Hay lugares del Eternum donde todavía se construyen astronaves.
Hay imperios capaces de cruzar cuadernas estelares, exomantes que se funden con máquinas vivientes y flotas que atraviesan la Red de Anomalías buscando mundos separados por distancias inconcebibles.
Y después está Mundo Ceniza.
Un planeta olvidado.
Aislado.
Cubierto por una bruma de ceniza bajo la que la humanidad ha olvidado que alguna vez viajó entre las estrellas.
Aquí comienza Llama y Ceniza, una de las series más singulares del Continuus Nexus: cuatro novelas de fantasía oscura que transcurren, en realidad, dentro del mismo Eternum de La Senda de las Estrellas, pero en un mundo tan apartado de las grandes civilizaciones galácticas que su población ha descendido hasta una sociedad de apariencia medieval, feudal y alquímica.
No conocen cuadernas estelares.
No hablan de Exonaves.
No comprenden el metal Exo.
Los restos de las civilizaciones anteriores son piedras sagradas, ruinas, leyendas o milagros.
Las antiguas entidades son dioses.
La tecnología incomprendida se ha convertido en alquimia.
Y los enormes animales que sobreviven desde tiempos remotos son llamados, sencillamente, dragones.
Ese aislamiento convierte a Llama y Ceniza en una pausa deliberada dentro de la inmensidad del Continuus Nexus.
Una pausa en la que el cosmos desaparece detrás de las montañas.
Pero también una pausa engañosa.
Porque entre esas montañas cubiertas de ceniza están naciendo algunos de los conceptos religiosos, místicos, genéticos y militares que miles de años después sostendrán el mundo de La Guerra de los Mil Tronos.
Mundo Ceniza: cuando la ciencia se convierte en mito
Los habitantes de Mundo Ceniza no saben realmente de dónde proceden.
Hablan de los Padres Celestiales.
Conservan historias fragmentarias acerca de quienes descendieron de los cielos.
Utilizan piedras negras y artefactos cuyo verdadero origen se ha perdido.
Construyen su existencia alrededor de antiguas Ciudades Escudo.
Y sobreviven entre montañas, abismos y mares de niebla que han convertido el planeta en un conjunto de pequeñas civilizaciones prácticamente incomunicadas.
Para ellos, el pasado no es Historia.
Es religión.
Los conocimientos heredados han sido deformados durante generaciones hasta convertirse en costumbres, tabúes y supersticiones.
Los alquimistas conservan fragmentos de un saber que ya no entienden completamente.
Los Magus buscan significados ocultos en mapas y ruinas.
Los nobles gobiernan mediante linajes y juramentos.
Las vestales beben elixires para alcanzar estados de percepción que interpretan como comunión divina.
Los dirigibles, las armas de pólvora, los mecanismos y el gas de dragón conviven con castillos, duces, clanes, lanzas y espadas.
No es un mundo medieval porque nunca haya conocido otra cosa.
Es un mundo que ha caído hasta una nueva Edad Media después de olvidar las estrellas.
Ahí reside la verdadera naturaleza de Llama y Ceniza.
La ceniza que cubre el mundo
La ceniza no es únicamente paisaje.
Define la cultura de Mundo Ceniza.
Está en el aire.
En los pulmones.
Sobre los tejados.
En los caminos.
Dentro de las plegarias.
En las supersticiones de los mineros que descienden hacia los enormes cementerios de dragones.
En el polvo que cubre las ciudades muertas.
En la memoria de un planeta que parece incapaz de recordar qué ocurrió realmente con sus antepasados.
Las propias ciudades sobreviven aferradas a las montañas mientras debajo de ellas se extienden regiones donde la visibilidad desaparece y la realidad comienza a volverse incierta.
Los hombres llaman espectros a aquello que se mueve entre la bruma.
Llaman maldición a aquello que no pueden explicar.
Y, cuando los muertos regresan con hambre, apenas les queda otra palabra:
Hambrientos.
Mundo Ceniza parece una tierra de fantasía.
Pero detrás de cada leyenda late el eco de un universo mucho mayor.
Los dragones de Mundo Ceniza
Y sobre todo están los dragones.
No dragones pequeños nacidos para adornar una leyenda.
Los dragones primigenios de Mundo Ceniza son criaturas colosales.
