Entre los grandes personajes de Mesías Rojo, Bahadur representa una forma de poder muy distinta a la de los reyes, los arcontes y los señores de las grandes ciudades de Aqueron. Su autoridad nace del desierto, de una tradición conservada durante generaciones y de una capacidad para reconocer el peligro antes de que este alcance a su pueblo.
Cuando aparece en Nacidos de la Arena, Bahadur todavía no es capitán de Kadosh ni vive entre palacios. Es un gran cazador aramita, descendiente de una de las ramas más nobles de su estirpe, acostumbrado a recorrer las llanuras occidentales, vivir de sus presas y guardar los secretos que permiten sobrevivir en territorios donde el agua puede valer más que el oro.
Sin embargo, será precisamente aquel cazador solitario quien descubra que una antigua fractura de los aramitas ha sobrevivido durante cinco siglos. Esaú continúa vivo, Baalfegor ha regresado y las Siete Ciudades Magníficas preparan una nueva expansión hacia el sur.
A partir de ese momento, la historia de Bahadur queda unida a la Yihad, a Ragnar, a los herederos de Zebulón y, finalmente, al propio Kadosh, bajo cuyo poder alcanzará el rango de capitán y recibirá una de las misiones más delicadas de su reinado.
Quién es Bahadur en Mesías Rojo
Bahadur pertenece al pueblo aramita y desciende de una de las ramas más nobles de su estirpe, aunque los textos disponibles no establecen una genealogía concreta que permita atribuirle un parentesco directo determinado con Zebulón, Seth u otro jeque histórico.
Su mundo es inicialmente el de los nómadas. Cuando aparece en Nacidos de la Arena, lleva semanas viviendo solo en las llanuras occidentales, cazando, desollando presas y secando carne que espera vender posteriormente en Al-Semanet, la ciudad de los mercados eternos.
Su campamento se encuentra junto a uno de los pozos sagrados cuya ubicación únicamente se transmite entre miembros del propio pueblo aramita. El conocimiento de aquellos lugares forma parte de la herencia que permite a los clanes sobrevivir en el desierto y, por ello, que un desconocido consiga llegar directamente hasta el pozo constituye desde el principio una señal de peligro.
Ese desconocido cambiará el curso de la vida de Bahadur.
El explorador de Esaú
El visitante se presenta como aramita, pero sus ropas y comportamiento son diferentes. Pertenece a la tribu de Esaú y procede de la Ciudad de los Grandes Puertos, una de las Siete Ciudades Magníficas de un reino cuya existencia Bahadur desconocía.
El cazador no se precipita.
En lugar de enfrentarse inmediatamente al extraño, le ofrece hospitalidad, comparte con él la comida y utiliza la conversación para obtener información.
Esta escena define muy bien al personaje. Bahadur puede matar cuando resulta necesario, pero antes quiere comprender qué amenaza tiene delante. Su primera arma no es la daga, sino la paciencia.
Gracias a ella empieza a descubrir qué ocurrió con los descendientes de aquella rama aramita que siglos atrás había seguido a Esaú.
Esaú sigue vivo
La primera revelación resulta casi imposible de aceptar.
Esaú continúa vivo cinco siglos después del cisma aramita.
El explorador afirma que Baalfegor apareció cuando los seguidores de Esaú se encontraban al borde de la destrucción y ofreció salvación a cambio de sacrificio. Esaú aceptó el pacto y fue sometido al Urushdaur, obteniendo una existencia que lo ha mantenido durante siglos como rey, profeta, brazo y voz de Baalfegor.
Para Bahadur, aquello no es solamente la noticia de que un antiguo enemigo ha sobrevivido.
Significa que la fractura iniciada en tiempos de Jacob y Zebulón jamás terminó.
Mientras la rama de Zebulón continuó mediante Seth y los posteriores jeques aramitas, Esaú permaneció físicamente vivo bajo la protección de un poder oscuro.
