Entre los personajes de Crónicas de Aqueron, pocos representan con tanta claridad la capacidad de aquel mundo para destruir una identidad y construir otra sobre sus restos como Govind Scully. Su historia comienza bajo la disciplina militar de un Imperio humano, continúa entre la tripulación del HMS Deméter, atraviesa la Brecha y termina conduciéndolo por la esclavitud, el desierto, los monasterios Menoch, las ruinas de Sippart y la guerra contra los poderes Anu hasta convertirlo en custodio de las Tablillas del Destino y pieza fundamental en la activación del Arca de Rocamar.
Govind no llega a Aqueron buscando iluminación.
Llega como soldado.
Como cabo.
Como hombre que todavía cree en órdenes, jerarquías, disciplina y armas capaces de mantener el caos a distancia.
Aqueron le arrebatará prácticamente todo aquello.
Sus compañeros morirán.
Su uniforme dejará de significar nada.
Su fusil desaparecerá.
Será perseguido, capturado, vendido como esclavo y obligado a sobrevivir dentro de una civilización cuyas religiones, tecnologías y monstruos desbordan cualquier explicación que pudiera haber aprendido en la Tierra.
Sin embargo, Govind no desaparece.
Cambia.
Y cuando vuelve a encontrarse con quienes conocieron al antiguo cabo de los Scottish Grey, ya no es simplemente el hombre que atravesó la Brecha.
Es Govind Scully, druida Menoch de Vladas-Damasco, portador de una tradición espiritual de Aqueron, conocedor de secretos sobre Igigi y Arcontes y custodio de una de las piezas que determinarán el final de la guerra contra Abaddón.
Quién es Govind Scully en Crónicas de Aqueron
Govind Scully es inicialmente un cabo sij de los Scottish Grey y miembro de la expedición que viaja a bordo del HMS Deméter durante la Gran Noche.
Su formación es militar.
Su comportamiento también.
Govind aparece como un hombre disciplinado, sereno y acostumbrado a obedecer órdenes incluso en circunstancias extremas. No destaca por grandilocuencia ni por una inclinación inicial hacia el misterio; su utilidad procede de la experiencia, el autocontrol y una resistencia física y mental que posteriormente resultará esencial para sobrevivir en Aqueron.
En aquellos primeros momentos todavía lleva turbante.
Todavía piensa como soldado.
Todavía existe un mundo al que regresar.
Nada de eso sobrevivirá intacto.
El aspecto de Govind antes de Aqueron
Durante su etapa a bordo del HMS Deméter, Govind es descrito como alto, fibroso, de tez dorada y mirada intensa, con un turbante blanco cuidadosamente colocado.
Su imagen transmite orden.
Disciplina.
Contención.
No necesita preguntar continuamente qué debe hacer porque su formación militar le ha enseñado a interpretar y ejecutar órdenes con rapidez.
En Thurso, cuando el Deméter participa en la evacuación de Jonah Fox y otros supervivientes, Govind actúa precisamente de esa manera: prepara los sistemas de amarre, ejecuta las maniobras necesarias y contribuye directamente a que los hombres atrapados puedan subir a bordo.
Todavía es el cabo Scully.
Todavía pertenece al mundo de Su Majestad.
El HMS Deméter
El HMS Deméter constituye la frontera entre las dos vidas de Govind.
Antes de subir a aquella nave existe el soldado.
Después de cruzar la Brecha empezará a existir el peregrino.
Durante la catástrofe de Thurso, Govind se encuentra entre los hombres que permiten que la astronave mantenga el contacto con los edificios mientras Jonah Fox lucha por alcanzar la cubierta.
Es él quien finalmente ayuda a izarlo al interior.
No estamos todavía ante el futuro druida de Vladas-Damasco.
Estamos ante un cabo realizando su trabajo mientras el mundo conocido se hunde alrededor.
Govind y Jonah Fox
La relación entre Govind y Jonah Fox nace antes de que ninguno de los dos pueda comprender el destino que terminará uniéndolos.
Govind ayuda a Jonah durante las operaciones del Deméter.
Más tarde, cuando ambos vuelvan a encontrarse en Aqueron, habrán cambiado de una forma que habría resultado imposible imaginar durante aquellos primeros días.
Jonah empezará a convertirse en el Mesías Rojo.
Govind habrá abandonado la identidad militar que lo definía.
La amistad entre ambos termina así funcionando como uno de los puentes humanos entre el mundo perdido y el nuevo.
El viaje hacia la Brecha
Cuando el Deméter pone rumbo hacia el Anillo de Brodgar y la Brecha, Govind continúa actuando como miembro de la tripulación.
El fenómeno que tienen delante desafía cualquier explicación científica o religiosa disponible para ellos.
La luz cambia.
El cielo se deforma.
Las nubes parecen responder a fuerzas invisibles.
Entonces todo se rompe.
Una explosión recorre la nave.
Macfair se transforma.
