Lore

Brannar: el mercenario Andalore que abrió a Salomé el camino hacia el Seol

Dentro de La guerra de los Mil Tronos existen personajes destinados a ocupar palacios, comandar legiones o alterar la arquitectura del Eternum, pero también hay hombres cuya importancia nace de encontrarse en el lugar adecuado cuando la Historia todavía parece un asunto menor, sucio y clandestino. Brannar pertenece a esa segunda categoría: un mercenario Andalore contratado para sacar a una fugitiva de una estación fronteriza y que termina participando, sin conocer todavía todas sus consecuencias, en la supervivencia de la mujer que dará a luz a Acad.

Su aparición tiene lugar durante La Caza, en el año 11.624 tras la Conjunción Infernal, cuando Salomé ha escapado de Agarthia llevando consigo uno de los secretos más peligrosos del Neoimperio. El verdadero Nimrod 85 ha muerto, un nuevo clon ocupa su lugar y Wotan Daneron ha comprendido que Salomé no huyó únicamente con información, sino con una posibilidad biológica capaz de quebrar el monopolio sucesorio del Hegemón.

El Imperio no puede admitir públicamente lo ocurrido.

Por eso la persecución no comienza con ejércitos.

Comienza en las rutas sucias.

Y allí aparece Brannar.

Quién es Brannar en La guerra de los Mil Tronos

Brannar es un mercenario Andalore que trabaja en las redes clandestinas de tránsito existentes entre Ekron-Dagán y el Seol. No pertenece a la Guardia Negra, no forma parte de las estructuras oficiales del Neoimperio y tampoco aparece presentado como devoto Neomenoch o servidor de alguno de los grandes cultos de la época.

Su mundo es mucho más práctico.

Rutas.

Créditos.

Sobornos.

Armas.

Contactos.

Contratos.

Pertenece a esa enorme zona gris del Eternum donde las fronteras imperiales continúan existiendo sobre los mapas, pero la supervivencia cotidiana depende de hombres capaces de saber qué funcionario acepta dinero, qué esclusa no registra correctamente a los pasajeros y qué contrabandista puede conseguir una nave sin formular preguntas.

Salomé necesita precisamente a uno de esos hombres.

El aspecto canónico de Brannar

Brannar posee una imagen perfectamente reconocible, aunque la novela no cierre todos sus rasgos físicos.

Es alto y ancho de hombros, con la corpulencia de alguien acostumbrado a que la violencia forme parte de su trabajo. Lleva una barba trenzada con pequeños anillos de hierro y una cicatriz le atraviesa la nariz, señal visible de una vida en la que las negociaciones no siempre han terminado mediante palabras.

Bajo una capa que le permite pasar por comerciante oculta una armadura parcial.

No es un disfraz completo.

Es una cobertura.

Brannar necesita parecer suficientemente corriente para atravesar mercados y estaciones, pero nunca tanto como para encontrarse indefenso cuando la situación se rompe.

Sus armas completan la imagen: una espada curva y una pistola de proyectiles.

El canon no especifica el color de sus ojos, el color de su cabello ni su edad exacta, por lo que cualquier representación gráfica rigurosa debe dejar esos detalles en un terreno neutro y evitar convertir una elección estética en falsa información canónica.

Un Andalore entre contrabandistas, simonitas y Neomenoch

Salomé conoce a Brannar en Rauk-17, una estación fronteriza construida por capas y habitada por aquello que el orden imperial preferiría mantener lejos de sus grandes capitales.

Contrabandistas.

Mercenarios.

Sacer­dotes clandestinos.

Simonitas.

Comerciantes Martel.

Mordus sin licencia.

Niños sin registro.

Fugitivos.

Personas que todavía existen precisamente porque han aprendido a moverse entre los huecos del sistema.

Salomé se encuentra allí huyendo de una persecución que todavía no puede ser reconocida oficialmente. Wotan ha puesto en marcha mecanismos indirectos para encontrarla y el rostro de la fugitiva ya empieza a circular entre quienes entienden que una descripción incompleta puede valer una fortuna.

La belleza de Salomé, en esas circunstancias, es casi una maldición.

Necesita convertirse en alguien que nadie recuerde.

Y eso no es sencillo.

El encuentro con Salomé

El primer encuentro entre ambos ocurre dentro de una sala donde una célula Neomenoch negocia documentos, identidades falsas y rutas clandestinas con dos simonitas.