Bestias tan enormes que sobre sus espaldas pueden levantarse plataformas, casas y pequeños asentamientos.
Seres capaces de cruzar las grandes regiones de niebla que separan unas ciudades de otras.
Durante generaciones han sido transporte, refugio, fuente de recursos, instrumento de poder y arma.
Sus huesos alimentan industrias enteras.
De ellos se obtiene el llamado polvo de dragón.
Su gas permite mantener tecnologías que los hombres apenas comprenden.
Su fuego calienta las entrañas de las Ciudades Escudo.
Y su capacidad de vuelo convierte a determinadas estirpes de jinetes en pueblos imprescindibles para la supervivencia.
La alianza entre humanos y dragones tampoco es casual.
Procede de la Primera Sangre, el antiguo linaje que aprendió a establecer un vínculo con estas criaturas y del que descenderán los grandes clanes zíngaros.
Entre ellos se encuentra el clan de la Luna Roja.
Y entre sus dragones permanece una criatura destinada a convertirse en leyenda:
Astarté.
Astarté, la gran dragona negra
Astarté es mucho más que la montura de Django.
Es hogar.
Fortaleza.
Refugio.
Arma.
Memoria.
Cuando Constanza cae, es sobre su gigantesco lomo donde escapan los supervivientes.
Cuando las rutas desaparecen bajo la niebla, son sus alas las que permiten buscar otro futuro.
Cuando los Hambrientos se abalanzan sobre los vivos, su fuego transforma las galerías en infiernos.
El primer libro culmina precisamente con aquella imagen: Constanza hundiéndose entre fuego y ruinas mientras Astarté abre sus inmensas alas negras y arranca a los supervivientes de una ciudad condenada.
Ese dragón que en Llama y Ceniza pertenece todavía al mundo de la leyenda tendrá una descendencia conceptual y militar de enorme importancia.
Miles de años después, el Neoimperio continuará criando dragones de batalla en Mundo Ceniza.
Serán más pequeños que los monstruos primigenios de la época de Clea y Django.
Estarán acorazados.
Serán empleados en campañas militares.
Los montarán guerreros especialmente preparados.
Y se convertirán en uno de los símbolos más aterradores del poder de las Legiones durante La Guerra de los Mil Tronos.
Lo que aquí parece fantasía acabará convertido en doctrina militar imperial.
Django, el Príncipe de los Zíngaros
El vínculo de Astarté con los hombres pasa por Django.
Heredero de la Luna Roja.
Descendiente de la Primera Sangre.
Jinete.
Trovador.
Indisciplinado.
Sensual.
Orgulloso.
Y, bajo todas esas máscaras, uno de los hombres que sostendrán el éxodo de los supervivientes de Constanza.
Django comprende a Astarté de una manera que otros no pueden.
No la gobierna como se gobierna una máquina.
La convence.
La provoca.
La escucha.
Entre ambos existe una relación construida durante generaciones de unión entre la sangre de su clan y aquellas bestias.
Pero Django encuentra algo que resulta todavía más peligroso que un dragón.
Clea.
La hija del Dux.
La muchacha destinada a convertirse en Oráculo de Temis.
La mujer a la que no debería tocar.
Clea: la verdadera protagonista de Llama y Ceniza
Porque el centro último de Llama y Ceniza no son los dragones.
Es Clea.
Cuando comienza la historia todavía es una joven atrapada entre el linaje de su familia y un destino religioso que otros han decidido por ella.
Debe convertirse en vestal.
Debe beber el Elixir.
Debe conservar su pureza.
Debe entregar su existencia a Temis.
Y entonces conoce a Django.
El conflicto podría parecer únicamente sentimental.
No lo es.
El deseo de Clea y su obligación como Oráculo representan en pequeño una batalla infinitamente mayor.
Una guerra que lleva librándose desde mucho antes de que existiera Mundo Ceniza.
La lucha entre el orden y la ruptura.
Entre la contención y el deseo.
Entre Temis y Mefisto.
Entre Exo y Khabal.
Temis y Mefisto: las dos voces
Para los habitantes de Mundo Ceniza, Temis es una diosa.
La Justicia.
La Medida.
La balanza.
La Voz que muestra el camino a las Oráculos.
Mefisto, por el contrario, aparece en sus tradiciones como un nombre prohibido.
El Susurrante.
El Arconte.