La tripulación entra en combate contra algo que ya no puede considerarse humano.
Y Govind queda atrapado en medio del incendio.
Fuego dentro del Deméter
Durante el tránsito por la Brecha, Govind y otros soldados intentan contener las llamas utilizando mantas empapadas.
El Deméter se está desintegrando alrededor de ellos mientras la propia realidad parece plegarse.
No existe todavía doctrina Menoch.
No hay cayado.
No existe monasterio.
Govind responde como siempre ha respondido.
Trabaja.
Resiste.
Sobrevive.
La Brecha convertirá esa resistencia en la primera prueba de una transformación mucho mayor.
El naufragio en Aqueron
Cuando Govind recupera la conciencia ya no está en el mundo que conocía.
Se encuentra suspendido de una liana dentro de una jungla sofocante, rodeado de fragmentos del Deméter.
A pocos metros está Leroy Lincoln, también atrapado.
Govind no tiene tiempo para comprender el fenómeno.
Una serpiente empieza a estrangular a su compañero.
La respuesta vuelve a ser militar.
Se impulsa hacia él.
Utiliza su cuchillo.
Mata al animal.
Ambos terminan cayendo al suelo.
Leroy Lincoln y Edgar Carintong
Govind consigue reunirse posteriormente con Edgar Carintong.
Los tres hombres abandonan la jungla sin saber realmente dónde están.
No conocen Aqueron.
No saben que han atravesado una realidad.
No saben que otros miembros de la expedición han aparecido en lugares y tiempos diferentes.
Solo saben que han sobrevivido.
Durante un breve momento, aquella pequeña unidad militar sigue existiendo.
Govind sigue siendo cabo.
Carintong y Lincoln siguen respondiendo a sus órdenes.
El mundo antiguo todavía sobrevive dentro de ellos.
No durará mucho.
Un mundo sin Inglaterra
La primera gran fractura mental llega cuando Govind comprende que el territorio que los rodea no puede ser simplemente una región desconocida de la Tierra.
Intenta comunicarse en inglés.
En urdú.
En hindi.
En punyabí.
Nada funciona.
Las estrellas tampoco encajan.
La fauna es extraña.
Las distancias son imposibles.
Y ningún mapa militar puede explicar cómo un dirigible procedente del Atlántico Norte ha terminado arrojándolos sobre una jungla seguida de desiertos interminables.
Govind todavía busca una explicación racional.
Aqueron no tiene ninguna intención de proporcionársela.
La aldea arrasada
Pocos días después, Govind y sus hombres se encuentran atrapados en una nueva catástrofe.
Una aldea es atacada.
Los agresores actúan con una brutalidad extrema.
La población es masacrada.
Govind, Carintong y Lincoln se encuentran sin recursos suficientes para defenderla.
Deben huir.
Para un hombre formado alrededor de la disciplina y el deber militar, aquella retirada supone mucho más que una decisión táctica.
Es el comienzo de una culpa que no lo abandonará.
El último adiós de Carintong y Lincoln
Durante la persecución, Lincoln deja de poder continuar.
Carintong decide quedarse junto a él.
Govind intenta ordenarles que sigan.
Apela incluso a la autoridad de Su Majestad.
Ya no sirve.
La cadena de mando que había definido su vida ha dejado de existir.
Carintong se despide reconociendo a Govind como buen mando.
Govind devuelve el saludo.
Ese momento funciona prácticamente como funeral de su antigua identidad.
El cabo continúa andando.
Sus soldados quedan atrás.
Aqueron empieza a reclamarlo.
Capturado por los hombres de barro
La supervivencia tampoco le concede libertad.
Govind termina en manos de los llamados hombres de barro, criminales y traficantes que lo capturan después de destruir aquello que quedaba de su entorno inmediato.
Lo atan.
Lo transportan como ganado.
Cruza un desierto de pedernal rojizo colgado del flanco de un dromedario.
Sangra.
Delira.
Recibe apenas suficiente agua para no morir.
El antiguo cabo de los Scottish Grey ha dejado de ser soldado.
Ahora es mercancía.
Al-Semanet
La marcha termina en Al-Semanet, ciudad situada junto al desierto y vinculada a importantes rutas de esclavos.
Govind llega prácticamente destruido.
No entiende la lengua.
No posee armas.
No tiene rango.
No dispone de dinero.
Y nadie reconoce la autoridad que una vez representó su uniforme.
Es colocado a la venta.
Examinarán su cuerpo del mismo modo que se examina un animal.
La transformación de Govind no comienza en un templo.
Comienza allí.
En la pérdida absoluta de poder.
De soldado a esclavo
Un comprador acaba adquiriéndolo.
Govind sobrevive porque todavía posee un cuerpo fuerte y una capacidad de resistencia aprendida durante años de campaña.
Pero Aqueron lo empuja ahora hacia una existencia que contradice todo cuanto había sido.
El mando se convierte en obediencia.
La autoridad, en sometimiento.
El uniforme, en harapos.
