Walter Stewart es uno de los personajes fundamentales de Crónicas de Aqueron: físico, matemático, inventor y superviviente de una expedición que transforma para siempre su concepción del universo. Nacido en la Escocia del siglo XIX y formado en el pensamiento científico de su tiempo, termina atravesando la Brecha a bordo del HMS Deméter y descubriendo un mundo donde aquello que muchos llaman magia puede esconder tecnología, genética y fenómenos espacio-temporales mucho más antiguos que la humanidad.
Su historia no es la de un guerrero destinado a vencer mediante una espada.
Walter combate de otra forma.
Observa.
Calcula.
Aprende.
Construye.
Y cuando sus enemigos lo convierten en prisionero para aprovechar su inteligencia, termina utilizando precisamente ese conocimiento para preparar su caída.
Su sangre abre puertas.
Sus planos hacen volar barcos sobre Rocamar.
Su fuego convierte el agua en combustible.
Y desde la distancia contempla cómo la Gehena devora la ciudad en la que había pasado dos años encadenado.
Walter Stewart demuestra que, en Aqueron, comprender algo puede ser tan peligroso como empuñar un arma.
Quién es Walter Stewart
Walter Stewart es un joven científico escocés nacido en una familia acomodada de Inverness.
Su padre es médico.
Walter, sin embargo, elige otro camino.
Se traslada a Cambridge con la esperanza de obtener una beca que le permita desarrollar investigaciones en física, matemáticas y problemas relacionados con el movimiento y la navegación aeronáutica.
Sus ideas son demasiado adelantadas para quienes deben financiarlas.
Las solicitudes fracasan.
Sus teorías son consideradas extravagantes y carentes de aplicación práctica.
Sin recursos suficientes, termina abandonando el entorno académico y trasladándose a un barrio obrero de Londres.
Sobrevive aceptando trabajos menores.
Administración.
Contabilidad.
Escritura.
Ocupaciones muy alejadas de la carrera científica que había imaginado.
Pero continúa investigando.
Porque Walter puede quedarse sin dinero.
No puede dejar de hacerse preguntas.
El científico que la Royal Society había rechazado
La ironía de su historia comienza cuando aquello que parecía inutilidad académica se convierte en una capacidad de enorme valor.
Walter es convocado a una reunión extraordinaria.
Allí se encuentra con algunas de las figuras científicas más importantes de su época y descubre que el mundo atraviesa una crisis que la ciencia convencional no puede explicar completamente.
La Gran Noche.
La Peste Oscura.
Las alteraciones que están destruyendo la seguridad de la Inglaterra victoriana.
Walter deja de ser el investigador pobre cuyas teorías nadie quería financiar.
De repente, sus conocimientos sobre navegación, geometría y aeronáutica tienen utilidad militar.
La misma sociedad que había considerado demasiado abstractas sus ideas necesita ahora que las convierta en instrumentos de supervivencia.
El HMS Deméter
Walter es incorporado a la expedición del HMS Deméter.
El dirigible representa uno de los mayores logros tecnológicos de aquella misión.
Su diseño combina ingeniería contemporánea con soluciones extraordinarias para una época todavía dominada por vapor, acero, pólvora y navegación convencional.
Walter no sube a bordo como soldado.
Lo hace por su capacidad técnica.
Su misión inicial parece todavía pertenecer al mundo conocido.
Recoger hombres.
Viajar hacia el norte.
Estudiar el fenómeno de la Brecha.
Intentar comprender qué está ocurriendo en el cielo.
Después, el Deméter atraviesa el límite.
Y todas aquellas categorías dejan de servir.
La Brecha
La expedición se dirige hacia el lugar donde los cálculos sitúan la anomalía.
La Brecha no es un fenómeno meteorológico.
Tampoco un simple acontecimiento astronómico.
Es una ruptura.
Una puerta.
