Pérgamo es un mundo autónomo de Envar-Dagán asociado al antiguo imperio genético de Dave. Sus habitantes conservan fragmentos de linaje, tecnología Exodita y una teocracia basada en la llamada Semilla.
Ká propone viajar allí cuando Mayra y el feto agonizan. Lutero cree que sus bancos genéticos podrían estabilizar la gestación; Kynes teme que el planeta esté corrompido por pactos con el Khabal. El acceso exige asilo, liturgia y una forma de sumisión ante el Senado.
Pérgamo representa la ambigüedad del legado imperial. Conserva conocimientos capaces de salvar vidas, pero los ha convertido en religión y poder político. Su memoria enlaza a Dave, los linajes posteriores a la Conjunción y el futuro Mundo Ceniza.
Apariciones y relaciones canónicas
Contexto canónico de Pérgamo
Kynes, que hasta ese momento había permanecido inmóvil junto a la pared, levantó la mirada con brusquedad. Su mano descendió instintivamente hacia la empuñadura de Abaddón, aunque no la tocó.
Ká no reaccionó al tono. Su voz siguió siendo la misma: calma, distante, casi piadosa.
Cruzó la mirada con Lutero, buscando una última duda en sus ojos, pero solo encontró resignación.
Las luces de la cubierta se intensificaron, como si el Explorador hubiera exhalado por primera vez en días. El aire se llenó de un zumbido grave, el preludio del salto.
Los corredores vivos del Explorador comenzaron a contraerse, replegándose en espirales bioluminiscentes. Las luces del puente se apagaron una a una, hasta que solo quedó el resplandor de los ojos de Ká iluminando los rostros de los tres hombres.
ESCENARIO: Estación Orbital Exodita de Pérgamo, borde exterior de la Cuaderna de Envar-Dagan – Ekron-Dagan10192 años estándar, tras la Conjunción Infernal
La estación Pérgamo, olvidada en el filo del vacío, flotaba como un cadáver en un ataúd cósmico. Sus sistemas vitales habían sido desactivados hacía ya más de cinco milenios. No quedaba rastro de calor, ni señal de vida, tan solo una estructura inmensa, elegante, construida en puro metal exo, suspendida entre las estrellas como una ruina colosal, vestigio de un arte perdido. Ni luces, ni pulsos, ni advertencias: tan solo el silencio, un silencio absoluto, más antiguo que la historia humana.