Las campañas militares, en trabajo forzado.
Termina relacionado con la recolección de flores Lysiam, dentro de una vida de esclavo que amenaza con consumir los últimos restos del hombre anterior.
Las flores Lysiam
La condición de recolector de Lysiam resulta especialmente significativa porque muestra hasta qué punto Govind ha caído dentro de la jerarquía social de Aqueron.
Había sido responsable de otros hombres.
Ahora trabaja para otro.
Había llevado armas.
Ahora su principal obligación es sobrevivir a la jornada.
El mundo no le está enseñando una nueva religión.
Primero está destruyendo todos los símbolos mediante los que había definido su lugar.
Solo después aparecerán los Menoch.
Los Menoch
Govind entra finalmente en contacto con una casta que cambiará completamente su vida:
los Menoch.
No son simples sacerdotes.
Son druidas guerreros.
Célibes.
Consagrados a la Diosa de Aqueron.
Su espiritualidad no está separada del combate, la disciplina ni el sufrimiento.
Para Govind, acostumbrado a una formación militar estricta, hay algo reconocible dentro de esa dureza.
Pero también algo radicalmente nuevo.
Los Menoch no quieren únicamente enseñarle a luchar.
Quieren rehacer su percepción de la realidad.
El rescate
Los Menoch rescatan a Govind de la existencia que llevaba en Al-Semanet.
Ese rescate no significa simplemente recuperar la libertad.
Le proporciona un nuevo camino.
Govind ha perdido a sus hombres.
No sabe cómo regresar.
Su mundo parece inalcanzable.
La estructura militar que daba sentido a su vida ha desaparecido.
Los Menoch ofrecen otra estructura.
Otro deber.
Otra disciplina.
Y Govind acepta seguirlos.
La segunda marea de regresados
Antes de llegar al corazón de la tradición Menoch, Govind vuelve a encontrarse con los regresados.
Los druidas combaten utilizando sus báculos con una precisión y una violencia que sorprenden al antiguo soldado.
Para él, la escena se parece casi a una coreografía.
No son ascetas indefensos.
Han convertido el combate en extensión de su disciplina espiritual.
Govind observa.
Aprende.
Y comprende que quizá exista una forma de supervivencia diferente a la que conoció en el Ejército.
El camino hacia Vladas-Damasco
Los Menoch conducen a Govind a través de grandes regiones desérticas.
Cruzan el Siq, un desfiladero monumental que desemboca en un valle rodeado de montañas.
Más allá se encuentra Vladas-Damasco.
El monasterio se alza como una estructura pentagonal de piedra, severa, espartana y aislada entre cumbres cubiertas de nieve y glaciares.
Allí termina realmente la vida del cabo Scully.
Y comienza la del druida.
El monasterio de Vladas-Damasco
Vladas-Damasco no convierte a Govind mediante una ceremonia sencilla.
La iniciación es dura.
Privación.
Dolor.
Meditación.
Entrenamiento.
Silencio.
Resistencia.
En criptas y catacumbas aprende una idea que desafía la comprensión material del antiguo militar: la realidad no debe limitarse a aquello que puede verse, oírse o tocarse.
Los Menoch buscan otra forma de percepción.
Govind debe aprenderla.
La pregunta de los Menoch
Una de las ideas que articulan su aprendizaje consiste en preguntarle qué quedaría de su existencia si desaparecieran sus sentidos.
Si no pudiera ver.
Si no pudiera oír.
Si no pudiera tocar.
¿Seguiría existiendo Govind?
La pregunta resume perfectamente la crisis del personaje.
Porque Aqueron ya ha empezado a quitarle todo cuanto utilizaba para saber quién era.
Patria.
Ejército.
Compañeros.
Armas.
Lengua.
Rango.
Ahora debe decidir qué permanece debajo.
Govind deja de ser soldado
El texto describe su transformación con una radicalidad deliberada.
Govind deja de ser sij.
Deja de ser soldado.
Muere simbólicamente para renacer.
No significa que sus recuerdos desaparezcan ni que pierda las capacidades aprendidas durante su vida anterior.
De hecho, sigue luchando como alguien que nunca ha olvidado el entrenamiento militar.
Lo que cambia es el principio que organiza su existencia.
Ya no sirve a una corona terrenal.
Sirve a la Diosa.
El aspecto del druida Govind Scully
Después de su transformación Menoch, Govind presenta una apariencia completamente diferente a la del cabo del Deméter.
Es un hombre robusto.
La piel se describe como oscura, cobriza o curtida como bronce viejo.
Lleva la cabeza afeitada y una pequeña barba negra y puntiaguda.
Sus rasgos aparecen endurecidos por años de viaje, sol, hambre y combate.
Sus ojos son negros como ónice.
Y sobre el rostro lleva una de sus características visuales más importantes.
La runa azul del agua
Un tatuaje azulado cruza el rostro de Govind.