El HMS Deméter queda atrapado por ella y atraviesa hacia una realidad que sus ocupantes no estaban preparados para comprender.
Walter, que había construido su vida alrededor de la posibilidad de explicar el universo mediante reglas, se encuentra de pronto en un mundo donde esas reglas parecen haberse roto.
Pero su reacción no consiste en abandonar la razón.
Consiste en ampliarla.
El naufragio en Aqueron
El Deméter no completa un viaje controlado.
La nave queda destruida.
Walter sobrevive.
También sobreviven Connor Thomas y Edgar Mcelroy.
El Aqueron en el que despiertan no pertenece a ninguna geografía conocida.
Sus habitantes.
Sus ruinas.
Sus criaturas.
Sus civilizaciones.
Todo parece contradecir el mundo del que proceden.
Walter todavía no sabe que su llegada no es fortuita.
Ni que Mcelroy es algo mucho más peligroso de lo que aparenta.
Edgar Mcelroy y Akibel
Mcelroy acaba revelándose como una pieza central del desastre.
La identidad humana queda asociada posteriormente a Akibel, una entidad vinculada a los Igigi y los Arcontes.
Walter había viajado creyendo que Mcelroy era un académico excéntrico.
Descubre que se encuentra ante algo capaz de utilizar cuerpos, engañar a los humanos y servir a poderes que los habitantes de Aqueron interpretan como dioses o demonios.
El capitán Connor Thomas había desconfiado de él.
Walter no comprendió a tiempo hasta qué punto aquella advertencia era correcta.
El precio será enorme.
Walter como Llave de Sangre
Akibel no mantiene vivo a Walter únicamente porque necesite un ingeniero.
Existe otra razón.
La sangre de Walter puede activar determinadas tecnologías de los Constructores.
Akibel ya ha comprobado su utilidad.
Una muestra conservada de esa sangre había permitido activar una puerta tormenta y desencadenar procesos relacionados con la Brecha.
Walter constituye, por tanto, una Llave de Sangre.
No porque conozca conscientemente una contraseña.
La tecnología reconoce algo en su biología.
Esta característica lo convierte en una pieza estratégica.
Abaddón y Akibel necesitan al hombre.
Pero todavía necesitan más su sangre.
Tecnología que reconoce linajes
La situación de Walter introduce uno de los grandes principios tecnológicos del Continuus Nexus.
Algunos artefactos antiguos no pueden activarse simplemente pulsando controles.
Responden a individuos concretos.
A su sangre.
A su genealogía.
A características biológicas heredadas.
Lo que para los habitantes de sociedades menos avanzadas puede parecer magia, bendición o destino tiene una dimensión tecnológica perfectamente real dentro del universo.
Walter es un científico del siglo XIX obligado a enfrentarse con una máquina que lo reconoce sin que él entienda inicialmente por qué.
Eso convierte su propio cuerpo en un objeto de investigación.
Y en una amenaza para él mismo.
Connor Thomas: la culpa que Walter arrastra
La captura de Walter va acompañada por uno de los episodios más brutales de su historia.
Connor Thomas también cae en manos de sus enemigos.
Pero Akibel deja claro cuál de los dos tiene verdadero valor.
Walter es útil.
Thomas no.
El capitán es torturado y despedazado mientras Walter, apenas consciente, comprende que su compañero muere porque sus captores no necesitan mantenerlo con vida.
Walter conserva después el recuerdo de aquella muerte.
También la culpa de no haber escuchado las advertencias del capitán sobre Mcelroy.
En Rocamar, durante los largos periodos de aislamiento, el recuerdo vuelve constantemente.
La ciencia puede explicar muchas cosas.
No puede absolverlo.
Dos años prisionero en Rocamar
Walter pasa alrededor de dos años cautivo en Rocamar, la ciudad-fortaleza de Abaddón.
Cuando reaparece después de ese tiempo, apenas conserva el aspecto del joven que había llegado a Aqueron.
