Vidarna, Vhaxar de la Mano Blanca. Vidarna es un Neffut-Kurgán, Vhaxar de los Diez Mil Hijos y comandante de la legión cuyo emblema es una mano blanca. Recibe de Nimrod 84 la orden presciente de localizar la barcaza colonial donde sobrevive Jared. Antes de iniciar la campaña de Hastapor, desvía una fuerza completa para recuperar a un solo humano, aunque no comprenda por qué el Hegemón lo considera necesario.
Su presencia introduce a Jared en las castas transformadas del Eternum. Vidarna posee piel gris, ojos negros, orejas puntiagudas, colmillos y una constitución superior a la de un Kurgán común. Como Neffut, ha trascendido mediante el Urushdaur y necesita sangre humana, entregada en el Neoimperio como tributo religioso. Su exoarmadura y su exobastón reaccionan con fulgor blanco.
Vidarna trata a Jared con una mezcla de desprecio, curiosidad y obediencia. Lo instruye sobre los Mil Tronos, el Hegemón, la Conjunción y el origen del linaje de Nimrod. En la Batalla de las Tres Perlas demuestra que un Vhaxar no es solo general: es extensión telepática de la voluntad imperial.
Apariciones y relaciones canónicas
Apariciones principales: La Guerra de los Mil Tronos, especialmente la campaña de Hastapor.
Relaciones conocidas: Jared, Nimrod 84, los Diez Mil Hijos, los Neffut-Kurgán y la legión de la Mano Blanca.
Contexto canónico de Vidarna, Vhaxar de la Mano Blanca
En su versión más extrema y usando el Elixir extraído de las plantas de Maná, extraídas de las selvas de Nuevo Kalaran por El Mordus, es usado para crear a los Inquisidores de la Cofradía.
Vhaxar que comanda la flota de la Legión de la Mano Blanca; enviada a Hastapor. Protector temporal de Jared. Portador del relato fundacional sobre las Tres Semillas y el Mundo Ceniza.
Cuando el Vhaxar llamado Vidarna, uno de los Diez Mil Hijos, alcanzó mi posición a bordo de su gran destructor comandante, seguido por las gloriosas astronaves de su impresionante legión, aquella que tiene por emblema una mano blanca. Parte de estas respuestas me fueron reveladas. No todas. Nunca todas. Porque en el Neoimperio, incluso la verdad se administra por dosis.
Pero el antiguo imperio cayó. Y con su caída, como ocurrió con incontables mundos tanto dentro como fuera de su cuaderna, Hastapor descendió primero a la anarquía, después a la tiranía, y finalmente a una forma de degradación aún más profunda: la ausencia total de fe, ley y memoria. En el momento en que la flota de Vidarna se aproximaba, Hastapor no era ya más que un refugio de piratas sin Dios, clanes humanos degenerados que sobrevivían del saqueo, el tráfico de carne y la profanación de reliquias de un pasado que ya no comprendían.