Está formado por tres líneas onduladas, semejantes a la runa del agua, que descienden desde el puente de la nariz hacia los pómulos.
No es un simple adorno.
Representa la jerarquía y tradición que ha abrazado.
Por tanto, debe estar presente en cualquier representación visual canónica del Govind druida.
Del mismo modo, no debe volver a dibujarse automáticamente con el turbante blanco de su etapa militar cuando la imagen pretenda representar al personaje durante Guerreros de Aqueron o Las Tablas del Destino.
Son dos etapas visualmente diferentes de la misma vida.
El cayado
Govind sustituye también parte de su antigua iconografía militar por el cayado Menoch.
Lo utiliza como apoyo.
Como símbolo.
Y, cuando es necesario, como arma.
Sin embargo, el antiguo soldado continúa dentro de él.
Sus movimientos siguen demostrando entrenamiento.
Su capacidad para reaccionar ante una amenaza conserva la velocidad de alguien formado para sobrevivir en combate.
El druida no borra al cabo.
Lo absorbe.
El santuario del río Thoen
Durante sus viajes como peregrino, Govind vuelve a recorrer las rutas orientales de Aqueron y llega a un santuario junto a un afluente del río Thoen.
Allí se enfrenta indirectamente a una presencia que conoce demasiado sobre él.
La entidad sabe su nombre.
Conoce su viaje.
Conoce incluso la culpa que Govind arrastra por quienes murieron para que él pudiera sobrevivir.
El antiguo soldado responde como druida.
Pero también como guerrero.
Cuando percibe la amenaza, toma el cayado y se prepara para combatir.
La culpa
La espiritualidad Menoch no elimina los fantasmas de Govind.
Lincoln.
Carintong.
Pattinson.
Los hombres que conoció antes de la Brecha siguen regresando a sus sueños.
Los ve.
Los recuerda.
Los siente como acusación.
Su transformación no consiste en olvidar el pasado.
Consiste en aprender a continuar cargándolo.
Eso separa a Govind de una conversión simplificada en la que un personaje abandona una identidad y adquiere otra sin conflicto.
Govind sigue siendo ambos hombres.
Y ninguno puede escapar del otro.
Sippart
La siguiente gran etapa de su camino lo conduce hacia Sippart, la antigua Ciudad Roja.
Govind ha adquirido conocimiento suficiente para reconocer nombres, tradiciones y jerarquías que antes habrían resultado incomprensibles.
Allí se mueve entre ruinas relacionadas con dinastías antiguas, dioses Anu, Igigi y leyendas que se remontan mucho más allá de la historia humana conocida.
Pero todavía puede ser engañado.
El anciano llamado Pazazu
Durante su viaje, Govind se encuentra acompañado por un anciano que se presenta como Pazazu.
El nombre despierta sus sospechas.
Pazazu había pertenecido a los antiguos emperadores de Sippart.
La coincidencia resulta demasiado evidente.
Govind pregunta.
El anciano esquiva.
La verdad llegará después.
La trampa de Pazazu
En una necrópolis relacionada con la antigua estirpe de Sippart, Govind queda rodeado por lulus.
Entonces el anciano deja de fingir.
Su cuerpo se endereza.
Su fuerza cambia.
Sus ojos revelan el fulgor que había mantenido oculto.
Pazazu es Igigi.
Y Govind comprende que ha estado viajando con una criatura capaz de esconder su verdadera naturaleza delante de él.
Govind frente a un Igigi
Govind intenta atacar.
Pazazu lo derrota con facilidad.
La escena tiene una importancia enorme porque destruye cualquier posible ilusión de superioridad adquirida tras su entrenamiento.
Govind ha aprendido.
Ha cambiado.
Es druida.
Pero sigue siendo humano frente a criaturas cuyo poder pertenece a otra escala.
Pazazu conoce incluso su identidad original.
Lo llama por aquello que fue:
Govind Scully, cabo sij de los Scottish Grey.
Aqueron parece negarse a permitirle enterrar completamente ese nombre.
Pazazu, rey de Sippart
Pazazu revela que no es simplemente un servidor cualquiera.
Afirma ser el auténtico rey de Sippart.
Govind protesta.
Según las historias, ese soberano murió hace miles de años.
Pazazu responde explicando la longevidad Igigi.
La conversación proporciona a Govind conocimientos fundamentales sobre una de las estructuras profundas de Aqueron.
Las antiguas dinastías pueden no haber desaparecido.
Sus señores pueden continuar vivos.
Y los mitos quizá sean recuerdos deformados de criaturas reales.
Baalfegor y la conspiración contra Abaddón
El recorrido de Govind termina revelándole también una lucha interna entre los poderes oscuros.
Pazazu y Baalfegor conspiran contra Abaddón de Rocamar.
Esto cambia completamente la lectura de la guerra.
Los enemigos de La Orden no forman un bloque unido.
Los Anu, Igigi y Arcontes poseen rivalidades.
Conspiran.
Buscan ventajas.
Utilizan humanos.