Brannar destaca inmediatamente.

Salomé comprende que no es comerciante.

Él comprende que ella tampoco es la viuda anónima que pretende aparentar.

La relación comienza mediante desconfianza mutua.

Brannar se presenta.

Salomé ni siquiera había preguntado su nombre.

El mercenario responde con una verdad simple: terminará necesitándolo si pretende salir de la estación.

No hay juramento.

No hay afinidad ideológica.

Hay necesidad.

El contrato de Brannar

El plan consiste en sacar a Salomé de Rauk haciéndola pasar por muerta.

Su identidad falsa será Mara de Soth, una mujer fallecida durante el tránsito y supuestamente reclamada por familiares de una estación próxima al Seol.

El procedimiento exige documentos falsificados, una máscara dérmica, sellos funerarios y un contenedor preparado para transportar clandestinamente a una persona viva.

Brannar forma parte esencial del siguiente tramo.

Debe extraerla del contenedor después de los controles y llevarla mediante transporte Andalore hasta Tarsis Menor.

Desde allí, otra red asumirá la huida.

Su trabajo termina en ese punto.

Al menos en teoría.

Brannar no trabaja para Wotan

Esta precisión resulta especialmente importante dentro del lore.

Salomé sospecha de todos.

No puede permitirse otra cosa.

Cuando Brannar se inclina sobre el contenedor antes de cerrar el compartimento funerario, ella deja caer una acusación calculada: conoce la clase de hombres que Wotan puede contratar cuando no quiere utilizar directamente a la Guardia Negra.

Brannar deja entonces de bromear.

Y niega trabajar para él.

Su reacción demuestra que la acusación le molesta.

No estamos ante uno de los agentes secretos del gran custodio Exodita.

Brannar pertenece a otra categoría.

Es independiente.

Vende sus habilidades.

Y eso, paradójicamente, acabará haciendo que Salomé empiece a comprenderlo mejor.

Un mercenario que conoce el precio de las cosas

Salomé no confía en Brannar.

Pero tampoco necesita hacerlo.

Comprende que los fanáticos pueden ser mucho más peligrosos que los mercenarios.

Un devoto puede traicionar por fe.

Un sacerdote puede sacrificar a alguien convencido de estar cumpliendo una profecía.

Un agente imperial puede matar creyendo proteger una idea.

Brannar es más sencillo.

Conoce el precio de aquello que hace.

Esa ausencia de santidad lo vuelve previsible dentro de un universo donde demasiados hombres justifican cualquier atrocidad invocando el futuro.

El contenedor funerario

Para abandonar Rauk, Salomé entra en un contenedor preparado para aparentar que transporta un cadáver afectado por una enfermedad contagiosa.

La estratagema aprovecha una debilidad profundamente humana: pocos inspectores desean abrir una caja que supuestamente contiene un muerto pobre, enfermo y sin valor.

Brannar participa en el traslado.

La ruta conduce al convoy Sar-Melek, una enorme estructura formada por módulos, barcazas, depósitos, capillas móviles y transportes unidos entre sí mientras atraviesan los corredores fronterizos.

Allí se produce el primer momento en que el contrato deja de parecer suficiente.

La inspección imperial

El convoy es detenido.

La inspección no es rutinaria.

Alguien está buscando a una mujer con características muy concretas y los sensores empiezan a aproximarse peligrosamente al abdomen de Salomé.

Entonces interviene Brannar.

Aparece armado con su espada curva y su pistola, abriendo la posibilidad de huida mediante la violencia que la operación pretendía evitar.

La escena muestra perfectamente su naturaleza.

No duda.

No pronuncia discursos.

No exige saber qué lleva Salomé dentro.

Tiene un trabajo.

Y el trabajo está saliendo mal.

Por tanto, mata.

Espada curva y pistola

Brannar combate utilizando dos armas que forman parte de su caracterización canónica.

En una mano lleva la espada curva.

En la otra, la pistola.

No existe ninguna necesidad de atribuirle bastones Exo, armaduras Kurgán, armas arcanas ni tecnología extraordinaria.

Su peligro no procede de una reliquia.

Procede de experiencia.

Cuando uno de los hombres intenta alcanzar la alarma, Brannar lo elimina sin detenerse siquiera a convertir el gesto en espectáculo.

Es violencia profesional.