El pasado acaba de regresar convertido en presente.
Las Siete Ciudades Magníficas
El explorador explica que los descendientes de Esaú ya no viven como simples nómadas. Han fundado un reino cuya riqueza se concentra alrededor de las llamadas Siete Ciudades Magníficas, una sociedad que comercia por el Gran Mar del Norte y que considera haber vencido el hambre, las enfermedades y, en algunos casos, incluso los límites ordinarios de la muerte.
Pero aquella prosperidad tiene un precio.
El centro espiritual de ese nuevo orden es Baalfegor.
Y la sangre forma parte de su culto.
La Gran Pirámide Oscura
Bahadur descubre que los seguidores de Esaú han construido la Gran Pirámide Oscura, en cuya cúspide se celebran sacrificios humanos antes de la estación de la cosecha.
Prisioneros y personas escogidas entre determinadas familias son ofrecidos ritualmente. La sangre y las vísceras de las víctimas se recogen en un cáliz que el propio Esaú, convertido en Pontífice Máximo, lleva ante Baalfegor.
La abundancia de las Siete Ciudades no procede, por tanto, de un simple desarrollo económico o militar.
Está ligada a un pacto.
Y ese pacto exige carne humana.
Bahadur escucha el relato sin revelar inmediatamente lo que piensa, aunque su desprecio se hace cada vez más evidente. La pregunta que plantea resume su reacción ante las maravillas prometidas por aquella nueva sociedad:
¿a qué precio?
El verdadero objetivo del enviado
El explorador termina revelando por qué ha atravesado el desierto.
No busca comercio.
No busca reconciliación.
Busca el campamento donde viven los descendientes de Zebulón.
Esaú vuelve la mirada hacia el sur porque se prepara para la guerra contra Pazazu, y los seguidores de Baalfegor necesitan aquello que consideran la fuerza de sus antiguos hermanos.
Necesitan su sangre.
El enviado llega incluso a presentar el sacrificio como un honor para los hijos de los aramitas, a cambio de los dones que Baalfegor puede concederles.
Es entonces cuando Bahadur deja de preguntar.
La daga de Bahadur
Durante toda la conversación, el cazador ha permitido que su visitante crea que lo está convenciendo.
Cuando ya conoce el propósito de la misión, desliza una mano hacia la daga damasquinada escondida entre sus ropas y espera el momento adecuado.
Después golpea.
La hoja entra entre las costillas del explorador y alcanza directamente el corazón.
No existe combate.
No existe desafío ceremonial.
Bahadur elimina una amenaza que conoce la ubicación de un pozo secreto y que pretende encontrar a su pueblo para entregarlo a los sacrificios de Baalfegor.
Acto seguido arrastra el cadáver lejos del campamento y lo entierra bajo la arena.
El desierto hará desaparecer el resto.
La advertencia a los herederos de Zebulón
Bahadur no permanece junto al pozo esperando que llegue el siguiente explorador.
Antes del amanecer desmonta su tienda, prepara sus pertenencias, monta su meharí y parte hacia el gran campamento de los herederos de Zebulón.
Ha comprendido que aquello que acaba de escuchar no es una amenaza futura. La guerra ya ha empezado, aunque el resto de los aramitas todavía no lo sepa.
Esaú vive.
Baalfegor ha regresado.
Las Siete Ciudades existen.
Y ahora están buscando a la otra rama de su pueblo.
Desde ese momento, la vida de Bahadur deja de pertenecer únicamente a la caza y al desierto.
Quinientos años de una guerra sin terminar
La importancia de Bahadur en esta parte de Mesías Rojo está directamente relacionada con el antiguo cisma aramita.
Siglos antes, Jacob había elegido a Zebulón como heredero, mientras Esaú arrebataba el báculo y provocaba la división del pueblo. Zebulón terminó siendo sucedido por Seth y, después, por otros jeques.
La continuidad de aquella rama sobrevivió mediante generaciones.