La oscuridad también tiene política.
Govind lleva esa información consigo cuando finalmente regresa hacia los territorios occidentales.
Govind como portador de conocimiento
A estas alturas, su valor ya no reside únicamente en ser un guerrero Menoch.
Ha viajado.
Ha observado.
Ha sobrevivido a estructuras que otros solo conocen mediante leyendas.
Entiende parte de las rivalidades entre poderes superiores.
Conoce nombres.
Rutas.
Ritos.
Y transporta algo todavía más importante.
Las Tablillas del Destino.
El regreso hacia Agarthia
Govind consigue alcanzar la costa occidental y posteriormente entra en contacto con los caballeros de La Orden.
Allí se produce uno de los grandes reencuentros de la saga.
Jonah Fox contempla al antiguo compañero.
Govind contempla al hombre que ha empezado a convertirse en leyenda.
Ambos han cambiado.
Se abrazan.
No necesitan explicar todo cuanto ha ocurrido entre un encuentro y otro.
La distancia está escrita en sus cuerpos.
El encuentro con Jonah Fox
Para Jonah, Govind pertenece a un mundo anterior.
Al Deméter.
A una época en la que todavía podía imaginar que la catástrofe tenía límites.
Verlo vivo constituye un vínculo con aquel pasado.
Pero el hombre que regresa ya no lleva el uniforme de los Scottish Grey.
Es Menoch.
Ha adoptado otra fe.
Habla de poderes que Jonah ha empezado también a conocer mediante sangre.
La amistad sobrevive.
Las identidades ya no son las mismas.
Agarthia
Govind llega a Agarthia mientras las distintas fuerzas aliadas preparan la campaña contra Morgay.
La Orden.
Los señores del Norte.
Guerreros de distintas regiones.
El futuro Mesías Rojo.
Todos empiezan a converger.
Govind aporta allí una perspectiva diferente.
No llega buscando mando.
Llega con conocimiento.
Y con una pieza del rompecabezas que terminará conduciendo hasta Rocamar.
La revelación sobre Cinnia
Durante las discusiones en Agarthia surge también el destino de Cinnia McGregor.
Govind interviene cuando las tensiones amenazan con convertir la sala en una pelea.
Su gesto conserva la fuerza del militar, pero su posición ya es otra.
Es un mediador.
Un hombre que ha visto demasiadas guerras como para permitir que el odio arruine una alianza antes de empezar.
El antiguo cabo todavía sabe detener a un hombre.
El druida sabe por qué debe hacerlo.
Govind y Sigurd Haraldsson
La relación con Sigurd Haraldsson acabará resultando fundamental.
Sigurd es un guerrero marcado por pérdidas personales.
Govind es un hombre transformado por su experiencia espiritual.
No podrían parecer más diferentes.
Sin embargo, ambos acaban compartiendo una misión cuyo resultado puede decidir la guerra.
Encontrar el Arca.
El custodio de las Tablillas del Destino
Para entonces Govind ya aparece como custodio de las Tablillas del Destino.
No son únicamente reliquias religiosas.
Están relacionadas con una tecnología mucho más antigua y con el mecanismo necesario para activar aquello que La Orden busca utilizar contra Abaddón.
Govind transporta las tablillas.
Las protege.
Y dedica parte de su vida a intentar comprender lo que significan.
Eso lo convierte en mucho más que un druida guerrero.
Es custodio de una llave.
La búsqueda del Arca
Govind y Sigurd atraviesan regiones inmensas del oriente de Aqueron en busca del Arca.
El viaje es devastador.
Desiertos.
Emboscadas.
Pérdidas.
Rutas falsas.
La escolta original desaparece casi por completo.
Al final, Sigurd es prácticamente el único guerrero que continúa junto al Menoch.
Govind sigue interpretando mapas y señales mientras la expedición se aproxima a su límite.
La tormenta
En medio del Gran Desierto Oriental, ambos creen encontrarse ante la muerte.
Una enorme tormenta de arena se acerca.
Govind llega a perder la esperanza.
Reza.
Recuerda a sus antiguos compañeros.
El desierto parece dispuesto a devorarlos.
Entonces ocurre algo inesperado.
Cuando la tormenta desaparece, revela aquello que buscaban.
El Arca
Ante ellos emerge un cuerpo de metal negro.
Frío.
Perfecto.
Antiguo.
No necesitan una explicación.
Han encontrado el Arca.
El hallazgo convierte la misión de Govind en una pieza central de la campaña final.
El druida que había llegado a Aqueron sin comprender dónde estaba es ahora uno de los pocos hombres capaces de reconocer aquello que puede abrir puertas entre mundos.
Walter Stewart
El regreso de Walter Stewart introduce otro componente.
Walter posee conocimientos que Govind necesita.
Ha estado prisionero en Rocamar.
Ha aprendido aspectos del lenguaje y tecnología relacionados con Akibel.
Ha elaborado teorías sobre el funcionamiento del Arca.
