Los Cazadores de Demonios son una orden creada en mundos contaminados por el eco de la Conjunción Infernal. Sus miembros proceden de huérfanos y supervivientes sometidos a entrenamiento, nanitos Exo, transfusiones y modificaciones sensoriales.
Su finalidad es reconocer la corrupción antes de que adopte forma y destruir criaturas capaces de existir como ideas, posesiones o cuerpos. Los instructores mezclaban herencias Kurgán e inquisitoriales y enseñaban que la Pureza no era ausencia de corrupción, sino conocimiento de su herida.
Kynes es uno de los últimos supervivientes conocidos. La caída de su Santuario y la entrega de Abaddón lo convierten en rōnin. La orden conecta La Pureza con la realidad del Eternum posterior a la Conjunción y demuestra que algunas tradiciones inquisitoriales sobrevivieron transformadas.
Apariciones y relaciones canónicas
Contexto canónico de Los Cazadores de Demonios
Fue el tiempo en que las jóvenes naciones como Nod se alzaron hacia el oriente, en la gran región neutral, donde el dominio imperial se había disuelto como un espejismo. Allí, mientras los Señores Crepusculares y otros caudillos galácticos forjaban sus feudos con fuego y astucia, surgieron nuevas estructuras, nuevas esperanzas… y nuevas amenazas.
También fue el tiempo en que las órdenes solitarias tomaron el relevo de la protección espiritual de la humanidad. Entre ellas, los Cazadores de Demonios, nómadas de la fe y del acero, selladores de portales, ejecutores de pactos rotos. Hombres y mujeres que entregaban su alma a cambio de la potestad de enfrentarse al Abismo.
Kynes no dijo nada. Pero sus ojos permanecían fijos en una estela ennegrecida, más antigua que las demás, con la figura de un guerrero sin rostro empuñando una espada cubierta de llamas oscuras. Reconocía el símbolo en su pecho: era el primer sello de su orden.
Nombre que reciben los Cazadores de Demonios expulsados o desahuciados de su clan. Como Kynes compañero de Esquilo.
Se dice que el viaje iniciado en una Cámara de Reflexión no concluye jamás. Durante el resto de su vida, los iniciados sueñan con sus muros, escuchan sus susurros y sienten su llamada. Porque, una vez que el Arquitecto ha sido contemplado, ya no existe regreso posible a la ignorancia de la Senda de las Estrellas.