La rama de Esaú siguió un camino completamente diferente bajo Baalfegor.
Bahadur vive cuando ambos caminos vuelven a encontrarse.
No presencia el origen de la fractura, pero pertenece a la generación que tendrá que pagar sus consecuencias.
Bahadur en Imperios, Dunas y Estrellas
Cuando reaparece en Imperios, Dunas y Estrellas, la situación ya ha cambiado considerablemente.
Bahadur no está solo junto a un pozo.
Ahora dirige un grupo de cazadores y jinetes aramitas, montados sobre meharis y armados con jabalinas y arcos. Cuando encuentran a Ragnar en el desierto, es Bahadur quien habla en nombre del grupo y se presenta expresamente como su jefe.
Su pueblo lleva casi una década combatiendo contra los invasores del norte y sus fuerzas están cada vez más reducidas.
Entonces Ragnar pronuncia un nombre que cambia el sentido del encuentro:
el Mesías Rojo.
Ragnar, enviado del Mesías Rojo
Ragnar afirma haber sido enviado por el Mesías Rojo para encontrar a los aramitas.
Según sus palabras, ha llegado el momento de combatir contra los servidores de Pazazu y de Baalfegor y de comenzar la Yihad, la Guerra Santa que las antiguas profecías aramitas vinculan al regreso del Mesías.
Bahadur conoce esas profecías.
Precisamente por eso desconfía.
Para los aramitas, la Yihad no puede comenzar simplemente porque un extranjero lo afirme. Su llegada debe estar relacionada con la manifestación del Mesías Rojo.
Bahadur decide ponerlo a prueba.
La prueba de Ragnar
Ragnar asegura que Bahadur no podrá matarlo porque ha sido enviado por el Mesías.
El aramita desmonta de su meharí y desenvaina una espada curva.
No acepta una declaración de fe como prueba suficiente.
Ragnar, entonces, realiza algo inesperado: abandona su propia arma, se sienta sobre la arena y se niega a defenderse.
Bahadur ataca.
La hoja se dirige directamente hacia su rostro.
Pero se detiene a escasos milímetros.
No porque una fuerza visible intervenga desde el exterior, sino porque Bahadur es incapaz de completar el golpe.
La certeza que pretendía poner a prueba se vuelve contra él.
Ragnar conoce además su nombre pese a que Bahadur no se lo había revelado.
El aramita comprende que se encuentra ante algo que ya no puede explicar únicamente mediante engaño o casualidad.
El comienzo de la Yihad
Tras la prueba, Bahadur acepta la posibilidad de que Ragnar diga la verdad.
Los jinetes desmontan y se arrodillan.
La escena marca el comienzo de la Yihad para aquellos aramitas.
Es un momento fundamental porque conecta directamente la antigua profecía heredada por el pueblo de Zebulón con la nueva realidad que está surgiendo alrededor de Kadosh.
Bahadur, que en el libro anterior había sido uno de los primeros en descubrir el regreso de la rama de Esaú, se convierte ahora en uno de los primeros jefes aramitas en aceptar la llamada que conducirá a su pueblo a una guerra mucho mayor.
Bahadur, Noah y la guerra
La implicación de Bahadur no termina con el encuentro con Ragnar.
Más adelante aparece formando patrulla junto a Noah. Ambos participan en operaciones contra los enemigos que avanzan por Aqueron y terminan encontrando los restos del destacamento de Ragnar.
Los hombres han sido despedazados y parcialmente devorados.
Ragnar se encuentra entre los muertos.
Pero falta alguien.
Charlize.
Bahadur y Noah combaten además contra un grupo de espectros lulu y regresan con una conclusión inquietante: no han encontrado restos ni sangre de Charlize.
Todo indica que ha sido capturada.
La desaparición tendrá profundas consecuencias para Kadosh.
De cazador aramita a capitán de Kadosh
La trayectoria de Bahadur culmina en un cambio social y militar muy significativo.