Govind escucha.
Compara.
Discute.
La religión del Menoch y el conocimiento técnico del matemático empiezan a converger alrededor de un artefacto que ninguno entiende completamente.
Ciencia y espiritualidad
Esta relación resume uno de los grandes temas de Crónicas de Aqueron.
Govind no renuncia a su espiritualidad.
Walter no necesita convertirse en druida.
Los dos observan el mismo problema desde tradiciones distintas.
Una habla de destino, Diosa y tablillas.
La otra de mecanismos, energía y portales.
Ambas terminan describiendo aspectos de una misma realidad.
El Continuus Nexus funciona precisamente en esa frontera.
Los Upanishads Sanatana Dharma
Govind escribe además un texto propio:
Upanishads Sanatana Dharma.
Lo lleva consigo en viejos pergaminos cosidos en cuero junto a las Tablillas del Destino.
No lo presenta como obra acabada.
Afirma que otros continuarán ese trabajo.
El detalle resulta fundamental porque Govind ya no es únicamente receptor de una doctrina Menoch.
Ha empezado a interpretarla.
A registrar aquello que ha descubierto.
A construir memoria.
El hombre que escribe después de sobrevivir
Ese gesto resulta especialmente significativo.
El cabo Scully había recibido órdenes.
El druida Govind empieza a dejar textos.
Ha pasado de obedecer una estructura existente a contribuir al conocimiento de otra.
Las páginas que escribe recogen experiencias, visiones y conceptos que unen su vida anterior con aquello que ha aprendido en Aqueron.
El hombre que había perdido su mundo empieza a producir algo destinado a sobrevivirle.
El plan contra Rocamar
Govind y Walter terminan compartiendo la convicción de que el Arca puede desempeñar un papel decisivo en la caída de Rocamar.
La teoría es arriesgada.
Quizá suicida.
El plan consiste en introducir el Arca en la Cámara de Reflexión situada bajo la Sala del Trono de Abaddón, colocar las Tablillas del Destino y activar el mecanismo mediante la sangre de Walter.
No existe garantía absoluta de que funcione.
Ni siquiera saben exactamente qué ocurrirá.
Pero ya no quedan opciones limpias.
Las máquinas de Rocamar
La operación exige además superar unas defensas que las fuerzas tradicionales de Aqueron difícilmente podrían romper.
Walter propone nuevas soluciones.
Drakkares voladores.
Máquinas de vapor.
Diseños destinados a crear una oportunidad militar allí donde la tecnología de Rocamar ofrece una ventaja casi absoluta.
Govind considera que el plan puede equilibrar temporalmente las fuerzas.
No ganar la guerra.
Abrir un corredor.
A veces eso es suficiente.
La campaña final
La guerra converge finalmente sobre Rocamar.
Mientras ejércitos aliados combaten en la superficie, Govind entra en las galerías acompañado por Jonah Fox, Roger Trencavel, Freya Fraser, caballeros y sacerdotisas.
El objetivo no es conquistar cada estancia.
Es alcanzar el lugar correcto.
Govind transporta las Tablillas del Destino.
También lleva un frasco con sangre de Walter.
Otros cargan el Arca.
Toda su vida en Aqueron converge hacia aquel corredor.
La Sala de Portales
Cuando alcanzan el lugar donde deben activar el artefacto, ni siquiera Govind conoce completamente aquello que va a ocurrir.
Freya se lo pregunta.
Govind responde con sinceridad.
No lo sabe.
Walter tampoco.
Esa respuesta resulta esencial.
No estamos ante un sacerdote que domina un rito perfectamente comprendido.
Estamos ante un hombre que ha reunido suficientes fragmentos para atreverse.
Colocar las Tablillas
Govind retira el lienzo.
Aparecen las Tablillas del Destino.
Las introduce en las ranuras del Arca.
Roger duda.
¿Qué ocurrirá si el orden es incorrecto?
Govind no tiene una respuesta definitiva.
Decide arriesgarse.
La escena define perfectamente aquello en que se ha convertido.
Su fe no elimina la incertidumbre.
Le permite actuar a pesar de ella.
La sangre de Walter
Después llega el último elemento.
La sangre de Walter Stewart.
Govind la vierte sobre el mecanismo.
El Arca responde.
La temperatura aumenta.
La luz se vuelve insoportable.
El espacio empieza a cambiar.
Y aquello que durante años había pertenecido a profecías, teorías y fragmentos de conocimiento se convierte en realidad.
Los portales
El Arca abre portales.
Mundos y líneas temporales empiezan a conectarse.
La operación afecta al propio tejido de Aqueron y desencadena acontecimientos que van mucho más allá de aquello que Govind podía prever cuando salió del Deméter.
La función del antiguo cabo resulta así decisiva.
No porque posea el mayor ejército.
No porque sea el guerrero más poderoso.
Porque ha llevado hasta allí las piezas necesarias.
El destino final de Govind Scully
Aquí debe mantenerse el rigor canónico.
