La semilla robada es el material reproductivo que Salomé obtiene de Nimrod 85 en Agarthia. La Matriz Exo confirma que fue emitido, no regresó a los bancos imperiales y no fue destruido.
El verdadero peligro no es el escándalo sexual ni la humillación del emperador. Es la posibilidad de que la semilla clónica degradada encuentre en el linaje de Salomé una combinación capaz de despertar un Virya no clónico.
De esa unión nace Acad. La semilla se convierte en eje de la cacería de Wotan, de la ejecución de Nimrod 85 y del futuro conflicto dinástico. Es un fragmento biológico que altera la política de una galaxia.
Apariciones y relaciones canónicas
Apariciones principales: Arconte, La Caza y Hinom.
Relaciones conocidas: Salomé, Nimrod 85, Wotan, Acad, la Matriz Exo y el linaje Virya.
Contexto canónico de La semilla robada
Y él no pensaba permitir que el próximo nacimiento encontrara al Neoimperio mirando hacia otro lado.
Escenario: Ciudad-escudo de Agarthia, criadero de dragones imperiales de Mundo Ceniza. Cuaderna estelar: Ekron-Dagán. Cronología: año 11.623 estándar tras la Conjunción Infernal
La nave se alejó hacia las tormentas altas de Mundo Ceniza, invisible para los rastros ordinarios, protegida por rutas antiguas y por la indecisión de un emperador herido en su orgullo. Agarthia quedó atrás, con sus dragones encadenados, sus archivos sellados, sus túneles manchados y sus guardias interrogando a los inocentes porque los culpables ya habían aprendido a desaparecer. En las cámaras profundas, Astarté siguió durmiendo, si aquello era sueño, y tal vez soñó con ciudades futuras ardiendo bajo banderas que aún no habían sido cosidas.
Décadas después, los cronistas discutirían fechas, versiones, nombres falsos y responsabilidades. Algunos dirían que Salomé sedujo al emperador por ambición. Otros, que fue violada por su propio plan y convertida en instrumento de fuerzas más antiguas. Otros, más prudentes, callarían. La Guardia Negra archivaría fragmentos. Los Neomenoch cantarían mentiras piadosas. El Neoimperio ocultaría lo necesario. El Dominio, cuando llegara su hora, convertiría la semilla robada en mito fundacional, porque todo poder necesita olvidar la suciedad exacta de su nacimiento.
Revisó de nuevo las notificaciones, intentando hallar un sentido. El mundo al que se dirigían se llamaba Continuus: un planeta rocoso en un sistema binario sin mayor relevancia. Una terraformación incompleta y fallida de la Segunda Expansión había dejado allí apenas un par de asentamientos dispersos, habitados por unos cientos de miles de almas condenadas a sobrevivir en un mundo hostil. Un planeta volcánico que nunca había dejado de rugir bajo la corteza, siempre a punto de despertar como una fiera encadenada.