La desnutrición le ha afilado el rostro.
Su cuerpo está debilitado.
Su cabello se ha vuelto prematuramente blanco.
El aislamiento ha erosionado también su esperanza.
Akibel lo visita de forma irregular.
No para conversar.
Para vigilar el trabajo.
Walter permanece vivo porque todavía tiene una función.
El encargo de Abaddón: construir armas
Sus captores quieren aprovechar el conocimiento técnico procedente de la Tierra.
La principal tarea consiste en diseñar nuevas aeronaves de combate.
Akibel le proporciona un casco.
Walter debe adaptar el concepto del HMS Deméter y desarrollar una máquina capaz de combatir sobre Aqueron.
El objetivo es claro.
Crear drakkares voladores de vapor.
Con ellos, Rocamar podrá dominar el cielo.
Una ciudad fortificada, protegida por ejércitos, lulu, Igigi y una flota aérea resultaría extraordinariamente difícil de conquistar.
Walter está construyendo aquello que podría garantizar la supervivencia del enemigo.
Pero sabe algo que Akibel no comprende del todo.
Un plano también puede contener una mentira.
Sabotaje desde la mesa de diseño
Walter trabaja para sus captores.
Pero no trabaja para ellos de buena fe.
Introduce vulnerabilidades.
Errores deliberados.
Defectos capaces de convertirse en armas cuando llegue el momento adecuado.
La ingeniería se convierte en sabotaje.
Walter no dispone de una espada para enfrentarse directamente con Abaddón.
Tiene tinta.
Cálculos.
Presiones.
Temperaturas.
Materiales.
Y el conocimiento de dónde debe fallar una máquina para que el enemigo descubra demasiado tarde que nunca tuvo realmente el control.
Rocamar como biblioteca imposible
El cautiverio proporciona a Walter otra ventaja inesperada.
Accede a manuscritos acumulados por los habitantes de Rocamar.
No pertenecen todos a una misma tradición.
Proceden de viajeros.
De otros mundos.
De otras épocas.
De civilizaciones que han pasado por Aqueron o cuyos conocimientos han terminado allí.
Walter, obligado a trabajar para el enemigo, obtiene acceso a siglos de saber.
Aprende precisamente porque sus captores necesitan que sea útil.
Aquello que debía fortalecer a Rocamar terminará siendo utilizado para destruirla.
El fuego griego
Uno de los conocimientos que Walter recupera está relacionado con un compuesto incendiario que puede continuar ardiendo sobre el agua.
La idea resulta perfecta para un ataque contra una ciudad costera.
Los defensores intentarán combatir el fuego con el elemento que tienen más cerca.
El agua.
Y ese acto empeorará el incendio.
Walter adapta el conocimiento y produce el compuesto durante semanas.
Después, el fuego griego se incorpora al plan de asedio contra Rocamar.
Su utilización demuestra la verdadera naturaleza de Walter como combatiente.
No derrota al enemigo porque sea físicamente más fuerte.
Predice lo que hará.
Y convierte esa reacción en su debilidad.
La fuga de Rocamar
Walter consigue escapar.
Su huida representa un desastre para Akibel por dos razones.
Ha perdido al ingeniero que necesitaba.
Y, aún peor, Walter conoce ahora las defensas de Rocamar desde dentro.
Sabe cómo están construidas determinadas máquinas.
Conoce los túneles.
Comprende el valor de la Cámara de Reflexión.
Ha leído parte de los conocimientos que sus enemigos acumulaban.
Rocamar no pierde simplemente un prisionero.
Pierde información.
Walter y Govind Scully
Después de su fuga, Walter comparte parte de sus descubrimientos con Govind Scully.
El druida posee una forma de conocimiento muy diferente.
Walter procede de la ciencia experimental.
Govind trabaja con tradiciones antiguas, símbolos, textos y concepciones que el escocés inicialmente podría haber considerado superstición.
