En el Eternum los imperios pueden desaparecer, los mundos pueden arder y hasta la memoria de una civilización puede ser borrada por los milenios. Pero hay un nombre que el Neoimperio se ha negado a permitir que muera.
Nimrod.
Durante los acontecimientos que abren La Guerra de los Mil Tronos, ese nombre pertenece a Nimrod 84, el Emperador-Profeta reinante, Señor de Orión, Mesías Rojo y cabeza visible del poder que gobierna el Neoimperio.
Sin embargo, Nimrod 84 no es simplemente el octogésimo cuarto soberano de una dinastía.
No existe una sucesión convencional.
No hay hijos disputándose una corona, príncipes esperando la muerte de su padre ni casas nobiliarias compitiendo por sentar su sangre sobre el trono.
Existe algo mucho más antiguo y perturbador:
una continuidad.
Nimrod 84 es el miembro número 84 de una estirpe genética creada para que el Emperador pueda desaparecer como individuo sin que Nimrod desaparezca jamás.
Y cuando comienza La Guerra de los Mil Tronos, esa continuidad gobierna buena parte de la humanidad conocida desde el lejano mundo de Nod.
Quién es Nimrod 84 en La Guerra de los Mil Tronos
Nimrod 84 es el Emperador-Profeta del Neoimperio durante la época de Jared, el crosariano, en el décimo segundo milenio posterior a la Conjunción Infernal.
En el año 11.711 estándar tras la Conjunción, su voluntad alcanza las postrimerías del sistema Hastapor, en la cuaderna estelar de Ekron-Dagán, mucho antes de que Jared llegue siquiera a comprender la magnitud del poder que ha decidido intervenir en su destino.
Para los habitantes del Neoimperio, Nimrod es el Emperador.
Para la Iglesia de Nimrod, es el instrumento humano más cercano a la voluntad del Hacedor.
Para quienes conocen los secretos de la continuidad imperial, sin embargo, Nimrod representa algo bastante más complejo.
Es un hombre.
Es un clon.
Es una memoria heredada.
Es una estirpe.
Y es, sobre todo, una institución creada para sobrevivir a sus propios cuerpos.
Comprender a Nimrod 84 exige, por tanto, retroceder miles de años hasta el origen del primero de todos ellos.
El origen del linaje de Nimrod: las Tres Semillas
Mucho antes de Nimrod 84 existió el Primer Nimrod.
Su concepción constituye uno de los acontecimientos fundamentales de la historia del Continuus Nexus y conecta directamente La Guerra de los Mil Tronos con acontecimientos y linajes procedentes de sagas anteriores.
El origen se encuentra en Pérgamo, donde convergieron tres líneas genéticas extraordinarias.
La primera era la Semilla Santa de Dave de Orión, preservada durante milenios.
La segunda procedía de Esquilo de Nod, Navegante exomante perteneciente al linaje de Sael.
La tercera pertenecía a Mayra, exomante de un linaje primigenio, anterior incluso al pueblo exodita tal como sería conocido posteriormente en el Eternum.
De aquella unión surgió el niño que Mayra llevaba en su vientre.
El futuro Primer Nimrod.
Pero Pérgamo fue devastado tras la irrupción del Khabal a través de un Portal de Vacío. Mayra logró escapar embarazada y alcanzó el Mundo Ceniza, donde su destino terminaría cruzándose con Django, Clea y Astarté.
Mayra murió al dar a luz.
Antes de hacerlo dejó un nombre.
Nimrod.
Aquel niño sería criado por Clea, la Segunda Madre, y terminaría convirtiéndose en el origen de una de las instituciones políticas, religiosas y genéticas más extraordinarias del Eternum.
Miles de años después, Nimrod 84 sigue llevando aquella herencia en su sangre.
Nimrod no es una dinastía: es una continuidad
El Primer Nimrod comprendió uno de los problemas que habían destruido incontables imperios humanos: la sucesión.
Una dinastía engendra descendientes.
Los descendientes crean linajes.
Los linajes compiten.
Y la competencia por el trono termina engendrando guerras civiles, usurpaciones, conspiraciones y fragmentación.
Nimrod renunció por ello a tener descendencia natural.
La solución fue radical.
Con la intervención de las Hermanas del Camino y de los Exoditas se estableció la casta genética Nimrod, concebida como un ciclo de gobierno, memoria y sacrificio.
Cada Emperador dispone de aproximadamente ciento veinte años estándar de existencia.
Llegado el momento establecido, su cuerpo termina.
Pero Nimrod continúa.
Su memoria y su experiencia son transferidas a una Matriz Exo situada en órbita de Nod, mientras la continuidad genética permite que otro cuerpo ocupe su lugar.
Un nuevo Nimrod.
El mismo trono.
La misma estirpe.
Una nueva carne.
De ahí procede el número.
Nimrod 84 no significa que ochenta y tres reyes diferentes pertenecientes a una misma familia lo precedieran.