La clase de violencia que mantiene abiertas las rutas clandestinas porque quienes viven de ellas saben que los errores cuestan más que los sobornos.

Salomé y Brannar combaten juntos

La relación entre ambos empieza también a modificarse durante ese enfrentamiento.

Salomé no es una pasajera indefensa.

Brannar lo descubre inmediatamente.

Cuando una asesina imperial intenta intervenir, Salomé acaba con ella antes de que el mercenario pueda hacerlo.

La respuesta de Brannar contiene más diversión que indignación.

Aquella mujer no necesita un protector convencional.

Necesita alguien capaz de abrir caminos mientras ella se encarga de aquello que aparezca en medio.

Esa diferencia será importante durante el resto del trayecto.

Las rutas sucias

Después del enfrentamiento, la ruta original queda comprometida.

Brannar guía a Salomé por corredores secundarios y zonas de mantenimiento mientras ambos intentan desaparecer antes de que las alertas se propaguen por el convoy.

Aquí se define probablemente mejor que en ningún otro punto la utilidad del Andalore.

Puede abrir una ruta mediante violencia.

También mediante dinero.

Sabe cuándo un disparo resuelve un problema y cuándo solo genera otro mayor.

Ese conocimiento es exactamente lo que necesita Salomé.

Ella domina conspiraciones.

Brannar domina la suciedad existente entre un puerto y el siguiente.

El embarazo cambia el contrato

Durante la huida, Brannar descubre que Salomé está embarazada.

No conoce todavía toda la verdad.

No sabe qué nombre llevará el niño.

No puede conocer el lugar que Acad ocupará posteriormente en el Eternum.

Pero empieza a comprender que aquello que transporta Salomé es mucho más importante que una simple fugitiva.

Los riesgos aumentan.

Su tarifa también empieza a ser reconsiderada.

No porque el Andalore descubra una vocación religiosa.

Porque el trabajo ya no se parece al trabajo que había aceptado.

Efran Voss

Salomé necesita comprobar que el embarazo no ha sufrido daños durante la fuga.

Brannar conoce a un médico capaz de realizar la revisión sin introducir inmediatamente la información en las redes oficiales.

Ese médico es Efran Voss, traficante Mordus que trabaja clandestinamente en un módulo de residuos reciclados.

Brannar los conduce hasta él.

De nuevo su función no es heroica en el sentido tradicional.

Es logística clandestina.

Sabe quién vende medicinas.

Quién practica exploraciones sin registro.

Quién puede ser amenazado.

Quién puede ser comprado.

En las rutas de frontera, ese conocimiento puede ser más valioso que una flota.

La primera señal de que el niño no es normal

Durante la exploración, Voss detecta una actividad celular superior a la esperable y una resonancia anómala con el lector.

No consigue explicarla.

Salomé tampoco le permite intentarlo.

La información es demasiado peligrosa.

Brannar presencia ese momento y comprende que el embarazo contiene otra capa de misterio.

No recibe una explicación completa.

No la necesita para entender que aquello puede atraer a enemigos mucho más poderosos que simples cazadores de recompensas.

Su reacción vuelve a ser coherente con su naturaleza.

Maldice.

Y continúa.

Brannar paga

Cuando Voss reclama el coste de las medicinas, Brannar arroja créditos sobre la mesa.

El detalle parece pequeño, pero ayuda a definir la progresiva modificación de su papel.

Había empezado siendo una pieza contratada para llevar una mujer desde una estación hasta otra.

Ahora participa en decisiones necesarias para mantenerla viva durante el trayecto.

Todavía puede calcularse en créditos.

Pero cada vez resulta más difícil decidir dónde termina exactamente la obligación contractual.

Tarsis Menor

Brannar cumple finalmente aquello por lo que fue contratado.

Consigue sacar a Salomé del convoy.

Utiliza una cápsula de carga.

Soborna a dos operadores de muelle.

Cuando un tercero intenta renegociar, le rompe la nariz.

Después entrega a la fugitiva en un almacén Martel de Tarsis Menor, donde los espera Odran Martel.

Podría marcharse entonces.

El contrato ha terminado.

La mujer ha llegado al destino pactado.

No lo hace.

Odran Martel

La conversación con Odran permite a Brannar comprender que la situación es todavía más importante de lo que imaginaba.

El anciano Martel sabe que Salomé está embarazada.

Sabe que los Neomenoch están financiando parte de la huida.