Pero en Aqueron ambas formas de conocimiento empiezan a encontrarse.
Walter proporciona datos.
Govind aporta contexto.
Entre ambos comienza a aparecer una interpretación más amplia de los artefactos de los Constructores.
La frontera entre tecnología y religión empieza a desdibujarse.
El Arca y las Tablas del Destino
El plan contra Abaddón no consiste únicamente en atacar Rocamar.
El objetivo real se encuentra bajo su centro de poder.
La Cámara de Reflexión.
La Sala de Portales.
Y el Arca.
Las Tablas del Destino deben ser utilizadas con aquel artefacto.
Pero hace falta una llave.
La misma que Abaddón quería explotar.
La sangre de Walter.
Walter entrega voluntariamente una muestra para la misión.
El hombre que había sido capturado porque su sangre permitía activar la tecnología decide ahora emplearla contra quienes lo habían encarcelado.
Walter no activa personalmente el Arca
Esta precisión es importante.
Walter aporta la sangre.
Participa en el plan.
Ayuda a comprender la tecnología y sus posibles efectos.
Pero no entra con Jonah en el grupo que finalmente ejecuta la activación.
La misión interior corresponde a Jonah Fox, Freya Fraser, Roger Trencavel, Govind Scully y sus acompañantes.
Govind es quien realiza la activación del Arca utilizando las Tablas del Destino y la sangre proporcionada por Walter.
Por tanto, afirmar que Walter «activa el Arca» sería impreciso.
Hace posible que sea activada.
No es lo mismo.
Los drakkares de la resistencia
El conocimiento técnico obtenido y desarrollado por Walter permite también crear la flota utilizada contra Rocamar.
Aquellos drakkares voladores combinan los recursos de Aqueron con ideas procedentes de la aeronáutica de la Tierra.
No son equivalentes tecnológicos perfectos del HMS Deméter.
Son adaptaciones.
Máquinas nacidas de la necesidad.
La resistencia logra así disputar a Akibel el dominio del cielo.
El mismo concepto que Walter había sido obligado a desarrollar para Abaddón se vuelve contra su creador forzado.
Doce drakkares de Akibel
Cuando comienza el ataque, Rocamar despliega sus propias aeronaves.
Doce máquinas emergen de la Torre Dragón.
Akibel reconoce inmediatamente el estilo del ataque.
Comprende que detrás de aquella táctica se encuentra Walter Stewart.
El antiguo prisionero está utilizando contra él todo aquello que aprendió encerrado en su ciudad.
La escena cierra simbólicamente su cautiverio.
Walter ya no está en una celda diseñando armas para Abaddón.
Está fuera.
Y esas armas están regresando.
Palomas, fuego y ciencia contra Rocamar
El asedio combina tecnologías y tácticas de épocas completamente diferentes.
Drakkares voladores.
Flechas.
Caballería.
Lanzallamas.
Palomas cargadas con recipientes incendiarios.
Magia aparente.
Tecnología de los Constructores.
Los frascos preparados con el compuesto de Walter caen sobre los edificios.
Los soldados intentan apagarlos.
El agua extiende todavía más la destrucción.
Rocamar empieza a arder desde dentro.
Una ciudad construida alrededor del conocimiento antiguo es atacada mediante otro conocimiento todavía más antiguo.
Walter y Aaliyah
La relación entre Walter y el príncipe Aaliyah muestra otra faceta del personaje.
Ambos pertenecen a culturas radicalmente distintas.
Walter es un científico europeo del siglo XIX.
Aaliyah pertenece a los pueblos del desierto de Aqueron.
Sin embargo, la guerra y la convivencia crean respeto.
Antes del ataque contra Rocamar, ambos se despiden conscientes de que quizá no vuelvan a encontrarse.
No hablan como académico y guerrero.
Hablan como amigos.
Para entonces, Walter ya no es únicamente un náufrago intentando regresar a su mundo.