Aquello que espera debajo de la ceniza.
Sin embargo, la verdadera naturaleza de ambos pertenece a una capa mucho más profunda del Continuus Nexus.
Temis y Mefisto son entidades arcónticas contrapuestas.
Dos principios enfrentados que los hombres han transformado en religión porque ya no poseen palabras mejores para explicarlos.
Temis representa el Bien entendido no como bondad complaciente, sino como Orden, equilibrio, medida y contención.
Su naturaleza está vinculada al principio Exo.
Mefisto representa su contrario:
el Mal, la locura, el deseo, la ruptura del límite y la corrupción.
Su senda conduce hacia el Khabal.
Temis ordena.
Mefisto seduce.
Temis exige sacrificio.
Mefisto ofrece atajos.
Temis limita el poder.
Mefisto pregunta por qué habría que limitarlo.
Y ambas voces convergen sobre una misma mujer.
Clea.
El primer libro muestra ya ese enfrentamiento cuando el trance de la joven la enfrenta simultáneamente a la presencia oscura de Mefisto y a la figura luminosa de Temis. zSerie7_01_Ceniza de Dragón
Clea entre el Orden y la Locura
A partir de ese momento, Clea deja de limitarse a escuchar una religión.
Escucha dos conciencias.
Temis habla desde la disciplina.
Mefisto desde el deseo.
Una le exige renuncia.
La otra le recuerda que también posee carne.
Una le dice que debe soportar.
La otra le promete que puede tomar.
Ese conflicto atraviesa toda la serie y convierte la relación entre Clea y Django en algo mucho más profundo que una historia de amor imposible.
Si Clea entrega completamente su vida al deseo, puede perder la Voz.
Si renuncia a todo aquello que la mantiene humana, puede acabar convertida únicamente en instrumento de Temis.
Su tragedia consiste en caminar entre ambas fuerzas sin permitir que ninguna termine poseyéndola.
En Corazón de Dragón y Ojos de Dragón, esa tensión ya forma parte de su vida cotidiana: Temis y Mefisto no aparecen como doctrinas abstractas, sino como dos presencias enfrentadas dentro de su conciencia. zSerie7_02_Corazón de Dragón zSerie7_03_Ojos de Dragón
El origen de la Red de Anomalías Conscientes
Esta lucha tendrá consecuencias que Clea todavía no puede imaginar.
Muchísimo después, el canon de La Guerra de los Mil Tronos revelará la verdadera dimensión de su vínculo con Temis y Mefisto.
Las dos entidades terminarán trascendiendo Mundo Ceniza.
Y su conflicto penetrará en la Red de Anomalías del Eternum.
Desde entonces, aquellas rutas dejarán de ser únicamente fenómenos espacio-temporales.
Adquirirán conciencia.
Navegar por ellas significará entrar también en el territorio espiritual de Temis y Mefisto.
Orden y locura.
Exo y Khabal.
Orientación y extravío.
El Navegante ya no combatirá solamente contra distancias imposibles.
Combatirá contra la voluntad de la propia Red.
Así, uno de los elementos fundamentales de la ciencia ficción de La Guerra de los Mil Tronos tiene su raíz en una joven sacerdotisa que vive en un mundo casi medieval, cubierta de ceniza y atormentada porque desea besar a un jinete de dragón.
Ese contraste es uno de los grandes pilares del Continuus Nexus.
La Segunda Madre
Pero Clea todavía tiene reservado un destino mayor.
En las cuatro novelas de Llama y Ceniza ella no conoce a Nimrod.
Ni siquiera sabe que existe.
En otra parte del Eternum, mientras Clea, Django y Astarté luchan por sobrevivir, están ocurriendo los acontecimientos de La Senda de las Estrellas.
Esquilo navega en el Explorador Oscuro.
Mayra busca su origen.
La Semilla Genética de Dave de Orión entra en juego.
Y comienza la convergencia que terminará creando al primer Nimrod.
Las dos series ocurren en paralelo.
Dos historias escritas también en paralelo.
Dos escalas completamente diferentes del mismo universo.
En una, las estrellas.
En otra, la ceniza.
En una, Exonaves y anomalías.
En otra, dragones y ciudades excavadas en montañas.
Pero ambas avanzan hacia el mismo punto.
