Thyara es un planeta minero cubierto por tormentas de óxido, sal y arena. Durante generaciones, sus habitantes trabajan en minas de oro bajo el dominio de Zirano y de fuerzas crepusculares.
Kynes, Esquilo y Mayra colaboran con esclavos y tribus para tomar la ciudadela. La revuelta abre las cárceles, destruye la autoridad del tirano y convierte a Esquilo en Eskilun T’maka, Liberador de Mundos.
La victoria también pone en marcha una amenaza y una revelación. Mayra encuentra el puñal estelar que señala Envar-Dagán. Thyara demuestra que la Senda no es una expedición puramente arqueológica: el paso del Explorador altera sociedades y obliga a la tripulación a decidir cuándo intervenir.
Apariciones y relaciones canónicas
Contexto canónico de Thyara
Thyara era polvo, y el polvo tenía memoria. En sus torbellinos danzaban los huesos de generaciones que trabajaron hasta la extenuación en sus minas de oro, tragando aire turbio y escupiendo sangre en silencio. El aire sabía a óxido, a electricidad estática, a hierro antiguo. Y ahora, ese mismo aire era el escenario de una revuelta.
ESCENARIO: Planeta Thyara, afueras de la Ciudadela de Zirano. CUADERNA ESTELAR: Ekron-Dagan, 10199 años estándar, tras la Conjunción
ESCENARIO: Planeta Thyara, Ciudadela de Zirano. CUADERNA ESTELAR: Ekron-Dagan, 10199 años estándar, tras la Conjunción
ESCENARIO: Planeta Thyara, Plaza central de la Ciudadela. CUADERNA ESTELAR: Ekron-Dagan, 10199 años estándar, tras la Conjunción
ESCENARIO: Exoportal de Thyara y hangar del Explorador Oscuro. CUADERNA ESTELAR: Ekron-Dagan, 10199 años estándar, tras la Conjunción
Detrás de ellos, seis miembros más de la tripulación aguardaban en silencio. Habían sobrevivido a la batalla, pero llevaban en la mirada la marca de los que no regresaron. La muerte, en Thyara, no había sido un accidente: había sido un bautismo. Uno del que salían distintos, fragmentados.
Ella bajó la mirada hacia sus manos. La piel, tersa. Las cicatrices, borradas. Ni rastro de las heridas de Thyara. Ni rastro de la tensión de su cuerpo en el Explorador. Solo ligereza. Solo calma.
Ella se detuvo junto a una fuente hexagonal donde peces de escamas doradas nadaban en círculos perfectos. Miró su reflejo. Su rostro estaba limpio, sin signos del polvo de Thyara, sin las sombras de las pesadillas del cilindro. Pero esos ojos no eran nuevos. Estaban gastados.