El hombre que había aparecido cazando y secando carne en las llanuras del oeste termina convertido en capitán de Kadosh.
El propio texto llega a describirlo como:
su capitán más fiel.
No se explica este ascenso mediante una genealogía secreta ni mediante un título profético. Su posición se entiende a través de lo que el personaje ha demostrado: experiencia en el desierto, mando sobre otros aramitas, fidelidad a la Yihad y servicio al nuevo poder que Kadosh está construyendo.
Su lealtad terminará siendo puesta a prueba de una manera especialmente dolorosa.
La misión secreta de Dag-Nefer
Cuando Kadosh consolida su poder y establece su nueva corte, la desaparición de Charlize continúa atormentándolo.
Finalmente encarga a Bahadur una misión secreta.
Debe dirigirse al monte Dag-Nefer.
Debe encontrar a Charlize.
Bahadur parte con un pequeño séquito y asciende hasta el santuario protegido por el edicto de Kadosh.
No encuentra a nadie.
Las ruinas están vacías.
La búsqueda de Charlize
Bahadur no interpreta el vacío del santuario como el final de la misión.
Durante semanas recorre los riscos y las sendas.
Registra refugios.
Explora cuevas.
Desciende por los valles.
Cruza bosques.
Pregunta a pastores, oráculos y ermitaños.
Todo resulta inútil.
Charlize parece haber desaparecido por completo.
Bahadur termina comprendiendo que no puede ofrecer a Kadosh la respuesta que este necesita.
Ordena entonces regresar a Al-Semanet.
El viaje de vuelta tarda meses.
El fracaso de Bahadur
Cuando alcanza la nueva capital, Bahadur no busca descanso ni participa en celebraciones. Entra directamente en el palacio todavía cubierto por el polvo del viaje y se presenta ante Kadosh.
Informa de la búsqueda.
Informa del santuario vacío.
Informa de su fracaso.
La reacción del Mesías Rojo es silenciosa.
La presciencia de Kadosh tampoco puede encontrar a Charlize.
Bahadur queda entonces solo ante el trono, consciente de que ha fallado en la misión que su señor había confiado precisamente a él.
Y realiza un gesto que define mejor al personaje que cualquier discurso.
La espada ante el trono
Bahadur se quita el manto, desenvaina la espada y la arroja a los pies del trono.
No intenta justificar su fracaso.
No culpa a sus hombres.
No afirma que la misión fuera imposible.
Para él basta con saber que su señor le había confiado una tarea y que no ha sido capaz de cumplirla.
Después abandona el palacio.
Desciende a las calles de una ciudad que él mismo había ayudado a levantar y regresa al desierto.
El cazador vuelve a la arena.
Pero ya no es el mismo hombre que vivía junto al pozo secreto.
La evolución de Bahadur
El arco de Bahadur puede seguirse con bastante claridad a través de los dos primeros libros de esta etapa.
En Nacidos de la Arena es un cazador perteneciente a una antigua estirpe aramita, capaz de sobrevivir en soledad y de eliminar sin vacilar una amenaza cuando comprende su verdadero propósito.
En Imperios, Dunas y Estrellas ya dirige jinetes, acepta la llamada de Ragnar y se integra en el comienzo de la Yihad.
Posteriormente combate junto a Noah, sirve al poder emergente de Kadosh y termina convertido en su capitán más fiel.
Su evolución no consiste en abandonar su identidad aramita para convertirse en cortesano.
Sucede lo contrario.
Lleva consigo al nuevo orden las virtudes y durezas aprendidas en el desierto.
Bahadur y la tradición aramita
El personaje permite observar también cómo sobreviven las antiguas tradiciones de su pueblo después de siglos de separación.
Conoce la historia de Zebulón y Seth.
Conoce a Pazazu mediante los relatos transmitidos por los ancianos.
Conoce la profecía del Mesías Rojo.
Reconoce el significado sagrado de la Yihad.