El final de Llama y Ceniza está en La Senda de las Estrellas
Esta estructura es fundamental para comprender correctamente ambas series.
Llama y Ceniza termina sus cuatro novelas en el año 6033 tras la caída de la Primera Ciudad.
Los supervivientes han escapado de Lutecia.
Sancho y Sandor han quedado atrás para sellar las compuertas y permitir la huida.
Astarté vuelve a elevarse cargando con los vivos.
Bardo ha recuperado mapas y conocimientos antiguos.
Los Menhires de Justicia señalan una ruta.
Y una palabra empieza a repetirse:
Umbral.
Más allá espera la Primera Ciudad.
Entonces termina Alas de Dragón.
Pero no termina realmente Llama y Ceniza.
El propio cuarto volumen advierte expresamente que su continuación se encuentra en el desenlace de El Hereje, cuarto libro de La Senda de las Estrellas.
Allí, un año después, las dos narraciones finalmente chocan.
Mayra llega a Mundo Ceniza
En el capítulo final de El Hereje, Mayra despierta en Mundo Ceniza.
Ha escapado del desastre de Pérgamo.
Está herida.
Desorientada.
Y sigue embarazada.
Ha cruzado un Portal de Vacío y ha llegado hasta un mundo cuya civilización no tiene conocimiento alguno de la guerra estelar que acaba de dejar atrás.
No encuentra al Explorador Oscuro.
No encuentra a Esquilo.
Encuentra ceniza.
Y dos personas.
Clea.
Django.
Ese instante es el verdadero punto de unión entre La Senda de las Estrellas y Llama y Ceniza.
Las estrellas alcanzan por fin el mundo que las había olvidado.
Mayra, la Primera Madre
El niño que Mayra lleva en su vientre no es un humano ordinario.
En él convergen algunas de las líneas genéticas fundamentales de todo el Continuus Nexus.
La esencia primigenia de Mayra.
El linaje de Sael transmitido por Esquilo.
La Semilla Genética de Dave de Orión.
Las Tres Semillas.
Su hijo será el primer Nimrod.
Un ser sobrehumano.
La criatura humana más poderosa conocida de aquel ciclo del Continuus Nexus.
El origen de una estirpe genética que, miles de años después, gobernará el Neoimperio.
Pero Mayra no sobrevivirá a su nacimiento.
La mujer que el futuro conocerá como la Primera Madre desaparecerá.
Y alguien deberá hacerse cargo del niño.
Clea, la Segunda Madre
Esa mujer será Clea.
La Oráculo.
La sacerdotisa de Temis.
La muchacha que escuchó durante años a dos entidades enfrentadas y aprendió a caminar entre ambas sin entregar completamente su voluntad a ninguna.
Clea adoptará al primer Nimrod después de la muerte de Mayra.
Lo protegerá.
Lo criará.
Y se convertirá en la Segunda Madre.
En ese instante, Llama y Ceniza deja de ser únicamente la historia de un mundo perdido.
Se convierte en una de las grandes narraciones fundacionales del Neoimperio.
Clea terminará transformada por la memoria posterior.
De mujer a mito.
De mito a figura sagrada.
De figura sagrada a Santa Clea.
La Segunda Madre.
La protectora del niño del que descenderán los Emperadores-Profeta.
El poder de Nimrod sobre la Red
Y todavía existe otra herencia.
Clea no entrega simplemente refugio al primer Nimrod.
Su relación con Temis y Mefisto la sitúa en el centro del acontecimiento que transformará la Red de Anomalías.
Cuando las dos entidades trasciendan Mundo Ceniza, su oposición quedará inscrita en esas rutas.
La Red adquirirá conciencia.
Y el primer Nimrod heredará un vínculo con ese nuevo orden.
La criatura nacida de la convergencia genética más extraordinaria del Continuus Nexus quedará así conectada también a una herencia espiritual.
Carne y Exo.
Genética y mito.
Ciencia y religión.
Temis y Mefisto.
Orden y locura.
Ese es el verdadero poder que nace en Mundo Ceniza.
No un hechizo medieval.
No una bendición sin causa.
Sino una nueva relación entre conciencia, genética y estructura espacio-temporal cuyas consecuencias atravesarán milenios.
De los dragones de Astarté a las Legiones del Neoimperio
Lo mismo ocurrirá con los dragones.