La novela muestra a Govind activando el Arca.
Muestra los portales.
Describe explícitamente cómo Jonah y Freya son absorbidos hacia lo desconocido.
Pero no individualiza de forma suficiente qué ocurre inmediatamente después con Govind.
No encontramos una muerte confirmada.
Tampoco una descripción inequívoca de su destino posterior.
Por tanto, cualquier ficha rigurosa debe dejar ese extremo abierto.
Govind llega hasta la activación del Arca.
Después, el canon de Crónicas de Aqueron no permite afirmar más con seguridad.
Govind no es un mago
Otra precisión importante.
Govind no debe interpretarse como un hechicero convencional.
Es un druida Menoch.
Su formación integra espiritualidad, disciplina, meditación y combate.
Utiliza un cayado.
Conoce ritos y tradiciones.
Custodia reliquias.
Pero convertirlo sin más en «mago» desfiguraría la naturaleza del personaje y de la tradición a la que pertenece.
Govind tampoco deja de ser guerrero
La transformación espiritual tampoco borra su experiencia militar.
Govind continúa reaccionando como alguien que ha sobrevivido a campañas y combates.
Puede utilizar el cayado como arma.
Sabe medir peligros.
Conserva disciplina.
Continúa siendo físicamente fuerte.
La diferencia radica en que ya no interpreta el universo únicamente a través de la cadena de mando y la materialidad.
Su campo de batalla se ha ensanchado.
Del turbante al tatuaje Menoch
Visualmente, la evolución del personaje puede representarse mediante dos imágenes perfectamente canónicas.
El Govind inicial lleva turbante blanco, uniforme militar y pertenece a los Scottish Grey.
El Govind posterior aparece con la cabeza afeitada, barba negra y puntiaguda, piel cobriza u oscura, cayado y tatuaje azul de tres líneas onduladas sobre el rostro.
Confundir ambas etapas elimina una de las transformaciones visuales más importantes del personaje.
De la India a Aqueron
Govind conserva además memoria de su India natal.
El calor.
Los pueblos del desierto.
Los rasgos culturales que reconoce parcialmente en algunas comunidades de Aqueron.
Su experiencia previa le permite identificar analogías que otros viajeros de la Tierra no perciben.
Pero las semejanzas generan también nuevas preguntas.
¿Proceden algunos pueblos de migraciones antiguas?
¿Existen conexiones entre realidades?
¿Ha ocurrido antes lo que el Deméter acaba de experimentar?
Govind no posee todas las respuestas.
Ayuda a formularlas.
La espiritualidad de Govind
Su camino religioso tampoco debe simplificarse como una conversión decorativa.
Los Menoch lo someten a una reconstrucción completa.
Govind aprende a entender dolor y privación como instrumentos para alcanzar estados de percepción distintos.
Medita.
Se entrena.
Acepta el celibato de la orden.
Venera a la Diosa.
Participa en una tradición donde el cuerpo no se opone al espíritu, sino que puede ser utilizado para disciplinarlo.
Su vida anterior se transforma en materia de una identidad nueva.
La contradicción del personaje
Govind es interesante precisamente porque nunca consigue borrar del todo aquello que fue.
El cabo sigue dentro del druida.
El sij sigue existiendo como recuerdo dentro del Menoch.
La India continúa dentro de Aqueron.
Los muertos continúan dentro del superviviente.
El uniforme desaparece, pero la disciplina permanece.
El fusil se pierde, pero el entrenamiento continúa.
Sus compañeros mueren, pero regresan cada vez que Govind cierra los ojos.
Su transformación no es sustitución.
Es acumulación.
Govind frente a los monstruos
A lo largo de su viaje contempla regresados, Igigi, lulus, poderes Anu y estructuras de los Constructores.
Cada encuentro reduce un poco más la distancia entre mito y realidad.
El soldado habría llamado monstruo a aquello que no entendía.
El druida intenta comprender qué lugar ocupa dentro de una jerarquía.
No siempre lo consigue.
Pazazu logra engañarlo.
El Arca continúa siendo parcialmente incomprensible.
Pero Govind ha aprendido algo fundamental:
no entender una fuerza no significa que no exista.
Govind y el Continuus Nexus
Su relevancia trasciende la aventura individual.
Govind conecta directamente varias de las grandes ideas del Continuus Nexus.
La Brecha entre mundos.
La supervivencia de civilizaciones antiguas.
Las religiones de Aqueron.
Los Igigi.
Los Anu.
Los Arcontes.
Los Constructores.
Las Tablillas del Destino.
El Arca.
Los portales temporales.
Y la posibilidad de que ciencia y espiritualidad estén describiendo, desde lenguajes distintos, diferentes caras de una misma estructura de la realidad.
Un personaje de transformación
Otros personajes de Crónicas de Aqueron conquistan.
Mandan.
Profetizan.
Gobiernan.
Govind cambia.
Esa es su verdadera epopeya.