Significa que se encuentra ante la octogésima cuarta encarnación de un sistema diseñado para que la autoridad imperial sobreviva durante milenios.
En el Neoimperio existe una sentencia que resume esta doctrina mejor que cualquier tratado:
Nimrod no muere. Se continúa.
Wotan Daneron y el secreto de los Nimrod
La continuidad no queda únicamente en manos de la Iglesia ni del propio Emperador.
Existe un custodio.
Wotan Daneron.
El antiguo Exodita constituye una presencia que atraviesa generaciones enteras de la estirpe. Es líder del Consejo de los Doce y garante del proceso mediante el cual un Nimrod termina y otro continúa.
Su lealtad, por ello, no pertenece simplemente al hombre que ocupa el trono.
Pertenece a algo superior al individuo:
la continuidad de Nimrod.
Este matiz resulta esencial para comprender el verdadero equilibrio de poder existente dentro del Neoimperio.
Un Emperador puede gobernar.
Una generación puede creer que posee el poder.
Pero detrás del trono existen instituciones, custodios, matrices, secretos y estructuras creadas para sobrevivir incluso al propio soberano.
Nimrod 84 gobierna un imperio.
Pero también forma parte de una maquinaria mucho más antigua que él.
El Hegemón y los Mil Tronos
El poder de Nimrod 84 no se limita a Nod ni a los mundos que reconocen voluntariamente la autoridad neoimperial.
Su doctrina parte de una premisa absoluta:
la humanidad no debe permanecer fragmentada.
Durante la época de Nimrod 84, el Hegemón considera parte de los llamados Mil Tronos a las colonias, naciones y enclaves humanos existentes entre las cuadernas de Ekron-Dagán y Envar-Dagán.
No importa que algunos de aquellos mundos hayan perdido cualquier vínculo con los antiguos imperios.
No importa que hayan desarrollado culturas independientes.
No importa que hayan olvidado incluso de dónde proceden.
Allí donde existe humanidad, el Hegemón reclama soberanía.
Para el Neoimperio, la fragmentación humana no constituye simplemente un problema político.
Es una herejía.
La Guerra de los Mil Tronos nace precisamente de esa contradicción: innumerables pueblos, reinos, colonias y civilizaciones humanas consideran legítima su independencia, mientras Nimrod contempla aquella dispersión como una enfermedad que debe ser corregida.
Por la diplomacia cuando sea posible.
Por la sumisión cuando sea necesario.
Por la guerra cuando no quede otra respuesta.
Nimrod 84 y la guerra eterna contra el Khabal
Existe además una dimensión todavía mayor.
El Neoimperio no contempla su expansión exclusivamente como una conquista territorial.
La humanidad vive atrapada en una guerra mucho más antigua.
Por un lado se encuentran las fuerzas vinculadas a los Exo.
Por otro, el Khabal y las innumerables manifestaciones surgidas de su corrupción.
Entre ambos extremos sobreviven las diferentes humanidades que la Conjunción Infernal arrojó al Eternum.
La unificación impulsada por Nimrod pretende construir una humanidad capaz de participar en esa guerra.
De ahí el carácter religioso del conflicto.
De ahí el título de Emperador-Profeta.
Y de ahí también uno de sus nombres más poderosos:
Mesías Rojo.
Las crónicas indican que los Exoditas, e incluso los propios Exo dentro de su guerra eterna contra el Khabal, toleran o respaldan en determinados términos la cruzada humana del Hegemón.
Pero esa afirmación pertenece al terreno de las crónicas, creencias y testimonios internos del Neoimperio y debe conservar ese grado de certeza.
En el Continuus Nexus, fe, propaganda, memoria e historia rara vez permanecen completamente separadas.
El hombre que Nimrod 84 encontró entre las estrellas
Uno de los acontecimientos que mejor demuestra el poder atribuido a Nimrod 84 no sucede en Nod.
Sucede en la oscuridad del espacio.
Allí vagaba una antigua barcaza colonial.
Había partido de una realidad remota, cuando Terra todavía existía y Cronos continuaba enviando su señal de hiperhonda. Había sobrevivido durante milenios, atravesado la Conjunción Infernal y continuado a la deriva mucho después de que todos sus pasajeros hubieran muerto.
Todos salvo uno.
Jared.
Jared permanecía criosuspendido en las entrañas de aquella nave condenada.
El Emperador-Profeta percibió su existencia.
A una distancia inconcebible, Nimrod 84 detectó el débil latido del único superviviente y ordenó que un Vhaxar acudiera a buscarlo.
El elegido fue Vidarna, Vhaxar de la Mano Blanca, uno de los Diez Mil Hijos del Emperador y comandante de una de las grandes legiones neoimperiales.
Vidarna se encontraba camino de Hastapor.
Cambió el rumbo.
La voluntad de Nimrod estaba por encima de la campaña militar.