Aqueron se ha convertido también en el lugar donde existen personas por las que está dispuesto a arriesgarse.
El científico que aprende a aceptar lo imposible
La transformación intelectual de Walter es quizá todavía más importante que la militar.
Ha sido educado para buscar explicaciones racionales.
Y nunca abandona ese principio.
Pero aprende que racional no significa convencional.
La existencia de Arcontes no obliga a aceptar la palabra «demonio» como explicación suficiente.
Las puertas entre mundos pueden ser tecnología.
La sangre puede actuar como llave biológica.
Una supuesta profecía puede conservar información sobre sistemas antiguos.
Una reliquia religiosa puede ser una máquina.
Walter no renuncia a la ciencia.
Descubre que la ciencia del universo es mucho más grande que la ciencia que conocía.
La Gehena
El asalto alcanza finalmente su punto culminante.
Walter se encuentra en un drakkar de mando, alejado del núcleo de Rocamar.
Desde allí observa el acontecimiento que transformará Aqueron.
En la ciudad, la activación del Arca y de las Tablas del Destino provoca una ruptura cuyas consecuencias superan todos sus cálculos.
La realidad se abre.
Aparecen fisuras.
La energía crece.
Después llega la explosión.
Una columna gigantesca se levanta sobre Rocamar.
La onda expansiva golpea el drakkar donde se encuentra Walter y lo arroja hacia el interior.
El científico observa algo para lo que carece de teoría suficiente.
La Gehena.
Walter no causa por sí solo la Gehena
También aquí conviene mantener precisión.
Walter hace posible parte del proceso.
Su sangre activa la tecnología.
Sus conocimientos permiten preparar el asalto.
Sus armas ayudan a romper las defensas.
Pero la Gehena es consecuencia de una cadena mucho más compleja relacionada con:
el Arca;
las Tablas del Destino;
la Sala de Portales;
la tecnología de los Constructores;
y los acontecimientos desencadenados en el interior de Rocamar.
Walter es una pieza indispensable.
No el único causante.
De Londres a Aqueron
La trayectoria completa de Walter resulta extraordinaria precisamente por la distancia entre el hombre del inicio y el superviviente de Rocamar.
Comienza pobre.
Con investigaciones rechazadas.
Intentando encontrar una utilidad para sus teorías.
Termina participando en una guerra contra seres que algunas culturas consideran dioses.
Diseña aeronaves.
Sabotea máquinas.
Estudia manuscritos de otros tiempos.
Proporciona sangre para activar una tecnología interdimensional.
Y contempla cómo una ciudad desaparece dentro de una ruptura de la realidad.
Sus antiguas teorías ya no parecen extravagantes.
Parecen pequeñas.
Ciencia frente a dogma
Walter representa además una posición fundamental dentro del Continuus Nexus.
No todo lo desconocido debe venerarse.
No todo lo inexplicable es mágico.
No todo aquello que una religión llama dios merece ese nombre.
Los Anu pueden poseer poderes incomprensibles.
Eso no significa que sean omnipotentes.
Los Igigi pueden parecer demonios.
Eso no significa que sean invulnerables.
Una máquina puede parecer un artefacto sagrado.
Eso no impide estudiarla.
El pensamiento de Walter amenaza a los falsos dioses porque reduce sus milagros a problemas.
Y un problema puede buscar una solución.
El conocimiento como arma
Akibel cree que Walter será útil porque sabe construir.
No comprende que la misma inteligencia sirve para destruir.
El científico aprende sus sistemas.
Observa sus defectos.
Lee sus libros.
Comprende sus dependencias.
Y cuando escapa, se lleva todo aquello consigo.
Esa es su verdadera venganza.
No roba una espada de Rocamar.
Roba su ventaja.
El legado de Walter Stewart
Walter deja varias huellas esenciales en la historia de Aqueron.