El cabo que sube al HMS Deméter no podría comprender al hombre que años después se arrodilla frente al Arca.
Y el druida que coloca las Tablillas del Destino difícilmente reconocería al militar que obedecía órdenes bajo un turbante impecable.
Sin embargo, ambos son Govind Scully.
De cabo sij a druida
El título de su historia resume, por tanto, mucho más que un cambio de profesión.
De cabo sij a druida significa pasar de una estructura militar a una espiritual, de la Tierra a Aqueron, del fusil al cayado, de una cadena de mando humana a un conflicto entre fuerzas capaces de atravesar mundos.
Significa perder compañeros.
Ser esclavo.
Renacer.
Aprender.
Dudar.
Escribir.
Custodiar.
Y finalmente aceptar que quizá la única forma de derrotar a los dioses de Aqueron consiste en activar un artefacto cuyo verdadero funcionamiento nadie comprende.
El hombre que abre la puerta
Govind no construye la Brecha.
No crea el Arca.
No fabrica las Tablillas.
No controla los poderes que existen al otro lado.
Pero llega al punto donde todas esas líneas convergen.
Es él quien coloca las piezas.
Es él quien vierte la sangre.
Es él quien se arriesga cuando no existe certeza de que el orden sea correcto.
Y el universo responde.
Quizá esa sea la mejor manera de comprender a Govind Scully.
Durante buena parte de su vida otros hombres le dijeron qué hacer.
El Ejército.
Sus superiores.
Sus captores.
Sus amos.
Sus maestros Menoch.
Al final, frente al Arca, ya no queda nadie capaz de darle una orden que contenga una certeza.
Govind debe decidir.
Y decide actuar.
El legado de Govind Scully
Su historia dentro de Crónicas de Aqueron representa una de las transformaciones personales más completas de la saga.
Comienza como cabo sij de los Scottish Grey, disciplinado, armado y seguro del lugar que ocupa dentro del mundo.
La Brecha destruye ese mundo.
Aqueron le quita a sus hombres.
Lo convierte en esclavo.
Los Menoch reconstruyen aquello que queda.
Vladas-Damasco le proporciona una nueva disciplina.
Sippart le revela la verdadera naturaleza de los Igigi.
Pazazu le muestra que los antiguos reyes pueden seguir caminando.
Agarthia le devuelve a Jonah.
Sigurd comparte con él el camino hacia el Arca.
Walter le proporciona otra forma de interpretar los misterios que carga.
Y Rocamar termina colocando las Tablillas del Destino entre sus manos.
El antiguo cabo había aprendido a obedecer órdenes.
El druida aprende algo mucho más difícil:
qué hacer cuando nadie sabe realmente cuál es el camino correcto.
Preguntas frecuentes sobre Govind Scully
¿Quién es Govind Scully? Govind es un antiguo cabo sij de los Scottish Grey que viaja a bordo del HMS Deméter, atraviesa la Brecha y termina convirtiéndose en druida Menoch de Vladas-Damasco.
¿Cómo es físicamente Govind? En su etapa militar es alto, fibroso, de tez dorada, cabello negro y turbante blanco. Como druida aparece robusto, con piel oscura o cobriza, cabeza afeitada, barba negra puntiaguda, ojos negros como ónice y un tatuaje azul con tres líneas onduladas en forma de runa del agua.
¿Qué le ocurre después de llegar a Aqueron? Sobrevive al naufragio del Deméter, pierde a sus compañeros, es capturado por traficantes, vendido como esclavo en Al-Semanet y posteriormente rescatado por los Menoch.
¿Qué son los Menoch para Govind? Son la orden de druidas guerreros que lo acoge y lo forma en Vladas-Damasco mediante disciplina, meditación, privación y entrenamiento.
¿Quién es Pazazu en la historia de Govind? Pazazu se presenta inicialmente como un anciano, pero revela ser un Igigi y el antiguo rey de Sippart. Govind descubre a través de él parte de las luchas internas entre Pazazu, Baalfegor y Abaddón.
¿Qué relación tiene Govind con Jonah Fox? Ambos se conocen desde la etapa del HMS Deméter y vuelven a encontrarse posteriormente en Aqueron, convertidos ya en figuras muy distintas de quienes fueron.
¿Qué son las Tablillas del Destino? Govind actúa como custodio de ellas y las utiliza posteriormente para activar el Arca junto con la sangre de Walter Stewart.
¿Govind encuentra el Arca? Sí. Él y Sigurd Haraldsson terminan localizándola durante su expedición por el Gran Desierto Oriental.
¿Govind activa el Arca? Sí. Durante la ofensiva final contra Rocamar coloca las Tablillas del Destino y vierte sobre el artefacto la sangre de Walter Stewart, provocando la apertura de los portales.
¿Muere Govind Scully? Crónicas de Aqueron no muestra una muerte inequívoca de Govind tras la activación del Arca, por lo que su destino final no debe darse por cerrado.