Protege la ubicación de los pozos del desierto y comprende la importancia de los vínculos de sangre dentro de los clanes.
No es un sacerdote ni un erudito.
Su conocimiento es el de una cultura oral que ha sobrevivido transmitiendo lo indispensable de una generación a otra.
Por eso el regreso de Esaú no necesita ser explicado mediante tratados.
Bahadur comprende inmediatamente lo que significa.
Bahadur y Esaú: dos respuestas al desierto
Existe además un contraste muy significativo entre Bahadur y la rama de Esaú.
Los seguidores de Esaú describen las Siete Ciudades como una victoria sobre la antigua pobreza nómada. Tienen puertos, comercio, alimentos y una aparente protección contra las enfermedades y la muerte.
Bahadur vive de manera mucho más austera.
Caza.
Seca carne.
Habita una tienda.
Depende de pozos secretos.
Sin embargo, cuando descubre el precio de aquella prosperidad —Urushdaur, sacrificios humanos y sometimiento a Baalfegor—, no intenta negociar.
Para él, determinadas formas de supervivencia dejan de merecer ese nombre.
No porque el desierto sea benigno, sino porque conoce demasiado bien el valor de aquello que una persona entrega para continuar viva.
Bahadur y Kadosh
Su relación con Kadosh tampoco debe reducirse a la de un subordinado cualquiera.
El título de «capitán más fiel» implica una posición construida después de años de guerra y servicio.
Kadosh le confía una misión íntima y políticamente delicada: encontrar a Charlize.
Bahadur la acepta sin discusión.
Y cuando fracasa, interpreta ese fracaso como una deuda personal.
No conocemos en los textos disponibles una ceremonia concreta mediante la cual Bahadur alcanzase su rango ni todos los combates que explicaron su ascenso, por lo que no conviene rellenar ese espacio con acontecimientos no narrados.
El resultado, sin embargo, sí está fijado por el canon.
El gran cazador termina siendo capitán del Mesías Rojo.
Un personaje construido por sus decisiones
Bahadur no necesita dones sobrenaturales para resultar decisivo.
No posee la presciencia de Kadosh.
No ha recibido el Urushdaur de Esaú.
No es un Arconte.
Su fuerza narrativa reside en otra parte: observa, escucha, decide y acepta las consecuencias de sus decisiones.
Ante el explorador de Esaú, primero obtiene información y después actúa.
Ante Ragnar, desconfía y lo pone a prueba antes de aceptar su palabra.
Ante la guerra, combate.
Ante Kadosh, sirve.
Y cuando considera que ha fallado, no busca una excusa que proteja su rango.
Entrega simbólicamente su espada y vuelve al desierto.
Bahadur dentro del Continuus Nexus
Bahadur ocupa una posición especialmente interesante en la historia de Aqueron porque une varias épocas sin necesitar atravesar el tiempo.
A través de él llega hasta el presente la memoria del cisma entre Zebulón y Esaú.
Es uno de los primeros personajes de su rama en conocer la existencia de las Siete Ciudades y la supervivencia de Esaú.
Su encuentro con Ragnar ayuda a abrir el camino de la Yihad.
Su servicio posterior lo coloca junto a Kadosh cuando el niño del Dag se ha convertido ya en una de las grandes figuras de Aqueron.
Y su última gran misión conocida en esta etapa lo enfrenta no a un ejército, sino a algo que ni siquiera la presciencia del Mesías Rojo puede resolver: la desaparición de Charlize.
Por eso Bahadur no debe describirse simplemente como guerrero o mediador.
Es, ante todo, un superviviente del viejo mundo aramita que termina sirviendo al nacimiento de uno nuevo.
Su historia comienza junto a un pozo escondido bajo el sol del desierto y alcanza los salones del Mesías Rojo, pero cuando ya no puede cumplir la misión que se le ha encomendado, elige regresar al único lugar cuya ley nunca necesitó que nadie se la explicara.
La arena.