Sabe que un Mordus ha visto algo que no debía.

Sabe incluso que la tarifa del mercenario puede estar cambiando.

La red de secretos empieza a cerrarse alrededor de todos.

Brannar podría decidir que aquella mujer se ha convertido en un riesgo demasiado grande.

En lugar de eso, sigue observando.

Veintisiete Salomés

Tarsis Menor se convierte entonces en el escenario de una gran operación de desinformación.

Salomé comprende que no puede ganar a Wotan ocultándose detrás de una única identidad.

Necesita multiplicarse.

Documentos falsos.

Mujeres con rostros alterados.

Cadáveres.

Rumores incompatibles.

Rutas contradictorias.

Informes falsos.

El objetivo no consiste en desaparecer.

Consiste en obligar al Neoimperio a perseguir demasiadas versiones de ella simultáneamente.

Brannar presencia cómo una fuga empieza a convertirse en guerra de inteligencia.

El contrato termina

Tras varios ciclos, llega el momento de abandonar Tarsis Menor.

Salomé viaja en una caravana Andalore que transporta chatarra, piezas de motores, armaduras y mercancías dudosas hacia el Seol.

Brannar sube con ella.

Salomé se lo señala.

Ya no le ha pagado para continuar.

Él lo reconoce.

Entonces aparece la verdadera razón.

Curiosidad.

La curiosidad de Brannar

Brannar quiere saber qué clase de secreto consigue que los Martel firmen compromisos con sangre, que los Neomenoch mientan durante sus rezos y que un Mordus tiemble después de mirar una pantalla.

No es lealtad.

No es amor.

No es profecía.

Quiere saber.

Eso basta para hacerle continuar.

Su propia forma de expresarlo define perfectamente al personaje: la curiosidad puede matar a un mercenario, pero la falta de curiosidad acaba convirtiéndolo en guardia.

Brannar prefiere seguir siendo otra cosa.

Brannar y Salomé

La relación entre ambos nunca debe romantizarse sin base textual.

Existe tensión.

Respeto creciente.

Ironía.

Desconfianza.

Salomé reconoce la utilidad del Andalore y Brannar disfruta claramente de la forma en que ella convierte cada negociación en amenaza.

Pero el canon no establece una relación sentimental.

Tampoco una amistad convencional.

Son dos supervivientes que coinciden durante un fragmento especialmente peligroso de sus vidas.

Y ambos entienden que el otro puede resultar útil.

En ese mundo, puede ser suficiente.

Por qué Salomé empieza a confiar en alguien que no es fiel

Paradójicamente, una de las razones por las que Brannar resulta útil es que Salomé no lo considera fiel a nada.

No es un devoto.

No aparece buscando redención.

No pretende servir a una causa sagrada.

Ella desconfía de los fieles precisamente porque ha vivido demasiado tiempo rodeada de religiones, imperios y hombres capaces de justificar una traición mediante ideales.

Un mercenario conoce el precio de sus actos.

No necesita declararlos santos.

Ese pragmatismo coloca a Brannar en una posición extraña dentro de la futura historia de Acad.

No cree en él.

Ni siquiera sabe todavía quién será.

Y, sin embargo, ayuda a que exista.

El cruce hacia el Seol

La nave Andalore abandona finalmente los territorios donde Nod mantiene una vigilancia más eficaz y entra en las rutas hacia el Seol.

Para Salomé, ese paso representa mucho más que una frontera geográfica.

Cada salto reduce la capacidad inmediata del Neoimperio para desplegar recursos oficiales.

A cambio, aumenta la importancia de contrabandistas, señores menores, cultos locales, tribus y mercados sin sello.

Es exactamente el tipo de territorio donde personajes como Brannar poseen ventaja.

No porque gobiernen.

Porque conocen cómo moverse donde nadie gobierna completamente.

Brannar y el futuro Acad

En ese momento, Acad todavía no tiene nombre.

Es únicamente el hijo que Salomé lleva en el vientre.

Brannar no conoce su futuro.

No sabe que aquel niño llegará a Hinom.

No sabe que manifestará un fulgor morado.

No sabe qué relación tendrá con Tanit, Kharod, las tribus o los futuros conflictos de los Mil Tronos.

Por tanto, sería incorrecto presentarlo como servidor de Acad, protector del futuro rey o miembro consciente de una causa destinada a elevarlo.