En la época de Clea, los dragones son reliquias vivientes.
Criaturas gigantescas ligadas mediante sangre a determinados clanes.
Astarté pertenece a una edad en la que un dragón puede transportar sobre su espalda una pequeña comunidad.
Miles de años después, Mundo Ceniza continuará siendo el único lugar capaz de sostener su reproducción.
Pero el Neoimperio ya no los contemplará como animales sagrados.
Los convertirá en armas.
Los futuros dragones de batalla serán criados, seleccionados, acorazados y desplegados por las Legiones.
Serán más pequeños que los dragones primigenios.
Pero seguirán llevando en su carne el legado de Mundo Ceniza.
Una tradición militar futura nace aquí, mucho antes de que exista el ejército que terminará utilizándola.
Los Hambrientos y el horror bajo la ceniza
El mundo tampoco está vacío.
Debajo de las ciudades existen los Hambrientos.
Al principio son rumores.
Ojos entre la niebla.
Voces.
Arañazos.
Sangre que se ennegrece.
Después llegan los cuerpos.
Aprenden.
Imitan.
Observan.
Los supervivientes descubren progresivamente algo peor que un monstruo:
una inteligencia que aprende sus costumbres.
Las ciudades dejan de ser refugios y comienzan a parecer organismos enfermos.
Las puertas responden.
Los túneles respiran.
Las voces de los muertos regresan desde lugares donde no debería existir nadie.
Y cada regla de supervivencia —los tres golpes, el silencio, no ofrecer el cuarto— nace porque alguien ha pagado con sangre por aprenderla.
La fantasía de Llama y Ceniza nunca abandona así el horror cósmico del Continuus Nexus.
Solo cambia su lenguaje.
Las Ciudades Escudo
Constanza representa el viejo mundo.
Jerarquías.
Nobles.
Alquimistas.
Templos.
Mineros.
Clanes.
Mercados.
Dragones confinados en enormes Pozos.
Todo parece sólido.
Hasta que deja de serlo.
La caída de Constanza rompe esa seguridad y transforma la serie en una historia de éxodo.
Los supervivientes alcanzan después Lutecia.
Pero Lutecia no es salvación.
Es silencio.
Una ciudad aparentemente abandonada en la que las piedras parecen recordar a quienes desaparecieron.
Los personajes deben volver a levantar un orden mínimo.
Raciones.
Guardias.
Pactos.
Disciplina.
Y, sobre todo, aprender a escuchar.
En ese proceso Clea deja definitivamente de ser la hija de un Dux.
Se convierte en guía.
Bardo, los Magus y la búsqueda de la Primera Ciudad
Otro hilo fundamental pertenece a Bardo.
Mientras otros buscan comida o refugio, Bardo busca conocimiento.
Mapas.
Piedras.
Ritmos.
Menhires.
Vestigios de los Magus.
La legendaria Primera Ciudad.
Su obsesión introduce otra de las preguntas esenciales de la serie:
¿qué ocurre cuando una civilización decadente comienza a descubrir que sus mitos fueron reales?
Los mapas hablan del Umbral.
Las piedras marcan caminos.
Las antiguas estructuras responden a patrones que los hombres habían confundido con rituales.
Lo que parece magia comienza lentamente a revelar una arquitectura anterior.
El Mundo Ceniza posee un pasado mucho más grande que sus habitantes.
Bardo es uno de los primeros que intenta desenterrarlo.
Y esa curiosidad tendrá consecuencias que llegarán mucho más allá de su propia vida.
Cuatro novelas, una única historia
Ceniza de Dragón presenta Constanza, sus castas, los mineros de hueso, los Alquimistas, los zíngaros, los dragones y el culto de Temis. Clea se convierte en Oráculo, conoce las dos presencias que marcarán su vida y comienza su relación imposible con Django. La irrupción de los Hambrientos destruye el orden existente y obliga a los supervivientes a escapar sobre Astarté.
Corazón de Dragón convierte el éxodo en supervivencia. Los fugitivos alcanzan Lutecia, una ciudad muerta que conserva alimentos, ruinas y secretos, pero también algo que continúa respirando debajo de sus calles. Clea aprende a vivir entre las voces de Temis y Mefisto mientras Bardo comienza a reconstruir antiguos caminos.
