gigantesca ala delta construida en metal Exo negro.
No es una nave única.
La entidad asegura que existen miles.
Recorren líneas espacio-temporales.
Observan.
Codifican.
Estudian.
El alcance de esa afirmación cambia la escala de todo cuanto Cinnia creía saber sobre los poderes que operan detrás de las guerras humanas.
Cinnia queda sola otra vez
El Explorador Oscuro desaparece.
Cinnia queda de nuevo aislada en el pequeño esquife.
No sabe con absoluta certeza siquiera dónde se encuentra, aunque cree estar en el sector Fornax.
Las respuestas recibidas han creado más preguntas que certezas.
¿Puede confiar en los exoditas?
¿Le han contado la verdad completa?
¿Fue rescatada por curiosidad o porque su existencia tiene algún propósito?
La novela no responde definitivamente a esas preguntas.
Cinnia tampoco tiene tiempo para resolverlas.
Una formación de naves aparece finalmente en los sensores.
Son Neffut.
Su historia vuelve a ponerse en movimiento.
Lamentos en el Abismo y la transformación del Continuus Nexus
La importancia del libro reside en la cantidad de órdenes establecidos que destruye simultáneamente.
El Álamo cae.
Kish desaparece como corazón imperial.
Sforza-Médici rompe con el control directo del Kurgán mediante la fuga de Muzio.
Silas descubre que su enemigo puede utilizar verdades incómodas contra su propia fe.
Revar pierde el control de reliquias que consideraba esenciales.
Los Kish dejan de ser un imperio territorial para convertirse en una civilización refugiada.
Cinnia escapa de Tannhäuser y descubre la existencia de los exoditas y los Exploradores Oscuros.
La novela no construye todavía el nuevo orden.
Destruye el viejo.
La caída de los imperios como tema central
Todo el libro está atravesado por una misma idea: ninguna estructura política es eterna.
Kish había existido durante milenios y desaparece por la decisión de un solo soberano.
Riela había construido un reino arcano y lo pierde cuando atrae una fuerza que no puede combatir.
Sforza conserva instituciones que ya no garantizan libertad.
La Cruzada Kurgán parece imparable, pero incluso dentro de ella empiezan a aparecer fisuras morales, obsesiones privadas y dudas.
La grandeza no protege frente a la decadencia.
En ocasiones solamente hace que la caída sea más espectacular.
El exilio como forma de supervivencia
Frente a esa destrucción aparece una segunda idea:
sobrevivir puede exigir abandonar el hogar.
Riela se repliega.
Muzio huye.
Los Kish construyen una ciudad errante.
Cinnia atraviesa una anomalía.
Reimius abandona Corona Australis.
Cada uno escapa por motivos distintos, pero todos descubren que la continuidad ya no depende de conservar un territorio.
La supervivencia pertenece a quien puede moverse.
Este principio será cada vez más importante a medida que el Continuus Nexus avance hacia la Conjunción Infernal.
Silas y la ruptura de la certeza
El arco de Silas constituye probablemente el conflicto personal más profundo del libro.
Baalfegor no lo derrota físicamente.
Tampoco consigue poseerlo.
Pero logra obligarlo a mirar aquello que prefería no contemplar.
¿Cuántos muertos separan realmente al Kurgán de sus enemigos?
¿Hasta qué punto obedecer a un poder superior convierte a alguien en instrumento de ese poder?
¿Puede Silas condenar la oscuridad de Baalfegor sin examinar aquello que él mismo ha hecho?
La respuesta no aparece cerrada en esta novela.
Lo que nace en Gaugamela es la duda.
Y para un creyente absoluto, la duda puede resultar mucho más peligrosa que cualquier herida.
Cinnia y el conocimiento prohibido
El arco de Cinnia trabaja en dirección contraria.
Silas pierde certezas.
Cinnia obtiene conocimiento.
Después de años reducida a la condición de prisionera, su fuga la conduce precisamente hacia seres capaces de explicar una parte de la arquitectura que ha gobernado la vida de muchos personajes sin que estos lo supieran.
Exomantes.
Exoditas.
Exo.
Exploradores Oscuros.
Líneas espacio-temporales.
Primigenios.
Wotan Daneron.
La mujer que había sobrevivido gracias a la violencia y al instinto termina convertida inesperadamente en depositaria de información que pocas personas de su tiempo poseen.
Ese conocimiento tendrá consecuencias.
Por qué Lamentos en el Abismo es esencial dentro de Khaos y Oscuridad
Este quinto libro funciona como un gran punto de inflexión porque transforma la escala de la serie.
Los primeros conflictos de Khaos y Oscuridad todavía podían contemplarse mediante imperios, facciones, cruzadas y conquistas.
Después de Lamentos en el Abismo, esa explicación empieza a resultar insuficiente.
Ya no basta con preguntar qué nación dominará un sector.
Hay que preguntar qué humanidad sobrevivirá.
Qué linajes conseguirán atravesar las siguientes catástrofes.
Qué fuerzas están manipulando las fronteras entre realidades.
Qué significa realmente ser humano después de la aparición de arcanos, Igigi, Kurgán, exomantes y exoditas.
Y, sobre todo, qué ocurrirá cuando todas esas historias dejen de desarrollarse por separado.
La Conjunción se acerca.
Lamentos en el Abismo dentro del Continuus Nexus
La novela conecta numerosos hilos fundamentales del universo.
Riela prolonga la historia de los arcanos nacida en La Pureza.
Muzio y Sofía mantienen viva la continuidad Sforza-Médici.
Silas y Lys-Baalfegor convierten una antigua relación personal en un conflicto entre dos concepciones de poder.
Jataq y Velarys clausuran violentamente una parte de la historia Kish.
Jessica Mohiam transforma la supervivencia imperial en éxodo.
Reimius y Revar enlazan esta etapa con las guerras remotas del Eternum.
Cinnia permite revelar la naturaleza de los exoditas.
Y Wotan Daneron aparece como vínculo invisible entre épocas que hasta entonces podían parecer demasiado alejadas entre sí.
Todo se aproxima poco a poco a la misma conclusión.
Las historias no estaban separadas.
Las líneas espacio-temporales tampoco lo estarán para siempre.
En Lamentos en el Abismo, los personajes todavía creen estar intentando sobrevivir a sus propias guerras.
El lector empieza a comprender algo mucho peor:
todas esas guerras se dirigen hacia el mismo lugar.
