El Urushdaur es un ritual sangriento y poderoso mediante el cual ciertos Kurgán se transforman en Neffut. Su vertiente neoimperial está sometida al Hegemón y se considera ajena al Khabal.
El rito altera cuerpo, alma, longevidad y necesidades alimentarias. Los Neffut resultantes requieren sangre humana y obtienen regeneración y capacidades superiores.
El Urushdaur demuestra que el Neoimperio utiliza poderes arcónticos controlados mientras condena otras formas como herejía. Esa contradicción no significa que todas las variantes sean equivalentes. La serie distingue entre la transformación juramentada de los Neffut y la corrupción del Khabal.
Apariciones y relaciones canónicas
Apariciones principales: La Guerra de los Mil Tronos y bestiario asociado.
Relaciones conocidas: Vidarna, Neffut-Kurgán, Igigi, Hegemón y sangre humana.
Contexto canónico de El Urushdaur
El tiempo se agotaba. Si no cruzaban la Brecha, sus cuerpos y sus almas del Urushdaur serían arrancados del tejido de la realidad, extinguidos como si nunca hubieran existido.
–Ella era una Igigi, una hija del Urushdaur –continuó Sigurd, sin apartar los ojos de Jonah–. Ella y sus lobos huargos arrasaron mi aldea. –Su rostro se había encendido hasta el rojo más oscuro, y las lágrimas caían en surcos por sus mejillas, mezclándose con el polvo del camino. Aun así, intentó desenvainar su arma, inmovilizado por el brazo de Malcolm–. Ella debe pagar.
Un Igigi podía resistir mucho: más fuerte y longevo que cualquier humano, un arconte encarnado, casi divino. Pero ni siquiera ellos podían detener la furia de esas armas modernas. Si eran reducidos a carne carbonizada antes de invocar el Urushdaur, sus almas errarían para siempre en aquella realidad alternativa. Sin cuerpo. Sin camino de regreso. Era un riesgo intolerable.
Esaú seguía combatiendo. Lo hacía con sus propias garras, como el animal que se había convertido. Su rostro afilado, deformado por la mutación prolongada del Urushdaur, parecía una mezcla entre máscara funeraria y quimera ancestral. Sus cabellos, blanquísimos, flotaban como los de un ahogado en plena pesadilla. Pero, a los ojos de su pueblo, era un dios renacido. Un hijo vengador de la antigua estirpe.
Pazazu le había prohibido usar el Urushdaur sin permiso. Pero Pazazu no estaba allí. Él era Esaú, hijo del polvo, señor del Norte. Y ante sus ojos, la joven se desangraba.