Ojos de Dragón profundiza en el precio del deseo, el deber y la supervivencia. Los Hambrientos comienzan a mostrar una capacidad inquietante para aprender. Las piedras, los mapas y los rituales dejan entrever una tecnología olvidada bajo siglos de interpretación religiosa. Clea continúa resistiendo la batalla interior entre Orden y Locura mientras Django y Astarté sostienen el vínculo humano de la historia.
Alas de Dragón culmina la huida de Lutecia. El enemigo ha aprendido demasiado. Las defensas se quiebran. Sancho y Sandor pagan el precio de sellar las puertas desde dentro, mientras los demás vuelven al cielo sobre Astarté. Los Menhires de Justicia, los mapas de los Magus y el Umbral conducen a los supervivientes hacia la Primera Ciudad.
Y entonces la serie se detiene.
Porque su verdadero desenlace está ocurriendo al mismo tiempo entre las estrellas.
El cuarto libro lo establece expresamente: la historia continúa y ambas series se unen finalmente con El Hereje. zSerie7_04_Alas de Dragón
Una fantasía medieval dentro de una ópera espacial
Ese es el gran engaño de Llama y Ceniza.
Puede leerse como fantasía oscura.
Tiene dragones.
Dioses.
Profecías.
Nobles.
Ciudades fortificadas.
Alquimistas.
Sacerdotisas.
Clanes.
Monstruos.
Pero el lector del Continuus Nexus sabe que está observando otra cosa.
Está viendo el futuro remoto de una civilización que ha olvidado su pasado tecnológico.
Lo sobrenatural y lo científico ya no pueden distinguirse porque los personajes carecen del conocimiento necesario para establecer la frontera.
Temis es una diosa hasta que comprendemos qué es Temis.
Mefisto es un demonio hasta que comprendemos qué es Mefisto.
Las piedras son mágicas hasta que alguien aprende a escucharlas.
Los Padres Celestiales son mitología hasta que las estrellas regresan.
Y la Primera Ciudad es una leyenda hasta que el pasado comienza a despertar.
El origen oculto de La Guerra de los Mil Tronos
Por eso Llama y Ceniza resulta imprescindible para comprender la dimensión profunda de La Guerra de los Mil Tronos.
Aquí nacen o se consolidan conceptos que en la saga futura estarán cubiertos por miles de años de religión, propaganda, tradición y memoria fragmentada.
Aquí está Clea antes de convertirse en Santa Clea.
Aquí está la Segunda Madre antes de conocer al niño.
Aquí están los dragones antes de convertirse en armas del Neoimperio.
Aquí están Temis y Mefisto antes de fundirse con la consciencia de la Red de Anomalías.
Aquí están las antiguas reglas, los cultos, los Magus y las ruinas de Mundo Ceniza antes de ser reducidos a fragmentos de códice.
Y aquí está Django antes de convertirse en leyenda.
El lector contempla personas.
La Historia futura recordará símbolos.
Llama y Ceniza dentro del Continuus Nexus
La Senda de las Estrellas enseña la inmensidad del Eternum.
Llama y Ceniza hace exactamente lo contrario.
Reduce toda aquella inmensidad a una montaña.
A una ciudad.
A una familia.
A una mujer.
A un dragón.
Y precisamente por eso permite comprenderla mejor.
Durante cuatro novelas desaparecen las grandes flotas y los imperios galácticos.
El conflicto Exo-Khabal se convierte en dos voces dentro de la cabeza de Clea.
La Red de Anomalías todavía no es un mapa: es una promesa futura.
El origen del Neoimperio todavía no es una genealogía: es una mujer embarazada perdida en otra parte del cosmos.
Los dragones de batalla todavía no son regimientos: son Astarté protegiendo con un ala a quienes lleva sobre el lomo.
Y el primer Nimrod todavía no es Emperador-Profeta.
Ni siquiera ha nacido.
Ese es el verdadero propósito de Llama y Ceniza.
Hacer descender el Continuus Nexus de las estrellas.
Hundirse bajo la ceniza.
Recordar que antes de convertirse en religión, todo mito tuvo carne.
Que antes de convertirse en emperador, todo dios fue un niño.
Y que antes de que el Neoimperio aprendiera a dominar el Eternum, una mujer llamada Clea tuvo que aprender a escuchar simultáneamente las voces del Orden y de la Locura sin dejar de ser humana.