Jared debía ser encontrado.
¿Por qué Nimrod 84 eligió a Jared?
La respuesta constituye una de las claves del comienzo de La Guerra de los Mil Tronos.
Jared procede de otro tiempo.
No pertenece a las cuadernas del Eternum.
No ha sido criado por la Iglesia.
No pertenece a una legión.
No ha heredado los odios, interpretaciones, dogmas ni intereses que durante milenios han deformado las innumerables tradiciones surgidas después de la Conjunción Infernal.
Precisamente por eso interesa a Nimrod 84.
El Emperador no busca simplemente a un superviviente.
Busca un cronista.
Jared terminará comprendiendo que su misión consiste en recopilar, comparar y depurar relatos contradictorios, crónicas adulteradas, tradiciones locales e interpretaciones religiosas para construir una memoria coherente de la historia.
Una memoria para el Neoimperio.
Así, el hombre rescatado de una barcaza perdida acaba transformándose en escriba y Maestre Imperial, convertido en narrador de la propia Guerra de los Mil Tronos.
Y detrás de ese destino se encuentra Nimrod 84.
Fue él quien lo percibió.
Fue él quien ordenó encontrarlo.
Fue él quien decidió que debía aprender.
Los Vhaxar: los Diez Mil Hijos del Emperador
Entre la voluntad del Hegemón y los mundos que deben obedecerla se encuentran los Vhaxar.
Son los llamados Diez Mil Hijos.
Comandan las Diez Mil Legiones y poseen una fracción de material genético procedente del Emperador, mantenida mediante un proceso selectivo generación tras generación.
Su vínculo con Nimrod va más allá de la obediencia militar.
Los Vhaxar pueden comunicarse telepáticamente con él.
Así recibe Vidarna la voluntad que lo conduce hasta Jared.
No necesita un mensaje convencional.
La orden atraviesa el vínculo existente entre el Emperador y sus hijos.
De ese modo, los Vhaxar actúan como extensiones vivas del Hegemón: conquistadores, gobernadores, guerreros y ejecutores de una voluntad imperial que puede alcanzar mundos separados por distancias inconcebibles.
Nimrod 84 como Emperador y como símbolo
Reducir a Nimrod 84 a un tirano galáctico sería no comprender la complejidad del personaje.
Reducirlo a un mesías sería igualmente insuficiente.
Es ambas cosas y ninguna por completo.
Gobierna un sistema autoritario dispuesto a destruir mundos y civilizaciones para imponer su concepto de unidad.
Pero pertenece también a una estirpe creada como sacrificio precisamente para evitar que la humanidad vuelva a fragmentarse.
Es venerado.
Pero no debería confundirse esa veneración con una simple divinización.
La Iglesia de Nimrod reconoce en él un instrumento del Hacedor, una manifestación humana imperfecta de una voluntad mucho mayor.
Posee poder.
Pero ese poder se encuentra condicionado por el Consejo de los Doce, por Wotan Daneron, por la propia Iglesia, por las estructuras genéticas que lo preceden y por una tradición imperial que comenzó miles de años antes de su nacimiento.
Nimrod 84 es Emperador.
Pero también es prisionero del nombre que lleva.
Nimrod 84 no es Nimrod 85
Esta distinción resulta fundamental dentro del canon de La Guerra de los Mil Tronos.
Nimrod 84 es el Emperador-Profeta de la época inicial narrada por Jared y de los acontecimientos de Hastapor.
Es el soberano cuya presciencia descubre al crosariano.
Es quien ordena su rescate.
Es el miembro número 84 de la continuidad Nimrod.
Los acontecimientos posteriores relacionados con Nimrod 85 pertenecen a otro momento de la historia y a otro Emperador de la estirpe.
No deben mezclarse ambos personajes.
La numeración no constituye un detalle secundario: es precisamente una de las claves para comprender cómo funciona el poder en el Neoimperio.
Nimrod 84 dentro del Continuus Nexus
Nimrod 84 representa uno de los grandes puntos de convergencia del Continuus Nexus.
En su sangre desembocan acontecimientos que comenzaron miles de años antes.
Dave de Orión.
Sael.
Esquilo.
Mayra.
Las Tres Semillas.
Clea.
El Primer Nimrod.
Los Exoditas.
Wotan Daneron.
Nod.
La Iglesia.
El Hegemón.
Todas esas líneas terminan proyectándose sobre el soberano que gobierna cuando Jared despierta en el Eternum.
Por eso La Guerra de los Mil Tronos no comienza realmente con una batalla.
Comienza con memoria.
Con un hombre perdido entre las estrellas.
Con un Emperador capaz de percibirlo.
Y con una pregunta que terminará extendiéndose por mundos, legiones y generaciones:
¿Cuánto está dispuesta a sacrificar la humanidad para permanecer unida?
Nimrod 84 ya conoce su respuesta.
El Eternum tendrá que pagarla.