Participa en la expedición que atraviesa la Brecha.
Su biología demuestra que determinadas tecnologías de los Constructores responden a linajes concretos.
Su cautiverio proporciona conocimiento sobre Rocamar.
Sus diseños contribuyen al desarrollo de los drakkares.
Su fuego ayuda a destruir las defensas de la ciudad.
Su sangre permite activar el Arca.
Y es testigo de la Gehena.
Pocos personajes conectan de forma tan clara la Tierra victoriana, Aqueron y la tecnología de los Constructores.
Por qué Walter Stewart es importante en Crónicas de Aqueron
Jonah Fox representa la resistencia y el símbolo.
Macfair, la búsqueda y la experiencia.
Govind, el conocimiento espiritual.
Freya, la tradición y el poder sacerdotal.
Walter aporta algo diferente.
Método.
Observa incluso aquello que lo aterroriza.
Pregunta cómo funciona.
Cuando descubre una máquina imposible, no se limita a llamarla milagro.
Busca dónde recibe energía.
Qué necesita para activarse.
Qué falla.
Qué podría ocurrir si se obliga al sistema a hacer algo para lo que no fue concebido.
Ese impulso lo lleva a Rocamar.
También ayuda a destruirla.
Preguntas frecuentes sobre Walter Stewart
¿Quién es Walter Stewart?
Es un físico y matemático escocés del siglo XIX cuya investigación en aeronáutica y geometría espacial termina llevándolo a la expedición del HMS Deméter y posteriormente a Aqueron.
¿Qué función tiene en el HMS Deméter?
Es incorporado por sus conocimientos técnicos y científicos relacionados con navegación y aeronáutica.
¿Walter es un guerrero?
No en el sentido convencional. Su principal capacidad es científica y técnica, aunque participa activamente en la lucha contra Abaddón mediante ingeniería, sabotaje y planificación.
¿Por qué Akibel mantiene vivo a Walter?
Porque necesita sus conocimientos para desarrollar armamento y porque su sangre posee compatibilidad con determinadas tecnologías de los Constructores.
¿Qué es la Llave de Sangre?
Es la capacidad biológica de Walter para activar ciertos artefactos y portales relacionados con los Constructores. No se trata de una llave física convencional.
¿Walter diseña los drakkares voladores?
Participa decisivamente en el desarrollo de los diseños inspirados en el HMS Deméter. Durante su cautiverio trabaja forzosamente para Rocamar y posteriormente su conocimiento es empleado por la resistencia.
¿Walter inventa el fuego griego?
No en sentido histórico. Recupera y adapta conocimiento al que accede durante su cautiverio para utilizarlo contra Rocamar.
¿Walter activa las Tablas del Destino?
No directamente. Su sangre se utiliza como componente de activación; Govind Scully ejecuta el procedimiento dentro de Rocamar.
¿Walter presencia la Gehena?
Sí. Se encuentra en un drakkar de mando en las proximidades de Rocamar y contempla la catástrofe desde el exterior.
Walter Stewart: el hombre que obligó a los dioses a convertirse en problemas
Walter comenzó su historia buscando una beca.
Quería investigar.
Calcular.
Demostrar que sus teorías podían tener aplicación.
La academia le dijo que no.
Aqueron terminó dándole una respuesta mucho más cruel.
Sus conocimientos servían.
Servían para atravesar cielos.
Para construir máquinas.
Para incendiar ciudades.
Para abrir puertas entre mundos.
Y para enfrentarse a seres que exigían ser tratados como dioses.
Walter nunca necesitó aceptar esa exigencia.
Podía sentir miedo.
Podía no comprenderlos.
Podía reconocer que existían fuerzas más antiguas que todo cuanto había estudiado.
Pero seguía haciéndose la misma pregunta:
¿cómo funciona?
Y para Abaddón y Akibel, esa pregunta acabaría siendo mucho más peligrosa que cualquier espada.