Su papel es más humilde.

Y precisamente por eso resulta más interesante.

Ayuda a mantener con vida a su madre cuando todavía nadie puede convertir al niño en bandera.

La última acción conocida de Brannar

Brannar no acompaña a Salomé hasta el lugar donde nacerá Acad.

En algún punto posterior de la huida, un asesino imperial disfrazado de comerciante consigue herirla.

Brannar interviene.

Después queda atrás en una estación de tránsito.

La maniobra no parece accidental.

El Andalore provoca o sostiene una pelea suficientemente escandalosa como para comprar tiempo.

Doce horas.

Salomé continúa.

Brannar desaparece de su lado.

¿Muere Brannar?

El canon no lo establece.

Este punto debe mantenerse abierto.

Cuando Salomé llega finalmente a la Hendidura, el refugio Neomenoch donde terminará dando a luz, sabe únicamente que Brannar se ha quedado atrás y que puede estar vivo o muerto.

No pregunta.

No porque el hombre le resulte indiferente.

Porque preguntar por alguien ausente puede revelar una debilidad, y Salomé se encuentra ya demasiado cerca del momento en que cualquier debilidad puede matar a su hijo.

Por tanto, mientras otra novela no establezca lo contrario, el destino final de Brannar permanece desconocido.

Brannar no presencia el nacimiento de Acad

Esta precisión también resulta importante.

Brannar participa en la huida.

Conoce el embarazo.

Protege diferentes etapas del tránsito.

Consigue tiempo.

Pero no está presente en el nacimiento de Acad.

Cuando Salomé alcanza el refugio Neomenoch, el Andalore ya ha desaparecido de la narración.

No debe incorporarse retroactivamente a la escena del parto.

No debe representarse junto a Acad recién nacido.

No existe base canónica para ello.

Un hombre sin profecía

La grandeza de Brannar dentro del relato procede precisamente de carecer de profecía.

No recibe visiones.

No toca reliquias Exo.

No manifiesta fulgores.

No posee una genealogía imperial conocida.

No parece entender las tensiones profundas que existen alrededor de la semilla de Nimrod 85.

Tiene una espada curva.

Una pistola.

Contactos.

Dinero.

Instinto.

Y una malsana curiosidad.

Es suficiente.

El contraste con Wotan

La persecución de Salomé enfrenta indirectamente a dos tipos de hombres muy diferentes.

Wotan representa siglos de memoria, planificación y control. Comprende la importancia potencial del embarazo antes de que prácticamente nadie más pueda hacerlo y pone en movimiento redes capaces de operar durante generaciones.

Brannar representa exactamente lo contrario.

Inmediatez.

Improvisación.

Violencia.

Oportunismo.

Wotan trabaja con Historia.

Brannar trabaja con la puerta que debe abrirse en los próximos treinta segundos.

Salomé necesita sobrevivir a ambos niveles.

El contraste con los Neomenoch

Los Neomenoch ayudan a Salomé porque existen componentes religiosos, políticos e históricos detrás de su fuga.

Algunos creen.

Otros odian al Hegemón.

Otros recuerdan a Clea.

Otros esperan señales.

Brannar no necesita nada de eso.

Acepta un contrato.

Después continúa por curiosidad.

Esta diferencia convierte al Andalore en una figura especialmente útil dentro de un entorno saturado de profetas y sacerdotes.

El contraste con los Martel

Los Martel entienden el futuro mediante contratos.

Odran intenta incluso obtener ventajas comerciales sobre la sombra de aquello que todavía no ha nacido.

Brannar observa ese comportamiento con ironía.

Él también es mercenario.

También quiere cobrar.

Pero su relación con el precio es distinta.

No pretende comprar el futuro.

Pretende sobrevivir lo suficiente para verlo.

Un mercenario que no quiere convertirse en guardia

Brannar encarna una característica muy concreta del Andalore de las fronteras.

Puede trabajar para otros.

Puede aceptar dinero.

Puede proteger a alguien durante un trayecto.

Pero mantiene una independencia feroz.

Cuando el contrato acaba, decide continuar precisamente porque marcharse significaría dejar de saber.

Ese gesto no lo convierte en héroe.

Lo mantiene siendo Brannar.

Un mercenario que todavía prefiere el peligro de la pregunta a la seguridad de obedecer.

Brannar dentro de La Caza

Su arco se concentra en uno de los episodios fundamentales de La Caza: la transformación de la huida de Salomé en algo mucho mayor.

Al comienzo, ella intenta escapar.

Después comprende que desaparecer no basta.

Debe crear rutas falsas.

Comprar personas.

Sembrar cadáveres.

Construir versiones contradictorias de sí misma.

Convertir la persecución en ruido.

Brannar atraviesa con ella esa fase de transformación.

Cuando la conoce, Salomé necesita un guía.

Cuando se separan, ya está construyendo una red.

Un testigo de la gestación del conflicto

Por eso Brannar posee un lugar singular dentro de La guerra de los Mil Tronos.

No presencia el ascenso de Acad.

Presencia algo anterior.

Ve la suciedad necesaria para que Acad pueda llegar a nacer.

Ve a Salomé encerrarse en un ataúd falso.

Ve cómo una inspección imperial casi descubre el embarazo.

Ve a un Mordus detectar una anomalía que no entiende.

Ve a un Martel calcular el valor político de un niño todavía sin nombre.

Ve las primeras deudas.

Los primeros muertos.

Las primeras rutas.

Cuando los futuros cronistas hablen de sangre, destino y tronos, Brannar habrá conocido la versión menos noble de aquella historia.

La verdadera.

Lo que sabemos y lo que no sabemos sobre Brannar

El canon permite afirmar que Brannar es Andalore, mercenario, alto, ancho de hombros, barbado, marcado por una cicatriz nasal y equipado con armadura parcial, espada curva y pistola de proyectiles.

Sabemos que conoce las rutas clandestinas.

Sabemos que trabaja por contrato.

Sabemos que no trabaja para Wotan cuando conoce a Salomé.

Sabemos que continúa con ella después de finalizar su obligación inicial.

Sabemos que ayuda a mantenerla con vida durante una etapa crucial del embarazo.

Y sabemos que termina quedándose atrás para comprarle tiempo.

No sabemos su edad.

No sabemos el color de sus ojos.

No sabemos el color de su cabello.

No conocemos una biografía anterior detallada.

No conocemos su familia.

No sabemos si pertenece a una casa, clan o estructura política Andalore concreta.

Y no sabemos si sobrevive.

Esos silencios forman también parte del canon.

La importancia real de Brannar

Sería fácil exagerarlo y convertirlo en uno de los grandes fundadores del futuro de Acad.

No lo es.

Precisamente ahí reside su fuerza.

Brannar es uno de esos hombres que aparecen en el margen de la Historia y realizan una acción sin saber qué consecuencias tendrá dentro de diez, cien o mil años.

El futuro Acad no necesita todavía un general.

Necesita que su madre atraviese una esclusa.

Necesita que un inspector mire en otra dirección.

Necesita que alguien conozca a un médico clandestino.

Necesita que una pistola dispare antes de que un sensor alcance un vientre.

Necesita doce horas.

Brannar puede proporcionar esas cosas.

Y en el año 11.624, cuando el futuro de una nueva línea genética cabe todavía dentro del cuerpo de una mujer perseguida, eso vale más que un ejército.

Brannar y el nacimiento sucio de las grandes historias

Los imperios suelen recordar sus orígenes mediante símbolos limpios.

Coronas.

Juramentos.

Profecías.

Batallas gloriosas.

La verdad suele ser mucho peor.

Acad empieza su existencia entre rutas clandestinas, cadáveres utilizados como señuelos, documentos falsificados, sobornos, médicos criminales, agentes imperiales y mercenarios que no saben si cobrar más o seguir simplemente porque la historia se ha vuelto demasiado extraña para abandonarla.

Brannar pertenece a ese origen.

No al mito.

Al barro que existió antes del mito.

El legado de Brannar

El futuro del Andalore permanece sin resolver, pero su papel ya está cerrado en un aspecto esencial.

Cumplió el contrato.

Después hizo más.

No porque creyera en Salomé.

No porque adorase al niño.

No porque un dios le mostrara el porvenir.

Siguió porque quería saber.

Y cuando llegó el momento en que alguien debía quedarse atrás para comprar tiempo, fue él quien desapareció de la ruta mientras Salomé continuaba avanzando hacia el refugio donde nacería Acad.

Tal vez sobreviviera.

Tal vez no.

El canon todavía no responde.

Pero aquella noche consiguió lo único que importaba.

Salomé siguió adelante.

Y el niño también.